Ya sé que con ese título más de uno creerá que se trata de un castigo a alguna de mis hijas, que no es que no lo merezcan a cada segundo , pero, en este caso, no va de eso el asunto.
La castigada fuí yo, por haberme gastado una cantidad del patrimonio familiar en comprarme trapos, cuyas tallas, encima de todo, difieren de las correctas (juro que nunca en mi vida había estado tan descentrada, yo era una persona muy tranquila, con una vida llena de orden y serenidad...).
Cuando por fin me acosté, la mediana, que había hablado toda la tarde de un dolor de barriga, pero eso sí, no había rechazado la cena, por si acaso; comenzó con una retahíla de quejidos y llamadas a mamá, que culminaron llevándomela a la cama, acomodándose a mi lado a su modo: tú sobras.
Aunque no tardó en solicitar una nueva ubicación: el WC, al que nos dirigimos con el único objetivo de pegar la potada del año: arcada tras arcada, la criatura expulsó gran cantidad de material naranja (crema de zanahoria, Bifrutas Mediterráneo?...). Entonces, comenzó con molestias faríngeas, queriendo beber agua a cada momento, retrasando, de este modo tan sencillo, la posibilidad de poder dormirme de una vez.
Por qué no teníamos Motilium o similar en casa?. Pues muy sencillo, el día de la señora del charco, no había dicho antiemético en la Farmacia, que como las cosas están fatales, nunca tienen de nada si no lo piden al almacén, y yo no estoy para volver a todas horas... Claro que si lo llego a saber hubiera vuelto.
Bien, pues sin medicación, con la luz encendida, y mientras la hermana tosía, y de paso el hermano hacía pis, esperé a que cerrara los ojos para hacer yo lo propio, apagando la luz, momento en el cual, sintió la necesidad de hacer pis y según ella caca, que al final no hizo.
De nuevo a la cama, 4 intento del día señoras y señores, a todo esto, yo , cada vez más demacrada, sin verle la punta al lápiz, o la salida al túnel.
Después de taparse y destaparse más de 37,5 veces, se durmió (2 de la mañana?), y a las seis, el hermano ha creído conveniente despertarme, para que lo asistiera .
Creo que lo he convencido de una hora más de cama, porque no ha vuelto en ese rato, pero a las siete, como siempre, todos desayunando, con la cama de la pequeña meada, para que no se me olvide trabajar a destajo desde bien temprano. Cómo me gusta estar de vacaciones...
lunes, 13 de febrero de 2017
domingo, 14 de julio de 2013
La pedrá
Infinidad de cosas ocurren diariamente, pero sería del todo imposible escribirlas, sopena de no dedicarme a otra cosa, (que si tuviera un saco de riqueza inagotable, no me importaría)...
El caso es que, penosamente, no he escrito nada desde Mayo, lo que puede hacer creer engañosamente a la audiencia, que no ha sucedido nada desde entonces.
Retomo, por lo tanto, la trama de la historia, desde un día cualquiera de nuestras vacaciones de Julio.
Conseguimos llegar todos a la playa, tras un rato bastante considerable de malentendidos y elevaciones de tono de voz entre los miembros de nuestro núcleo familiar.
El padre y, los tres, diré genízaros, se lanzan al agua sin detectar temperatura ni organismos colindantes, y yo, mucho más prudente y amante del agua hirviendo, quedo rezagada.
Una adorable parejita de ancianos, planta su tenderete delante nuestra, y, tras un rato de contemplación, me dice la viejita: podría darle a usted su marido unos kilitos...
Mi primera idea fué pensar en Torrente, que en esta ocasión y en otra cualquiera, le hubiera dicho a la amable anciana: váyase usted a la mierda, señora. Pero mi recato y habitual dominio de la cortesía, me impide hablar así con casi nadie. Por lo que tras una breve charla, quedamos tan amigas, tras comprender que yo no quería ningún kilo de nadie, que ya me bastaba con los míos, ganados con el esfuerzo de los años...
Aparece en escena la víctima, (tras una hora y media previa de baño e interacción con el ambiente por nuestra parte), un niño de unos cinco años , habitual de la playa los años que vamos viniendo al sitio, con cuya madre, cruzamos siempre alguna palabras.
Decido irme a casa a preparar la comida, mientras los demás, "disfrutan" de su estancia en la playa.
Desde la cocina, antes de tener tiempo de preparar nada, se oyen los gritos del padre hacia sus pupilos por la calle, como todos los días (los vecinos en algún momento han debido pensar en un asesino a sueldo, pero no les debe dar para tanto la cuota de la escalera...).
Contra todo pronóstico el mayor no ha sido hoy el culpable. La mediana, de cabello rubio con mechas por el sol, preciosos ojos verdes cual esmeralda, y cariñosa sonrisa, le ha asestado al vecinito una pedrada en toda la cabeza, tras lo cual, hubo que salir huyendo de la playa, en espera de que aunque el niño seguía llorando tras enjuagarse todos los pies en las duchas del ayuntamiento, la madre lo olvidara todo de un día para otro, para no tener que abandonar definitivamente el lugar de baño cercano al domicilio, por ahora todavía habitual en nuestro mes de veraneo.
El caso es que, penosamente, no he escrito nada desde Mayo, lo que puede hacer creer engañosamente a la audiencia, que no ha sucedido nada desde entonces.
Retomo, por lo tanto, la trama de la historia, desde un día cualquiera de nuestras vacaciones de Julio.
Conseguimos llegar todos a la playa, tras un rato bastante considerable de malentendidos y elevaciones de tono de voz entre los miembros de nuestro núcleo familiar.
El padre y, los tres, diré genízaros, se lanzan al agua sin detectar temperatura ni organismos colindantes, y yo, mucho más prudente y amante del agua hirviendo, quedo rezagada.
Una adorable parejita de ancianos, planta su tenderete delante nuestra, y, tras un rato de contemplación, me dice la viejita: podría darle a usted su marido unos kilitos...
Mi primera idea fué pensar en Torrente, que en esta ocasión y en otra cualquiera, le hubiera dicho a la amable anciana: váyase usted a la mierda, señora. Pero mi recato y habitual dominio de la cortesía, me impide hablar así con casi nadie. Por lo que tras una breve charla, quedamos tan amigas, tras comprender que yo no quería ningún kilo de nadie, que ya me bastaba con los míos, ganados con el esfuerzo de los años...
Aparece en escena la víctima, (tras una hora y media previa de baño e interacción con el ambiente por nuestra parte), un niño de unos cinco años , habitual de la playa los años que vamos viniendo al sitio, con cuya madre, cruzamos siempre alguna palabras.
Decido irme a casa a preparar la comida, mientras los demás, "disfrutan" de su estancia en la playa.
Desde la cocina, antes de tener tiempo de preparar nada, se oyen los gritos del padre hacia sus pupilos por la calle, como todos los días (los vecinos en algún momento han debido pensar en un asesino a sueldo, pero no les debe dar para tanto la cuota de la escalera...).
Contra todo pronóstico el mayor no ha sido hoy el culpable. La mediana, de cabello rubio con mechas por el sol, preciosos ojos verdes cual esmeralda, y cariñosa sonrisa, le ha asestado al vecinito una pedrada en toda la cabeza, tras lo cual, hubo que salir huyendo de la playa, en espera de que aunque el niño seguía llorando tras enjuagarse todos los pies en las duchas del ayuntamiento, la madre lo olvidara todo de un día para otro, para no tener que abandonar definitivamente el lugar de baño cercano al domicilio, por ahora todavía habitual en nuestro mes de veraneo.
lunes, 13 de mayo de 2013
Lola ha muerto de nuevo.
No sería justo ignorar la muerte de la segunda roedora, cuando el éxitus de la primera, ocasionó gran parte de la idea de este blog.
Por ello, pasaré a relatar este reciente fallecimiento.
Era una mañana del mes de Mayo, mes de las flores, las comuniones, algunas bodas, y, en este caso, algún que otro óbito, cuando, al salir a limpiar el patio , lo que denominaríamos asistenta (de la cual se podrían escribir cientos de capítulos paralelos...), detectó un olor extraño, algo rancio, y decidió ubicar la causa, buscando primero en la jaula de canarios y jilgueros, que han sufrido numerosas bajas este invierno, por culpa de Neumonías u otras enfermedades , llevándose por delante más de la mitad de la población ( de lo cual, no me quejo, si he de ser sincera...).
Acto seguido, y tras comprobar que estaban todos en sus posiciones habituales, movió la jaula de la preciada hámster, y empezó a llamarla por su nombre: Lola, Lolita, Lola... pero la Lola no respondió, porque debía llevar tiesa bastantes horas.
Agradezco no haberla visto por estar trabajando, porque ya tuve bastante con ver a la primera, tan disecada ella, y es mejor recuerdo que esta, que ya estaba en estado de descomposición aparente...
Me queda la conciencia bien tranquila, puesto que yo no he tenido culpa alguna en esta ocasión, porque ni le daba el sol, ni le faltaba agua o comida.
El meollo de la cuestión llega así como cuatro o cinco días después, cuando la mediana descubre que su Lolita ya no estaba entre nosotros, y decide llorar a moco tendido, sin tener claro la localización de su ratita. Es entonces cuando su hermana pequeña, la de cuatro años y carita de ángel le dijo: ¡que está muerta, pringá!.
El mayor, intentó consolar a la interfecta diciéndole que estaría en el cielo, con las estrellas, pero la pequeña , en un alarde de realismo extremo, insistió en dejarle las cosas claras y añadió a la conversación entre hermanos: no está en el cielo, ¡los muertos están en el cementerio!.
No digo yo que no tenga razón en sus afirmaciones, pero con su edad, tal vez debería ser algo más tierna.
Me da la impresión de que aquellos que se interpongan en el camino de mi nenita lo van a tener pero que muy crudo.
Por ello, pasaré a relatar este reciente fallecimiento.
Era una mañana del mes de Mayo, mes de las flores, las comuniones, algunas bodas, y, en este caso, algún que otro óbito, cuando, al salir a limpiar el patio , lo que denominaríamos asistenta (de la cual se podrían escribir cientos de capítulos paralelos...), detectó un olor extraño, algo rancio, y decidió ubicar la causa, buscando primero en la jaula de canarios y jilgueros, que han sufrido numerosas bajas este invierno, por culpa de Neumonías u otras enfermedades , llevándose por delante más de la mitad de la población ( de lo cual, no me quejo, si he de ser sincera...).
Acto seguido, y tras comprobar que estaban todos en sus posiciones habituales, movió la jaula de la preciada hámster, y empezó a llamarla por su nombre: Lola, Lolita, Lola... pero la Lola no respondió, porque debía llevar tiesa bastantes horas.
Agradezco no haberla visto por estar trabajando, porque ya tuve bastante con ver a la primera, tan disecada ella, y es mejor recuerdo que esta, que ya estaba en estado de descomposición aparente...
Me queda la conciencia bien tranquila, puesto que yo no he tenido culpa alguna en esta ocasión, porque ni le daba el sol, ni le faltaba agua o comida.
El meollo de la cuestión llega así como cuatro o cinco días después, cuando la mediana descubre que su Lolita ya no estaba entre nosotros, y decide llorar a moco tendido, sin tener claro la localización de su ratita. Es entonces cuando su hermana pequeña, la de cuatro años y carita de ángel le dijo: ¡que está muerta, pringá!.
El mayor, intentó consolar a la interfecta diciéndole que estaría en el cielo, con las estrellas, pero la pequeña , en un alarde de realismo extremo, insistió en dejarle las cosas claras y añadió a la conversación entre hermanos: no está en el cielo, ¡los muertos están en el cementerio!.
No digo yo que no tenga razón en sus afirmaciones, pero con su edad, tal vez debería ser algo más tierna.
Me da la impresión de que aquellos que se interpongan en el camino de mi nenita lo van a tener pero que muy crudo.
jueves, 25 de abril de 2013
Sin Chino
Una, procura dar oportunidades a sus hijos para que no sean unos negados sociales, y para que encuentren trabajo en algún momento de sus vidas, cada vez más difícil últimamente, gracias a la Alemania grasienta y sus esbirros diarréicos mentales de la Europa restante; pero ellos se esfuerzan grandemente en alejarse de las mismas.
Procedo a transcribir las observaciones de las notas de Chino del segundo trimestre de mis dos hijos mayores:
La nena: Muchos días, no quiere venir a clase de Chino. Al principio de la clase, cuando los niños van al baño y preparan sus estuches, tarda 15 ó 20 minutos a menudo. En las clases, coge cosas de otros alumnos sin permiso, no presta atención, y por eso, necesito explicar nuestras actividades varias veces, malgastando el tiempo. Casi nunca hace los deberes, ni trae sus propios papeles o lápices. Su comportamiento en clase es muy malo.
El nene : Aunque el niño es inteligente y recuerda lo que aprendemos en clase, su comportamiento es malísimo. Muchas veces, ha venido tarde al aula, no empieza su trabajo cuando empezamos la clase, y está jugando o bailando cuando debe trabajar. Empuja y pega a otros alumnos con frecuencia.Varias veces ha sacado cosas de la basura y las ha tirado a otros compañeros. En general, no participa bien en la clase, y con sus acciones hace que los otros alumnos no puedan concentrarse y aprender. El día 1 de Marzo, sacó su pene y bailó encima de una silla.
Creo que sobran los comentarios que pretendan reflexionar ni lo más mínimo, de modo, que, tras la lectura de tan magníficas anotaciones, y habiendo comprendido con inmensa claridad que los nenitos no querían asimilar el idioma de la prosperidad, decidimos unánimemente, que dejaríamos pasar nuestro preciado interés por el aprendizaje de los infantes para el año que viene, o cualquier otro año en el que recuperen la cordura y sean conscientes del beneficio.
Procedo a transcribir las observaciones de las notas de Chino del segundo trimestre de mis dos hijos mayores:
La nena: Muchos días, no quiere venir a clase de Chino. Al principio de la clase, cuando los niños van al baño y preparan sus estuches, tarda 15 ó 20 minutos a menudo. En las clases, coge cosas de otros alumnos sin permiso, no presta atención, y por eso, necesito explicar nuestras actividades varias veces, malgastando el tiempo. Casi nunca hace los deberes, ni trae sus propios papeles o lápices. Su comportamiento en clase es muy malo.
El nene : Aunque el niño es inteligente y recuerda lo que aprendemos en clase, su comportamiento es malísimo. Muchas veces, ha venido tarde al aula, no empieza su trabajo cuando empezamos la clase, y está jugando o bailando cuando debe trabajar. Empuja y pega a otros alumnos con frecuencia.Varias veces ha sacado cosas de la basura y las ha tirado a otros compañeros. En general, no participa bien en la clase, y con sus acciones hace que los otros alumnos no puedan concentrarse y aprender. El día 1 de Marzo, sacó su pene y bailó encima de una silla.
Creo que sobran los comentarios que pretendan reflexionar ni lo más mínimo, de modo, que, tras la lectura de tan magníficas anotaciones, y habiendo comprendido con inmensa claridad que los nenitos no querían asimilar el idioma de la prosperidad, decidimos unánimemente, que dejaríamos pasar nuestro preciado interés por el aprendizaje de los infantes para el año que viene, o cualquier otro año en el que recuperen la cordura y sean conscientes del beneficio.
miércoles, 6 de febrero de 2013
La llamada
Me quedé sin detallar, en anteriores entregas, cómo me había erosionado varios dedos de las manos. Procederé a explicarlo, para rellenar la historia de hoy de un modo u otro...
Todo comenzó con un arrebato de limpieza extrema. Harta del desorden que reina en mi vida, y sin reparar en ningún tipo de reflexión, me dirigí agresivamente hacia el trastero, y comencé a llenar de pesados botes con muestras de pinturas secas ( o eso creía yo, al menos) una gran bolsa de plástico, y, justo antes de ir al cole a por los niños, salí a la calle con la bolsanca de jardín repleta de material pictórico.
La desgracia acaeció cuando, al doblar la esquina, dirección contenedor, el plástico se desfondó, cayendo todos los tarros rotos al suelo, estableciéndose una argamasa pringosa de diferentes tonalidades, que se expandía por las losas propiedad de nuestro querido ayuntamiento.
Podría, y debería haber huído, pero, quiso el destino, que un vecino, habitual del traje chaqueta, la seriedad extrema, y la dificultad en el saludo, saliera en esos momentos de su vivienda , descubriendo, sin demasiado entusiasmo, el tinglado que yo acababa de organizar.
Pudo irse, pero le superó la humanidad, y, decidió ir a su casa para traerme una caja de cartón (aprovecho para saludar al indigente de Águilas), en la que , con bolsas de plástico, comenzamos a echar todos los cristales, y restos de pintura. He ahí que comencé a clavarme pequeños pedazos de cristales por las manos, pero, observando al vecino, en cuclillas, enseñando cual obrero zonas que oculta normalmente su correcta y educada vestimenta, proseguí con mi misión sin rechistar.
Lo peor fué llegar a casa e indicar lo que había ocurrido, con la prisa que había en ir al colegio, habiendo quedando todo el pavimento lleno de pinturas múltiples.
Mi marido, acostumbrado a su (sólo a veces) desequilibrada esposa, salió raudo a la calle fregona y cubo en mano, cual príncipe de cuento de hadas (bueno, no sé si de hadas...) para intentar disimular lo máximo posible, el ataque cruento al mobiliario municipal, consiguiendo, en un tiempo récord, un aspecto de las losas más que inmejorable.
Llegamos justos a por los nenes, y todo quedó resuelto y casi olvidado para siempre.
No he vuelto a cruzarme con el vecino, pero estoy segura de que ahora sí que no me saludará.
Aunque el verdadero motivo de la historia de hoy ha sido una llamada telefónica.
Después de dos días de encontrar en el móvil silenciado, unas llamadas de un 91..., hoy, por fin lo cojo, y oigo a un hispano varón: ¿Vanessa?. Por supuesto, yo no conocía a esa señora o señorita, y entonces, me ha dicho, que daba igual, que se había equivocado, porque quería hablar conmigo.
Pertenecía a no se qué agencia y me ha ofrecido cuatro noches de hotel gratis . A mí no me interesaba el asunto, y aún estando saliente de guardia, no he visto viable que nadie me diera nada gratis, y le he dicho sin pensármelo: para poder ir a un hotel, ¡tendría que matar a toda mi familia!.
Después, me ha parecido algo excesivo, pero el muchacho ha seguido hablando sin inmutarse, teniendo que indicarle que no, muy amablemente, procediendo a colgar el teléfono.
Si a mí me dijeran eso, dejaría de insistir, pero estos profesionales del teléfono, están dispuestos a todo, y hasta me ha comentado después que tenía todo el año para usar los bonos ( si estoy en la cárcel, por asesinato múltiple, debería darme más margen ...). Creo que escogen a gente modificada genéticamente y los esclavizan al teléfono, con frases estereotipadas , sin escuchar lo que dicen sus adversarios.
En fin, voy a dormir un rato.
Todo comenzó con un arrebato de limpieza extrema. Harta del desorden que reina en mi vida, y sin reparar en ningún tipo de reflexión, me dirigí agresivamente hacia el trastero, y comencé a llenar de pesados botes con muestras de pinturas secas ( o eso creía yo, al menos) una gran bolsa de plástico, y, justo antes de ir al cole a por los niños, salí a la calle con la bolsanca de jardín repleta de material pictórico.
La desgracia acaeció cuando, al doblar la esquina, dirección contenedor, el plástico se desfondó, cayendo todos los tarros rotos al suelo, estableciéndose una argamasa pringosa de diferentes tonalidades, que se expandía por las losas propiedad de nuestro querido ayuntamiento.
Podría, y debería haber huído, pero, quiso el destino, que un vecino, habitual del traje chaqueta, la seriedad extrema, y la dificultad en el saludo, saliera en esos momentos de su vivienda , descubriendo, sin demasiado entusiasmo, el tinglado que yo acababa de organizar.
Pudo irse, pero le superó la humanidad, y, decidió ir a su casa para traerme una caja de cartón (aprovecho para saludar al indigente de Águilas), en la que , con bolsas de plástico, comenzamos a echar todos los cristales, y restos de pintura. He ahí que comencé a clavarme pequeños pedazos de cristales por las manos, pero, observando al vecino, en cuclillas, enseñando cual obrero zonas que oculta normalmente su correcta y educada vestimenta, proseguí con mi misión sin rechistar.
Lo peor fué llegar a casa e indicar lo que había ocurrido, con la prisa que había en ir al colegio, habiendo quedando todo el pavimento lleno de pinturas múltiples.
Mi marido, acostumbrado a su (sólo a veces) desequilibrada esposa, salió raudo a la calle fregona y cubo en mano, cual príncipe de cuento de hadas (bueno, no sé si de hadas...) para intentar disimular lo máximo posible, el ataque cruento al mobiliario municipal, consiguiendo, en un tiempo récord, un aspecto de las losas más que inmejorable.
Llegamos justos a por los nenes, y todo quedó resuelto y casi olvidado para siempre.
No he vuelto a cruzarme con el vecino, pero estoy segura de que ahora sí que no me saludará.
Aunque el verdadero motivo de la historia de hoy ha sido una llamada telefónica.
Después de dos días de encontrar en el móvil silenciado, unas llamadas de un 91..., hoy, por fin lo cojo, y oigo a un hispano varón: ¿Vanessa?. Por supuesto, yo no conocía a esa señora o señorita, y entonces, me ha dicho, que daba igual, que se había equivocado, porque quería hablar conmigo.
Pertenecía a no se qué agencia y me ha ofrecido cuatro noches de hotel gratis . A mí no me interesaba el asunto, y aún estando saliente de guardia, no he visto viable que nadie me diera nada gratis, y le he dicho sin pensármelo: para poder ir a un hotel, ¡tendría que matar a toda mi familia!.
Después, me ha parecido algo excesivo, pero el muchacho ha seguido hablando sin inmutarse, teniendo que indicarle que no, muy amablemente, procediendo a colgar el teléfono.
Si a mí me dijeran eso, dejaría de insistir, pero estos profesionales del teléfono, están dispuestos a todo, y hasta me ha comentado después que tenía todo el año para usar los bonos ( si estoy en la cárcel, por asesinato múltiple, debería darme más margen ...). Creo que escogen a gente modificada genéticamente y los esclavizan al teléfono, con frases estereotipadas , sin escuchar lo que dicen sus adversarios.
En fin, voy a dormir un rato.
sábado, 29 de diciembre de 2012
El negocio
He descubierto una cuartilla donde el mayor había escrito lo siguiente:
"Nombre de un niño"(no menciono nombres, para mantener la identidad secreta de todos los integrantes de las historias, como en Los Increíbles):
Tu trabajo será: traer botones y decir: botones en caja, por dos con treinta euros. También traer cajas de zapatos y cajas de botones vacías.
Firma del empresario Firma del empleado
Firma aquí...
Ante tal hallazgo, lo he llamado a declarar, para que me explicara, de modo que yo comprendiera, qué significaba semejante contrato.
Mientras me quito la tirita del dedo menique, porque me he cortado esta tarde con unos cristales, hecho que será motivo de la próxima historia, os introduzco algo en el tema de los botones, para que la trama que nos acontece se comprenda en todo su esplendor.
El profesor, les hizo llevar botones a clase, exactamente veinte cada uno, para decorar una postal de Navidad que tras rellenarla con preciosos pensamientos, luego siempre incumplidos, entregarían a los padres, al finalizar las clases y comenzar las preciadas "Vacaciones de Navidad"( ya sabemos preciadas para quién...).
Pues bien, aquí el Amancio Ortega dos, vió enseguida una oportunidad de oro, y se hizo con una gran cantidad de botones, donadas por los demás niños, espero que de modo bastante voluntario...
Seguidamente, los contrató mediante el documento arriba transcrito, y hasta les hizo una tarjeta de empleado a cada uno, consiguiendo que vendieran sus propios botones y le dieran a él el dinero, exactamente dos con cinco euros que tiene , según argumenta, en su pupitre.
En resumen, logra atesorar un montón de botones gratis, los clasifica, porque además cada tamaño tenía un precio, y los más grandes y "alucinantes" (según sus propias palabras), valían a un euro; contrata a varios empleados, consigue que le vendan los botones, y el tío se saca dos euros y medio, y todos tan contentos...Además, recuerda a la perfección los nombres de los incautos compradores.
Realmente me queda la duda de si debo corregirlo, o esperar a que me retire, que nunca se sabe...
"Nombre de un niño"(no menciono nombres, para mantener la identidad secreta de todos los integrantes de las historias, como en Los Increíbles):
Tu trabajo será: traer botones y decir: botones en caja, por dos con treinta euros. También traer cajas de zapatos y cajas de botones vacías.
Firma del empresario Firma del empleado
Firma aquí...
Ante tal hallazgo, lo he llamado a declarar, para que me explicara, de modo que yo comprendiera, qué significaba semejante contrato.
Mientras me quito la tirita del dedo menique, porque me he cortado esta tarde con unos cristales, hecho que será motivo de la próxima historia, os introduzco algo en el tema de los botones, para que la trama que nos acontece se comprenda en todo su esplendor.
El profesor, les hizo llevar botones a clase, exactamente veinte cada uno, para decorar una postal de Navidad que tras rellenarla con preciosos pensamientos, luego siempre incumplidos, entregarían a los padres, al finalizar las clases y comenzar las preciadas "Vacaciones de Navidad"( ya sabemos preciadas para quién...).
Pues bien, aquí el Amancio Ortega dos, vió enseguida una oportunidad de oro, y se hizo con una gran cantidad de botones, donadas por los demás niños, espero que de modo bastante voluntario...
Seguidamente, los contrató mediante el documento arriba transcrito, y hasta les hizo una tarjeta de empleado a cada uno, consiguiendo que vendieran sus propios botones y le dieran a él el dinero, exactamente dos con cinco euros que tiene , según argumenta, en su pupitre.
En resumen, logra atesorar un montón de botones gratis, los clasifica, porque además cada tamaño tenía un precio, y los más grandes y "alucinantes" (según sus propias palabras), valían a un euro; contrata a varios empleados, consigue que le vendan los botones, y el tío se saca dos euros y medio, y todos tan contentos...Además, recuerda a la perfección los nombres de los incautos compradores.
Realmente me queda la duda de si debo corregirlo, o esperar a que me retire, que nunca se sabe...
La manicura
El asunto ya lo he contado de palabra a mucha gente, por lo que puede que carezca de interés para el que ya lo sepa, pero a mí me sirve personalmente de recordatorio cuando lea todo esto dentro de un tiempo...
Estaba yo sola con mi suegra y los nenes un Sábado cualquiera de cualquier mes, porque siempre acertaríais con la fecha (no recuerdo a mi señor esposo en casa ningún fin de semana... tendrá que hacérselo ver) , y tras un día infausto, de tortura mental y física a cargo del capitán desquicio y sus dos viboritas, empecé a gritarles en la cena: que si no me dejaban vivir, y un largo ecétera sobre el mismo tema, cuando, en medio de mi desalentador discurso, interviene la mediana y me dice: ¡pues haberle hecho a papá la manicura y no nos hubieras tenido...!.
La manicura, señoras y señores, ahí lo llevas. Mi suegra y yo, empezamos a reírnos, y ella también al ver que había dicho algo gracioso, y el mayor, quiso puntualizar : sí, se refiere a eso de cortar las pelotas...
Por descontado, consideré de imperiosa necesidad explicarle a la niña lo que era exactamente la manicura, y la pedicura también, ya que estábamos, no fuera a ser que saliera el tema en otro lugar y se desencadenara un equívoco de grandes dimensiones.
Lo días por lo demás, transcurren con normalidad, con llamadas del cole porque el niño se ha caído en un charco y hay que cambiarle hasta los calzoncillos..., con continuas notificaciones sobre el mal comportamiento en todas las clases y ámbitos, a las que se ha sumado la mediana, para no ser menos que el hermano, que este año está encabezando la clasificación de puntos negros de su clase, con todos los que se pueden poner y alguno más...y encima, al ir colocada la primera de la lista por el apellido, y tener todos y cada uno de los demás niños de clase, todo puntos verdes, parece que el listado se dividiera en dos: el ángel del infierno, y las haditas del bosque...
La pequeña, contesta a todo que "una eme", refiriéndose a mierda, claro, y además de imitar básicamente a su hermano, ha despegado unas pegatinas que yo le había puesto en su cama, para que luciera más bonita, con tan mala fortuna, que tras colocarlas por su cuenta, la ratita bailarina, yacía sin cabeza, la mariquita había perdido su color, las mariposas no revoloteaban por las flores "arrugadas", sino fuera de la madera, y al darse cuenta de que lo he descubierto, por primera vez en la historia, ha agachado la cabeza, y se ha metido sola en la cama, sin cuento, ni beso, ni nada de nada, durmiéndose tristemente con un libro abrazado...
Mañana, con toda seguridad, destrozará las que quedan sin estropear.
Estaba yo sola con mi suegra y los nenes un Sábado cualquiera de cualquier mes, porque siempre acertaríais con la fecha (no recuerdo a mi señor esposo en casa ningún fin de semana... tendrá que hacérselo ver) , y tras un día infausto, de tortura mental y física a cargo del capitán desquicio y sus dos viboritas, empecé a gritarles en la cena: que si no me dejaban vivir, y un largo ecétera sobre el mismo tema, cuando, en medio de mi desalentador discurso, interviene la mediana y me dice: ¡pues haberle hecho a papá la manicura y no nos hubieras tenido...!.
La manicura, señoras y señores, ahí lo llevas. Mi suegra y yo, empezamos a reírnos, y ella también al ver que había dicho algo gracioso, y el mayor, quiso puntualizar : sí, se refiere a eso de cortar las pelotas...
Por descontado, consideré de imperiosa necesidad explicarle a la niña lo que era exactamente la manicura, y la pedicura también, ya que estábamos, no fuera a ser que saliera el tema en otro lugar y se desencadenara un equívoco de grandes dimensiones.
Lo días por lo demás, transcurren con normalidad, con llamadas del cole porque el niño se ha caído en un charco y hay que cambiarle hasta los calzoncillos..., con continuas notificaciones sobre el mal comportamiento en todas las clases y ámbitos, a las que se ha sumado la mediana, para no ser menos que el hermano, que este año está encabezando la clasificación de puntos negros de su clase, con todos los que se pueden poner y alguno más...y encima, al ir colocada la primera de la lista por el apellido, y tener todos y cada uno de los demás niños de clase, todo puntos verdes, parece que el listado se dividiera en dos: el ángel del infierno, y las haditas del bosque...
La pequeña, contesta a todo que "una eme", refiriéndose a mierda, claro, y además de imitar básicamente a su hermano, ha despegado unas pegatinas que yo le había puesto en su cama, para que luciera más bonita, con tan mala fortuna, que tras colocarlas por su cuenta, la ratita bailarina, yacía sin cabeza, la mariquita había perdido su color, las mariposas no revoloteaban por las flores "arrugadas", sino fuera de la madera, y al darse cuenta de que lo he descubierto, por primera vez en la historia, ha agachado la cabeza, y se ha metido sola en la cama, sin cuento, ni beso, ni nada de nada, durmiéndose tristemente con un libro abrazado...
Mañana, con toda seguridad, destrozará las que quedan sin estropear.
martes, 11 de diciembre de 2012
Marraquech 2ª entrega y posteriores
Muchos días después, y mientras la pequeña no para de toser, acostada, tras contagiarnos a todos, los vecinos ven una película en la tele a más decibelios que el "Movie record" ese de los cines..., a pesar de haber fallecido todos los ancianos sordos que habitaban esa vivienda, y el señor de nuestra casa descansa una vez más en su lugar de trabajo, prosigo con mi relato.
Olvidé comentar un detalle importante en la anterior entrega, y es, que estuvimos a punto de perder el avión a la ida, porque las pantallas de información, poseídas por el engaño, nos indicaron una hora de embarque que distaba de ser la correcta, y cuando aparecimos en la puerta, una señora nos recomendó que corriéramos, que perderíamos el avión, que no era momento de quejarse: ¡corran,corran!... decía sin parar.
Yo, corrí escaleras abajo, y conseguí parar el autobús que se dirigía al avión, volviendo a acordarme en ese momento de la hipotética"multiaventura" contratada. Lo difícil fué intentar convencer a los encargados, de que mi marido necesitaba un poco más de tiempo para llegar, hasta que lo vieron aparecer, momento en el cual, ya no tuvieron duda de los motivos de su pequeña tardanza...
Los días transcurrieron con la serenidad de la que prescindimos habitualmente, paseando por las callejuelas llenas de cosas a la venta, comiendo y cenando comida árabe que nos encanta. Montando en dromedario...
Las noticias de casa, turbulentas, como siempre: la pequeña había cogido piojos.
En mi vida había visto ese modelo de insecto, y justo salimos de viaje y ocurre el evento. Tuvieron que lavar camas, toallas...
A la niña le impregnaron el pelo con una loción caducada para los efectos , y, encima, un gorro de piscina (he tenido el privilegio de ver documentos gráficos de lo descrito). Por supuesto tó Cristo se lavó con Filvit, hasta mi padre, que pasaba por allí, como aquel que dice...
Conocimos en el viaje a un dentista y su pareja (no sabemos si declarada o no, porque andaban demasiado acaramelados para tratarse de una relación establecida...), y a un torero y su apoderado, que claramente habían ido a una sola cosa ( no es tema a tratar en un blog para todas las edades).
En un momento, estábamos montados en el avión de vuelta, que por cierto, nos hicieron abandonar en una primera instancia, porque el capitán había detectado unos problemas "eléctricos".
No quise pensar en qué tipo de problemas podrían acaecerle al avión, y menos cuando nos montaron en el mismo una hora después, teniendo claro que no podían estar resueltos con toda seguridad, y que sólo el destino haría que no le pasara nada al avión...
Al volver, la rutina se instauró al segundo, los abuelos huyeron cojeando, dejando incluso enseres por el camino, y en un momento, los niños habían conseguido exasperarnos, como de costumbre. Lo suficiente para poder proclamar el famoso "hogar, dulce hogar..."
Olvidé comentar un detalle importante en la anterior entrega, y es, que estuvimos a punto de perder el avión a la ida, porque las pantallas de información, poseídas por el engaño, nos indicaron una hora de embarque que distaba de ser la correcta, y cuando aparecimos en la puerta, una señora nos recomendó que corriéramos, que perderíamos el avión, que no era momento de quejarse: ¡corran,corran!... decía sin parar.
Yo, corrí escaleras abajo, y conseguí parar el autobús que se dirigía al avión, volviendo a acordarme en ese momento de la hipotética"multiaventura" contratada. Lo difícil fué intentar convencer a los encargados, de que mi marido necesitaba un poco más de tiempo para llegar, hasta que lo vieron aparecer, momento en el cual, ya no tuvieron duda de los motivos de su pequeña tardanza...
Los días transcurrieron con la serenidad de la que prescindimos habitualmente, paseando por las callejuelas llenas de cosas a la venta, comiendo y cenando comida árabe que nos encanta. Montando en dromedario...
Las noticias de casa, turbulentas, como siempre: la pequeña había cogido piojos.
En mi vida había visto ese modelo de insecto, y justo salimos de viaje y ocurre el evento. Tuvieron que lavar camas, toallas...
A la niña le impregnaron el pelo con una loción caducada para los efectos , y, encima, un gorro de piscina (he tenido el privilegio de ver documentos gráficos de lo descrito). Por supuesto tó Cristo se lavó con Filvit, hasta mi padre, que pasaba por allí, como aquel que dice...
Conocimos en el viaje a un dentista y su pareja (no sabemos si declarada o no, porque andaban demasiado acaramelados para tratarse de una relación establecida...), y a un torero y su apoderado, que claramente habían ido a una sola cosa ( no es tema a tratar en un blog para todas las edades).
En un momento, estábamos montados en el avión de vuelta, que por cierto, nos hicieron abandonar en una primera instancia, porque el capitán había detectado unos problemas "eléctricos".
No quise pensar en qué tipo de problemas podrían acaecerle al avión, y menos cuando nos montaron en el mismo una hora después, teniendo claro que no podían estar resueltos con toda seguridad, y que sólo el destino haría que no le pasara nada al avión...
Al volver, la rutina se instauró al segundo, los abuelos huyeron cojeando, dejando incluso enseres por el camino, y en un momento, los niños habían conseguido exasperarnos, como de costumbre. Lo suficiente para poder proclamar el famoso "hogar, dulce hogar..."
miércoles, 7 de noviembre de 2012
Marraquech 1ª entrega.
Nada iba a salir mal esta vez. Nuestro último intento de escapada se truncó con la fractura de antebrazo del mayor, quedándome sin ir a la exposición de Antonio López en Madrid, maravilloso pintor donde los haya. Pero en esta ocasión, llegamos sin conflicto alguno, salvo los habituales, hasta el día de los hechos.
Nos íbamos a Marraquech, a celebrar mi cumpleaños (si acaso cumplir años sea algo que se deba celebrar...).
Los tres abuelos en plena forma (bueno, en plena...aunque sí con muchos años de experiencia a sus espaldas), la mujer que ayuda en casa, contratada para un día de fiesta incluso, y en el otro lado, tres niños de lo más... impetuoso (por si leen el blog de más mayorcicos, no es plan insultarlos de continuo).
Salimos de madrugada, sobre las seis, a pesar de que el avión salía a las doce y media de Madrid (todos sabemos que la hora prevista es orientativa y nos indica que, más o menos, el avión sale un día concreto...).
Pues bien, cuando íbamos por la preciosa y nunca suficientemente bien loada Tarancón, el Renault Megane, de diez años, decidió empezar a echar humo blanco, sin tratarse de la elección de ningún nuevo Papa, y a chamuscarse, por lo que tomamos la salida al lugar previamente citado y paramos el coche.
Rápidamente, y gracias a nuestro desconocimiento del mundo del motor, llamamos a la asistencia en carretera, que nos decidió mandar a la grúa y un taxi tras explicarles la situación.
Mientras esperábamos, y menos mal, saqué los triángulos, uno de ellos roto, que no se tenía bien de pie, los coloqué en el asfalto, y mi esposo, se embutió en el chalequito reflectante molón, que le quedaba algo pequeño, pero que, por lo menos, no le cortó la respiración.
En ese preciso instante, y mientras yo me fumaba un puro en plan Sarita Montiel, apareció la Benemérita, deseosos de salvar del mal al ser humano. Muy amables, se bajaron del coche, y tras explicarles lo acaecido, decidieron irse sin llegar a mayores, portándose con nosotros de lo más correcto, sin requerirnos documentación alguna.
Me dí cuenta entonces, de que mi marido me había contratado una "multiaventura", y no un viaje convencional, por lo que le dí las gracias enseguida, y quedé expectante en espera de excitantes acontecimientos...
La grúa y el taxi , llegaron en menos de 40 minutos, y conseguimos aparecer en el aeropuerto a la hora adecuada, quedando el coche abandonado a su suerte a 85 km del destino final.
En hora y media estábamos en Marruecos, paseando por las calles como habitantes de la ciudad (bueno, no debíamos parecer tan de la ciudad cuando durante todo el viaje, centenares de bereberes se dedicaron a intentar vendernos collares y pulseras realizados con metales inciertos...).
Al principio, creí que nos atropellarían las bicis, coches y sobre todo cientos de motos que circulaban en todas las direcciones imaginables, sin luces ni por supuesto casco (en Marruecos, parece ser que la costumbre es un pañuelo), y con dos o tres personas por lo menos en cada vehículo.
Pero luego, con el paso de las horas, dejé de esquivarlos, incluso por las aceras, y ví que eran ellos los que sorteaban a las personas con una destreza del todo envidiable.
La plaza principal del pueblo, llena de gente día, tarde y noche, con puestos de comidas, especias, zumos de naranja al momento, encantadores de serpientes (que me vieron el trasero más que la cara, porque salí huyendo nada más percatarme de su mercancía...), titiriteros varios y amigos de lo ajeno, que conformaban un gigantesco y alegre grupo vital.
Continuará...
Nos íbamos a Marraquech, a celebrar mi cumpleaños (si acaso cumplir años sea algo que se deba celebrar...).
Los tres abuelos en plena forma (bueno, en plena...aunque sí con muchos años de experiencia a sus espaldas), la mujer que ayuda en casa, contratada para un día de fiesta incluso, y en el otro lado, tres niños de lo más... impetuoso (por si leen el blog de más mayorcicos, no es plan insultarlos de continuo).
Salimos de madrugada, sobre las seis, a pesar de que el avión salía a las doce y media de Madrid (todos sabemos que la hora prevista es orientativa y nos indica que, más o menos, el avión sale un día concreto...).
Pues bien, cuando íbamos por la preciosa y nunca suficientemente bien loada Tarancón, el Renault Megane, de diez años, decidió empezar a echar humo blanco, sin tratarse de la elección de ningún nuevo Papa, y a chamuscarse, por lo que tomamos la salida al lugar previamente citado y paramos el coche.
Rápidamente, y gracias a nuestro desconocimiento del mundo del motor, llamamos a la asistencia en carretera, que nos decidió mandar a la grúa y un taxi tras explicarles la situación.
Mientras esperábamos, y menos mal, saqué los triángulos, uno de ellos roto, que no se tenía bien de pie, los coloqué en el asfalto, y mi esposo, se embutió en el chalequito reflectante molón, que le quedaba algo pequeño, pero que, por lo menos, no le cortó la respiración.
En ese preciso instante, y mientras yo me fumaba un puro en plan Sarita Montiel, apareció la Benemérita, deseosos de salvar del mal al ser humano. Muy amables, se bajaron del coche, y tras explicarles lo acaecido, decidieron irse sin llegar a mayores, portándose con nosotros de lo más correcto, sin requerirnos documentación alguna.
Me dí cuenta entonces, de que mi marido me había contratado una "multiaventura", y no un viaje convencional, por lo que le dí las gracias enseguida, y quedé expectante en espera de excitantes acontecimientos...
La grúa y el taxi , llegaron en menos de 40 minutos, y conseguimos aparecer en el aeropuerto a la hora adecuada, quedando el coche abandonado a su suerte a 85 km del destino final.
En hora y media estábamos en Marruecos, paseando por las calles como habitantes de la ciudad (bueno, no debíamos parecer tan de la ciudad cuando durante todo el viaje, centenares de bereberes se dedicaron a intentar vendernos collares y pulseras realizados con metales inciertos...).
Al principio, creí que nos atropellarían las bicis, coches y sobre todo cientos de motos que circulaban en todas las direcciones imaginables, sin luces ni por supuesto casco (en Marruecos, parece ser que la costumbre es un pañuelo), y con dos o tres personas por lo menos en cada vehículo.
Pero luego, con el paso de las horas, dejé de esquivarlos, incluso por las aceras, y ví que eran ellos los que sorteaban a las personas con una destreza del todo envidiable.
La plaza principal del pueblo, llena de gente día, tarde y noche, con puestos de comidas, especias, zumos de naranja al momento, encantadores de serpientes (que me vieron el trasero más que la cara, porque salí huyendo nada más percatarme de su mercancía...), titiriteros varios y amigos de lo ajeno, que conformaban un gigantesco y alegre grupo vital.
Continuará...
viernes, 19 de octubre de 2012
Agotados
Aprovecho que están agotados, para sentarme un rato al frente de la máquina imperfecta, a las 21.30 horas del día de autos, porque desde las 7 de la mañana, sin siesta, con tres cuartos de hora de piscina y algo de paseo, no han rechistado al acostarlos, y con unos pocos besos han dejado de hablar al unísono.
Por supuesto, todo no podía salir bien, se trataría entonces de una vida llena de hastío y aburrimiento extremo.
La mediana, en tanto intentaba escribir estas líneas, ha decidido mearse encima, a pesar de haberlo hecho antes de acostarse, y de no hacerlo nunca desde los tres años.
Ha debido pensar : me voy a dormir profunda en un segundo, y me mearé, con el fin de que mañana, la madre del conjunto de protozoos infectos, pueda poner dos o tres lavadoras de 7 kilos, al tiempo que intenta darnos de desayunar y hacer la comida, así como vestirnos y sacarnos a la calle ( el papi, llegará sobre las once o más tarde, si se lo piensa un momento...)
Llueve. Repaso las mochilas: la meona perdió el tupper donde llevaba el desayuno en el patio, porque, según ella, se estaba divirtiendo mucho y lo olvidó. Creo que ha traído la segunda caja de colores que le he comprado, sin tener que hacerlo, para que no la tengan sin hacer los deberes por perder todos los objetos que la rodean. La voy a llevar a un circo, de maga. Si también consiguiera desaparecer personas, nos haríamos de oro.
La pequeña ha tenido su rabieta diaria pre-nocturna, pero, por lo demás, se ha portado. Si haces exactamente todo lo que ella quiere, no hay conflictos.
Y el mayor, ha venido por fin con un "bien" en su libreta, por lo que me he hecho la loca, y le he dado 6 paquetes de cromos de la liga de fútbol, a pesar de traer los zapatos literalmente hechos trizas, con las suelas despegadas del resto y la piel levantada, y la camiseta más sucia y llena de mierda que he visto nunca. Ni arrastrándose por debajo de varios coches y cayendo después a una ciénaga, se puede ensuciar tanto una prenda. Ha sido en vano intentar lavarla a mano y después en la lavadora, porque se ha quedado como estaba.
Tendré que emplear lejía o tal vez ácido sulfúrico si quiero que la pueda volver a usar.
Por otra parte, tampoco le puedo premiar con que juegue en el ordenador, porque como pille uno sin restricciones, de manera inesperada, le ha dado por buscar "tetas gordas", en lugar de juegos gratis de Spiderman.
Cuando tenga un rato de serenidad, le indicaré cortésmente que me explique su interés por el tema mamario.
Por supuesto, todo no podía salir bien, se trataría entonces de una vida llena de hastío y aburrimiento extremo.
La mediana, en tanto intentaba escribir estas líneas, ha decidido mearse encima, a pesar de haberlo hecho antes de acostarse, y de no hacerlo nunca desde los tres años.
Ha debido pensar : me voy a dormir profunda en un segundo, y me mearé, con el fin de que mañana, la madre del conjunto de protozoos infectos, pueda poner dos o tres lavadoras de 7 kilos, al tiempo que intenta darnos de desayunar y hacer la comida, así como vestirnos y sacarnos a la calle ( el papi, llegará sobre las once o más tarde, si se lo piensa un momento...)
Llueve. Repaso las mochilas: la meona perdió el tupper donde llevaba el desayuno en el patio, porque, según ella, se estaba divirtiendo mucho y lo olvidó. Creo que ha traído la segunda caja de colores que le he comprado, sin tener que hacerlo, para que no la tengan sin hacer los deberes por perder todos los objetos que la rodean. La voy a llevar a un circo, de maga. Si también consiguiera desaparecer personas, nos haríamos de oro.
La pequeña ha tenido su rabieta diaria pre-nocturna, pero, por lo demás, se ha portado. Si haces exactamente todo lo que ella quiere, no hay conflictos.
Y el mayor, ha venido por fin con un "bien" en su libreta, por lo que me he hecho la loca, y le he dado 6 paquetes de cromos de la liga de fútbol, a pesar de traer los zapatos literalmente hechos trizas, con las suelas despegadas del resto y la piel levantada, y la camiseta más sucia y llena de mierda que he visto nunca. Ni arrastrándose por debajo de varios coches y cayendo después a una ciénaga, se puede ensuciar tanto una prenda. Ha sido en vano intentar lavarla a mano y después en la lavadora, porque se ha quedado como estaba.
Tendré que emplear lejía o tal vez ácido sulfúrico si quiero que la pueda volver a usar.
Por otra parte, tampoco le puedo premiar con que juegue en el ordenador, porque como pille uno sin restricciones, de manera inesperada, le ha dado por buscar "tetas gordas", en lugar de juegos gratis de Spiderman.
Cuando tenga un rato de serenidad, le indicaré cortésmente que me explique su interés por el tema mamario.
sábado, 13 de octubre de 2012
Sábado, sabadete...
Para no repetirme, aunque tengamos las mismas hoy Sábado que el Domingo pasado, contaré la semana escolar.
La ganadora de la semana, con puntos negros a mansalva y quejas múltiples, ha sido la mediana. Oé, oé oé oé...
El profesor, viendo que la bola se le hacía gorda, se acercó al progenitor y le dijo: ¡ tenemos que hablar !.
Yo pensé: ¡ lo tiene jodido si pretende sorprendernos, pero el buen hombre que lo intente!, mientras procuraba que ninguno de los tres se me perdiera en el patio del colegio, lleno hasta rebosar de niños, padres, abuelos, profesores, pelotas y extras varios.
La nenita pierde todos los colores, contesta a la profesora de gimnasia (que por cierto, nos había puesto un anexo donde nos indicaba que la niña llevaba un mes sin acudir a clase de gimnasia teórica, con el material escolar adecuado, a lo que yo le he respondido que dónde podía estar ese material, y que por qué oscura razón me lo hacía saber un mes después...), tira diariamente el babi al garaje, (instada por unas compañeritas bastante zafias, según creo), pide ir al cuarto de baño de manera continua, y lo mejor de todo : ¡ come del suelo!.
Pues claro que sí, esa es mi niña. No iba a dejar atrás a su hermano, cuando se bebía el agua de los charcos con la paja del zumo en el recreo, ¡ que ella también lleva el mismo apellido, hombre !.
Como compensación no verá la tele hasta que el Lunes, se porte bien en el colegio y enmiende sus faltas (jua, jua, jua...).
Por cierto, del babi ni se sabe. Algún coche lo debe llevar enrollado entre las ruedas, y lo descubrirán en la próxima ITV.
Todo esto, beneficia al mayor, que ha pasado, con tan sólo dos regulares, al top ten de la bondad semanal, jugando a la play, y obteniendo cromos para un álbum que conseguirá en breve, si su comportamiento no empeora más que de costumbre.
De la pequeña, mejor ni hablo, porque sólo cabe la posibilidad de hacer las cosas como a ella le interesa, o enfrentarse a la ira de los dioses llegado el caso.
Finalmente, a diferencia del otro día, hoy sí hemos salido por la tarde, a las 15 horas concretamente, deambulábamos por la calle, jugando por los parques, codeándonos con la gente que pasaba por allí, concretamente, nadie.
¡ Miento !, un coche de la policía y dos motos andaban buscando a un tipo de pantalones cortos a cuadros y otro de pantalón largo que algo malo debían haber hecho, y yo he pensado: a estas horas, los únicos que pasean por las calles son delincuentes...
La ganadora de la semana, con puntos negros a mansalva y quejas múltiples, ha sido la mediana. Oé, oé oé oé...
El profesor, viendo que la bola se le hacía gorda, se acercó al progenitor y le dijo: ¡ tenemos que hablar !.
Yo pensé: ¡ lo tiene jodido si pretende sorprendernos, pero el buen hombre que lo intente!, mientras procuraba que ninguno de los tres se me perdiera en el patio del colegio, lleno hasta rebosar de niños, padres, abuelos, profesores, pelotas y extras varios.
La nenita pierde todos los colores, contesta a la profesora de gimnasia (que por cierto, nos había puesto un anexo donde nos indicaba que la niña llevaba un mes sin acudir a clase de gimnasia teórica, con el material escolar adecuado, a lo que yo le he respondido que dónde podía estar ese material, y que por qué oscura razón me lo hacía saber un mes después...), tira diariamente el babi al garaje, (instada por unas compañeritas bastante zafias, según creo), pide ir al cuarto de baño de manera continua, y lo mejor de todo : ¡ come del suelo!.
Pues claro que sí, esa es mi niña. No iba a dejar atrás a su hermano, cuando se bebía el agua de los charcos con la paja del zumo en el recreo, ¡ que ella también lleva el mismo apellido, hombre !.
Como compensación no verá la tele hasta que el Lunes, se porte bien en el colegio y enmiende sus faltas (jua, jua, jua...).
Por cierto, del babi ni se sabe. Algún coche lo debe llevar enrollado entre las ruedas, y lo descubrirán en la próxima ITV.
Todo esto, beneficia al mayor, que ha pasado, con tan sólo dos regulares, al top ten de la bondad semanal, jugando a la play, y obteniendo cromos para un álbum que conseguirá en breve, si su comportamiento no empeora más que de costumbre.
De la pequeña, mejor ni hablo, porque sólo cabe la posibilidad de hacer las cosas como a ella le interesa, o enfrentarse a la ira de los dioses llegado el caso.
Finalmente, a diferencia del otro día, hoy sí hemos salido por la tarde, a las 15 horas concretamente, deambulábamos por la calle, jugando por los parques, codeándonos con la gente que pasaba por allí, concretamente, nadie.
¡ Miento !, un coche de la policía y dos motos andaban buscando a un tipo de pantalones cortos a cuadros y otro de pantalón largo que algo malo debían haber hecho, y yo he pensado: a estas horas, los únicos que pasean por las calles son delincuentes...
Otro Domingo más
Como el nombre indica, otro horrible , desesperante, machacante y destrozador Domingo sola.
Imposible no gritarles o no desear meterlos en un lugar insonorizado, donde durmieran varios días seguidos.
Puedo sobrellevar con gran tolerancia, que a la mediana le haya dado por venir con la ropa completamente agujereada gracias al sofisticado instrumento: lápiz ( existen pruebas gráficas, para los menos creyentes), o que todos los recreos tire el babi al garaje del colegio, y el bedel, que es un santo varón, me lo entregue habitualmente lleno de la suciedad de los coches, que a lo largo del día, le han pasado por encima...
Puedo comprender que a la pequeña la castiguen a la clase de los bebés por mal comportamiento, que continuamente diga: indiota a sus hermanos, y se dedique a molestarlos en busca de gresca...
Puedo aceptar, que el mayor salga afónico diariamente de clase, que su comportamiento siga siendo más que dudoso, y que también pierda en la jornada escolar el babi y otras piezas de ropa...
Pero que me jodan Domingo tras Domingo el padre y los tres niños, eso ya es harina de otro costal.
Al mayor, todo le parece mal, y continuamente descarga su ira en los objetos de alrededor, cosa que está aprendiendo la pequeña a las mil maravillas. Los tres se pelean continuamente, y continuamente quieren que se les compren cosas, o comer a todas horas, o hacer lo contrario de lo que se les indica, no acudiendo cuando se les llama por la calle, para poder pasear civilizadamente como si de una familia normal se tratase.
De manera que tras el enorme esfuerzo físico y psicológico de sacar a las bestias de paseo por la calle por la mañana, llega el encierro de la tarde, que con creces es muchísimo peor, deseando cada interminable segundo no estar allí.
Gritos, mordiscos, lamentos, cabezazos contra el sofá, numerosos insultos, desorden, portazos, baños, cena y a la cama sin cuento ni ostias.
Y mañana, por supuesto a trabajar hasta las diez de la noche, un Lunes, en una puerta de urgencias...
Claro que, por muy hijo putas que sean algunos pacientes, jamás consiguen desesperarme como mis hijos. Y por mucho trabajo que haya, no me supera tanto.
Imposible no gritarles o no desear meterlos en un lugar insonorizado, donde durmieran varios días seguidos.
Puedo sobrellevar con gran tolerancia, que a la mediana le haya dado por venir con la ropa completamente agujereada gracias al sofisticado instrumento: lápiz ( existen pruebas gráficas, para los menos creyentes), o que todos los recreos tire el babi al garaje del colegio, y el bedel, que es un santo varón, me lo entregue habitualmente lleno de la suciedad de los coches, que a lo largo del día, le han pasado por encima...
Puedo comprender que a la pequeña la castiguen a la clase de los bebés por mal comportamiento, que continuamente diga: indiota a sus hermanos, y se dedique a molestarlos en busca de gresca...
Puedo aceptar, que el mayor salga afónico diariamente de clase, que su comportamiento siga siendo más que dudoso, y que también pierda en la jornada escolar el babi y otras piezas de ropa...
Pero que me jodan Domingo tras Domingo el padre y los tres niños, eso ya es harina de otro costal.
Al mayor, todo le parece mal, y continuamente descarga su ira en los objetos de alrededor, cosa que está aprendiendo la pequeña a las mil maravillas. Los tres se pelean continuamente, y continuamente quieren que se les compren cosas, o comer a todas horas, o hacer lo contrario de lo que se les indica, no acudiendo cuando se les llama por la calle, para poder pasear civilizadamente como si de una familia normal se tratase.
De manera que tras el enorme esfuerzo físico y psicológico de sacar a las bestias de paseo por la calle por la mañana, llega el encierro de la tarde, que con creces es muchísimo peor, deseando cada interminable segundo no estar allí.
Gritos, mordiscos, lamentos, cabezazos contra el sofá, numerosos insultos, desorden, portazos, baños, cena y a la cama sin cuento ni ostias.
Y mañana, por supuesto a trabajar hasta las diez de la noche, un Lunes, en una puerta de urgencias...
Claro que, por muy hijo putas que sean algunos pacientes, jamás consiguen desesperarme como mis hijos. Y por mucho trabajo que haya, no me supera tanto.
viernes, 21 de septiembre de 2012
Las fieras de mis niños
¡Todos a dormir la siesta!.
Si se tratara de niños dóciles y bien humorados, no pretenderíamos que durmieran la siesta, que, lógicamente no quieren, pero, en nuestro caso, se trata de un intento imprescindible, aunque la mayor parte de las veces infructuoso.
Sube el patriarca escaleras arriba con la tríada, y comienzan los gritos de orden y silencio. Se acuesta él para dar ejemplo (jua,jua,jua...), y en breve, múltiples pasos recorren las habitaciones, las camas y los cuartos de baño.
Nueva tanda de aseveraciones de tono malhumorado, que se disipan en los pequeños pero malvados cerebros, iniciando de nuevo carreras de habitación en habitación, risas, llantos, peleas, sábanas y almohadas en las camas contrarias, y, finalmente, se oyen ronquidos.
El padre ha caído, ya pueden hacer de las suyas. Alguien decide cagar y gastar todo el rollo de papel, pero eso sí, sin tirar de la cadena, para no despertarlo (¡qué considerados son en el fondo...!).
En pocos minutos, dado el déficit de silencio reinante y los problemas colindantes, se despierta el derrotado, y decide volver a poner orden, encontrándose a la pequeña, pintándose las uñas en mi cuarto de baño...
Les amenaza muy seriamente , para que no se muevan de las camas, bajo pena de muerte, y es entonces cuando la mediana, llena de amor y compasión, decide mearse en su cama y ropa, en un alarde de maldad inmejorable, por lo que los otros dos irrumpen de nuevo en el cuarto del progenitor para advertirle de aquel fatal hecho. Por una vez, la zafia criatura ha obedecido a su padre, y para no levantarse, se ha meado encima.
Bajan todos en manada, con quejas, gruñidos, alaridos, llantos y maldiciones. ¡Qué bien me estáis dejando descansar!( pienso para mis adentros).
Es entonces cuando me planteo, por quinta o sexta vez en el día, si merezco derrochar así lo poco que me queda de juventud, o si por el contrario debería huir con el primero que me llevase.
Meriendan y los saco a la calle.
Empieza la retahíla: queremos un chicle... y, mal hecho por mi parte, por no oirlos, porque me derrotan cada minuto del día con cada una de las cosas que hacemos, decido entrar a comprarles un chicle al estanco. Pero les advierto que un chicle sólo cada uno o nos vamos.
Entran corriendo al local como una manada de Ñús, y comienzan a coger chicles. Les recuerdo que uno y me mantengo, porque deben aprender a obedecer de una vez por todas.
No hay manera, les vuelvo a decir que uno , mientras el tendero ya me mira con cara de : ¡vete de aquí, zorra!, y entonces, el nene de los huevos, se queda con la cajonera entera de chicles en la mano, tirándolos todos al suelo....
Tras recogerlos, La mediana sigue con dos chicles en la mano, le pago al hombre los chicles, salgo por la puerta con los niños de los pelos, y tiro los chicles en la basura más cercana.
De nuevo llantos, aclamaciones de injusticia, la mediana se tira al suelo, los otros echan a correr, y una vez más pienso: ¡es buen momento para huir!, nadie se daría cuenta...
Si se tratara de niños dóciles y bien humorados, no pretenderíamos que durmieran la siesta, que, lógicamente no quieren, pero, en nuestro caso, se trata de un intento imprescindible, aunque la mayor parte de las veces infructuoso.
Sube el patriarca escaleras arriba con la tríada, y comienzan los gritos de orden y silencio. Se acuesta él para dar ejemplo (jua,jua,jua...), y en breve, múltiples pasos recorren las habitaciones, las camas y los cuartos de baño.
Nueva tanda de aseveraciones de tono malhumorado, que se disipan en los pequeños pero malvados cerebros, iniciando de nuevo carreras de habitación en habitación, risas, llantos, peleas, sábanas y almohadas en las camas contrarias, y, finalmente, se oyen ronquidos.
El padre ha caído, ya pueden hacer de las suyas. Alguien decide cagar y gastar todo el rollo de papel, pero eso sí, sin tirar de la cadena, para no despertarlo (¡qué considerados son en el fondo...!).
En pocos minutos, dado el déficit de silencio reinante y los problemas colindantes, se despierta el derrotado, y decide volver a poner orden, encontrándose a la pequeña, pintándose las uñas en mi cuarto de baño...
Les amenaza muy seriamente , para que no se muevan de las camas, bajo pena de muerte, y es entonces cuando la mediana, llena de amor y compasión, decide mearse en su cama y ropa, en un alarde de maldad inmejorable, por lo que los otros dos irrumpen de nuevo en el cuarto del progenitor para advertirle de aquel fatal hecho. Por una vez, la zafia criatura ha obedecido a su padre, y para no levantarse, se ha meado encima.
Bajan todos en manada, con quejas, gruñidos, alaridos, llantos y maldiciones. ¡Qué bien me estáis dejando descansar!( pienso para mis adentros).
Es entonces cuando me planteo, por quinta o sexta vez en el día, si merezco derrochar así lo poco que me queda de juventud, o si por el contrario debería huir con el primero que me llevase.
Meriendan y los saco a la calle.
Empieza la retahíla: queremos un chicle... y, mal hecho por mi parte, por no oirlos, porque me derrotan cada minuto del día con cada una de las cosas que hacemos, decido entrar a comprarles un chicle al estanco. Pero les advierto que un chicle sólo cada uno o nos vamos.
Entran corriendo al local como una manada de Ñús, y comienzan a coger chicles. Les recuerdo que uno y me mantengo, porque deben aprender a obedecer de una vez por todas.
No hay manera, les vuelvo a decir que uno , mientras el tendero ya me mira con cara de : ¡vete de aquí, zorra!, y entonces, el nene de los huevos, se queda con la cajonera entera de chicles en la mano, tirándolos todos al suelo....
Tras recogerlos, La mediana sigue con dos chicles en la mano, le pago al hombre los chicles, salgo por la puerta con los niños de los pelos, y tiro los chicles en la basura más cercana.
De nuevo llantos, aclamaciones de injusticia, la mediana se tira al suelo, los otros echan a correr, y una vez más pienso: ¡es buen momento para huir!, nadie se daría cuenta...
domingo, 2 de septiembre de 2012
Reincidente
De nuevo, cuando hoy creía que podría ver la tele tranquila, baja el nene, que no se puede dormir : "porque está pensando que los abuelos muertos van a bajar, y cuando esté toda la familia, un señor va a entrar a robarnos, y a mí me va a robar hasta las gafas ( bonito detalle por su parte, he pensado), y todos, borrachos, nos quedaremos sin nada".
Esta vez, encima, no ha bajado solo, sino con su fiel seguidora, la pequeña, que cuando le he preguntado: ¿y tu padre?, me ha contestado sin pensárselo : roncando. Digo yo entonces, ¿para qué se supone que se ha subido a dormirlos?.
Cuando les he dicho que se fueran a dormir, y que no pensara en nada, el niño ha comenzado con una retahíla de excusas, entre ellas: mamá, no puedo dejar de pensar, porque en mi cerebro caben muchas cosas.
He subido con ellos, he acostado a la pequeña, le he dado un beso, y tras parecer convencida de su destino, me he ido a la habitación del otro, para intentar tramitar su introducción en la cama definitivamente. Acariciándome el pelo, me ha dicho: ¡mami, tu pelo tiene aroma a chocolate!.
Menos mal que sé con toda seguridad, que el chaval no toma drogas, que si no...
La única que se ha dormido como una campeona, ha sido la mediana, que no siendo dócil, es una perla al lado de sus vecinos.
Ayer se le cayó su primer diente (bueno, eso no es del todo exacto, porque se lo arrancó mi madre), y esta mañana andaba tan contenta, porque el Ratoncito Pérez le había traído 5 euros, y podía empezar a ahorrar para irse a "París"(creo que esto también habrá que estudiarlo detenidamente).
Dos horas después, y tras ver conmigo a "La Supernanny" en la tele, lo he vuelto a acostar ( porque volvió a bajar, como podréis imaginar) , y tras cerrar la puerta, he visto que alguien la abría, y era él , por lo que mi paciencia se ha saturado y le he dicho que se acostara de una vez, apareciendo el padre con acidez, recibiendo mi acumulación de mala ostia, lo que no le ha mejorado del todo su malestar estomacal.
He pensado entonces, que ayer a estas horas, estaba cenando tan divinamente con unos amigos, después de una sesión de spa y masaje con aromaterapia, y que nadie nos dió el follón, salvo una Tuna compuesta por cuatro personas bastante añosas ( con enano y todo), que amenizó la cena ( hay que joderse), y una camarera de un bar, que a las 5 de la mañana se acercó a nuestra mesa, solicitando alguien que supiera hablar bien inglés, porque no sabía (no cuela ni de coña, aunque parecía bastante tonta), si unos señores de la barra querían una "dama de compañía" o preguntaban por alguien. Al mirar a la barra ví a tres señores viejos, gordos, feos y calvos que lo que querían con toda seguridad no era una señorita, sino una grandísima puta.
De todas formas, el compañero cubano (al que le sentó mal el último Matusalen y durmió en mi casa aquel día, para no ir vomitando todo el camino hacia la suya), tuvo la amabilidad de traducirle las intenciones de aquellos maravillosos caballeros: buscaban a Amanda, pero ella les servía igual. Le dejamos propina para que se comprara un sujetador, y nos fuimos.
Esta vez, encima, no ha bajado solo, sino con su fiel seguidora, la pequeña, que cuando le he preguntado: ¿y tu padre?, me ha contestado sin pensárselo : roncando. Digo yo entonces, ¿para qué se supone que se ha subido a dormirlos?.
Cuando les he dicho que se fueran a dormir, y que no pensara en nada, el niño ha comenzado con una retahíla de excusas, entre ellas: mamá, no puedo dejar de pensar, porque en mi cerebro caben muchas cosas.
He subido con ellos, he acostado a la pequeña, le he dado un beso, y tras parecer convencida de su destino, me he ido a la habitación del otro, para intentar tramitar su introducción en la cama definitivamente. Acariciándome el pelo, me ha dicho: ¡mami, tu pelo tiene aroma a chocolate!.
Menos mal que sé con toda seguridad, que el chaval no toma drogas, que si no...
La única que se ha dormido como una campeona, ha sido la mediana, que no siendo dócil, es una perla al lado de sus vecinos.
Ayer se le cayó su primer diente (bueno, eso no es del todo exacto, porque se lo arrancó mi madre), y esta mañana andaba tan contenta, porque el Ratoncito Pérez le había traído 5 euros, y podía empezar a ahorrar para irse a "París"(creo que esto también habrá que estudiarlo detenidamente).
Dos horas después, y tras ver conmigo a "La Supernanny" en la tele, lo he vuelto a acostar ( porque volvió a bajar, como podréis imaginar) , y tras cerrar la puerta, he visto que alguien la abría, y era él , por lo que mi paciencia se ha saturado y le he dicho que se acostara de una vez, apareciendo el padre con acidez, recibiendo mi acumulación de mala ostia, lo que no le ha mejorado del todo su malestar estomacal.
He pensado entonces, que ayer a estas horas, estaba cenando tan divinamente con unos amigos, después de una sesión de spa y masaje con aromaterapia, y que nadie nos dió el follón, salvo una Tuna compuesta por cuatro personas bastante añosas ( con enano y todo), que amenizó la cena ( hay que joderse), y una camarera de un bar, que a las 5 de la mañana se acercó a nuestra mesa, solicitando alguien que supiera hablar bien inglés, porque no sabía (no cuela ni de coña, aunque parecía bastante tonta), si unos señores de la barra querían una "dama de compañía" o preguntaban por alguien. Al mirar a la barra ví a tres señores viejos, gordos, feos y calvos que lo que querían con toda seguridad no era una señorita, sino una grandísima puta.
De todas formas, el compañero cubano (al que le sentó mal el último Matusalen y durmió en mi casa aquel día, para no ir vomitando todo el camino hacia la suya), tuvo la amabilidad de traducirle las intenciones de aquellos maravillosos caballeros: buscaban a Amanda, pero ella les servía igual. Le dejamos propina para que se comprara un sujetador, y nos fuimos.
martes, 28 de agosto de 2012
Se acaba Agosto
Por fin se acaba un mes algo duro, sometidos a temperaturas peores de las esperadas por las personas que han decidido habitar la Tierra, con extra-extra de trabajo (Guardia Sábado, Domingo sola con los niños, Mañana Lunes, Mañana-Tarde Martes, Miércoles sola con los niños, Jueves Guardia, Viernes sola con los niños...y así los 31 días disfrutados), dos cumpleaños de "princesas relativas" celebrados, y lo que ello conlleva... y una vida personal inexistente, lejos de todo placer terrenal.
Y al llegar a casa hoy, con la cabeza cargada de pacientes, cansancio, y sandeces múltiples, no ha sido tan fácil tomar la sopa y el yogourth como yo esperaba, (me quedé con hambre, claro, porque a ver quién come más a las diez y media de la noche, si pretende dormir algo, porque yo quería comer de las dos tartas de ayer por lo menos).
Al oirme, ha bajado raudo de su habitación, un saquito de huesos ( a pesar de lo que come), para decirme que no podía dormir porque había visto en la tele a una señora con los ojos negros y la cara roja que le daba miedo (¿se referiría al Ecce Homo tan inconvenientemente modificado por una deficiente artística y mental?).
Pasado ese primer punto, lo he convencido para que me dejara cenar, y que se subiera a la cama, que yo iba enseguida... No ha colado la patraña, y se ha querido quedar en el sofá, repasando su nuevo álbum de la liga de fútbol, por lo que mientras cenaba, me ha ido indicando que le comprara chicles, porque entraba en un sorteo, que me metiera en una página de internet, en la que sorteaban varios premios, que fuéramos al Burger, que regalaban cromos para el álbum...
Como quiera que he terminado sin demasiada gloria mis pequeños manjares, me he subido con él a la habitación, teniendo que quedarme un ratito utilizando diversas técnicas de somnolencia, incluidos cánticos, abrazos, besos y demás, mientras escuchaba que había bajado tantas veces, porque hoy no me había visto (verdad al menos).
Eso no ha sido suficiente ni de lejos. De nuevo, cuando bajaba de la primera planta, creyendo zafarme por fin, unos pies han vuelto a asomar por las escaleras, y en esta ocasión, la historia ha subido de tono: mamá, no me puedo dormir, porque pienso que va a venir un cartero a entregar un paquete y nos va a matar a todos menos a mí, que me voy a esconder (eso me suena a los siete cabritillos...), y después van a venir sus amigos a bailar sobre la tumba.
¿Pero qué tumba, hijo?, he decidido preguntar, con el objeto de zanjar una historia de lo más lúgubre para estas horas (habrá visto el telediario?), ¡pues la nuestra!, ha respondido.
He pensado, que si lo mandaba a la mierda iba a tardar más rato en poder descansar, y, de nuevo me he subido a la cama con él, y tras otro envite de mimos y claudicar diciéndole que mañana lo llevaba a la hamburguesería , para que le dieran cromos con el menú, se ha dormido.
¿Por qué no le preocupan estos temas tan variados durante el día, mientras le grito y castigo por sus comportamientos inadecuados perpetuos?
Y al llegar a casa hoy, con la cabeza cargada de pacientes, cansancio, y sandeces múltiples, no ha sido tan fácil tomar la sopa y el yogourth como yo esperaba, (me quedé con hambre, claro, porque a ver quién come más a las diez y media de la noche, si pretende dormir algo, porque yo quería comer de las dos tartas de ayer por lo menos).
Al oirme, ha bajado raudo de su habitación, un saquito de huesos ( a pesar de lo que come), para decirme que no podía dormir porque había visto en la tele a una señora con los ojos negros y la cara roja que le daba miedo (¿se referiría al Ecce Homo tan inconvenientemente modificado por una deficiente artística y mental?).
Pasado ese primer punto, lo he convencido para que me dejara cenar, y que se subiera a la cama, que yo iba enseguida... No ha colado la patraña, y se ha querido quedar en el sofá, repasando su nuevo álbum de la liga de fútbol, por lo que mientras cenaba, me ha ido indicando que le comprara chicles, porque entraba en un sorteo, que me metiera en una página de internet, en la que sorteaban varios premios, que fuéramos al Burger, que regalaban cromos para el álbum...
Como quiera que he terminado sin demasiada gloria mis pequeños manjares, me he subido con él a la habitación, teniendo que quedarme un ratito utilizando diversas técnicas de somnolencia, incluidos cánticos, abrazos, besos y demás, mientras escuchaba que había bajado tantas veces, porque hoy no me había visto (verdad al menos).
Eso no ha sido suficiente ni de lejos. De nuevo, cuando bajaba de la primera planta, creyendo zafarme por fin, unos pies han vuelto a asomar por las escaleras, y en esta ocasión, la historia ha subido de tono: mamá, no me puedo dormir, porque pienso que va a venir un cartero a entregar un paquete y nos va a matar a todos menos a mí, que me voy a esconder (eso me suena a los siete cabritillos...), y después van a venir sus amigos a bailar sobre la tumba.
¿Pero qué tumba, hijo?, he decidido preguntar, con el objeto de zanjar una historia de lo más lúgubre para estas horas (habrá visto el telediario?), ¡pues la nuestra!, ha respondido.
He pensado, que si lo mandaba a la mierda iba a tardar más rato en poder descansar, y, de nuevo me he subido a la cama con él, y tras otro envite de mimos y claudicar diciéndole que mañana lo llevaba a la hamburguesería , para que le dieran cromos con el menú, se ha dormido.
¿Por qué no le preocupan estos temas tan variados durante el día, mientras le grito y castigo por sus comportamientos inadecuados perpetuos?
sábado, 11 de agosto de 2012
La mala educación
3.35 ( o algo así): Mamá, me he hecho pis.
Abro los ojos y veo a uno de los primeros visitantes de la noche (no indicaré ni siquiera el sexo, para proteger intimidades).
Consigo arrastrarme de la cama hacia una posición erecta , y cambio de atuendo al ser, que procedo a depositar en una cama colindante (vacía, porque la tercera persona se haya con los abuelos, pasando unos días de terror para ellos).
Me acuesto de nuevo. Alguien ronca. Consigo dormirme.
4.35-4.45: Mamá, me he meado. Antes de abrir los ojos de nuevo, aparecen en mi cabeza todos los símbolos y exabruptos empleados por Ibáñez en las tiras de Mortadelo y Filemón.
Me levanto y aprovecho para mear yo, no vaya a ser que acabe como ellos, y tras el cambio de pijama, acuesto en mi hueco de la cama al segundo individuo. Me queda, como siempre, el sofá, porque las restantes camas de la competición, están algo, diríamos húmedas.
Allí me voy y consigo, de nuevo, distanciar mi mente de la realidad.
7.00 AM. Oigo unos pasos bajando la escalera que me desvelan la clara intención de desayunar, no importando que el día anterior yo hubiera trabajado hasta las 22 horas, y hoy no haya casi dormido. Eso es, del todo secundario en mi existencia.
8.35 LLega la asistenta y, conforme entra por la puerta, le doy la bolsa con las toallitas, los dos botellines de agua recién cambiada , y le endoso a los niños vestidos, para que se vayan "un ratito al parque, ahora que todavía hace fresquito"...
Subo a la habitación para empezar a cambiar camas meadas y a poner lavadoras, y al encender la luz de la habitación, suena una explosión," se van los plomos", y veo cristales de la bombilla hecha añicos, de rosca ancha, tamaño pequeño y 40 Watios, por encima de las camas y la moqueta...
De nuevo, acuden a mi mente los bocadillos de los tebeos, pero esta vez con más figuras e insultos que herirían susceptibilidades en todas las civilizaciones conocidas y por conocer.
No pasa nada, recapacito, si tengo tiempo...
Sacudo las camas y la moqueta y lo voy poniendo todo a lavar, hasta las telas de la cuna del muñeco, por si acaso.
Ordeno la casa, guardo ropa planchada el día anterior y me ducho. Tengo que salir para comprar varias cosas.
Me pongo un pantalón corto (hasta medio muslo) de Desigual, y una camiseta de tirantes (40 grados a la sombra, por lo menos). Describo el vestuario, que no vendría a cuento de otro modo ( o sí), porque, al llegar a la tienda de la esquina, una señora de unos 80 años de media, le dice al tendero más o menos: anda que si vienen así muchas esta mañana te van a entretener. ¡Si mi madre levantara la cabeza!.
No contenta, insiste y amplifica su disertación, o no dándose cuenta de mi presencia, o , lo más seguro, no importándole lo más mínimo, mientras el tendero no sabe dónde mirar ni qué decirle ( al fin y al cabo, es una clienta y estamos en crisis...).
Yo, sin inmutarme, como me caracteriza en mi vida habitual (sólo mis hijos consiguen mis gritos y desesperación con soltura ), cojo lo que necesito, pago y me voy sin mediar palabra, pero pienso, que si su madre levantara la cabeza, la pobre, se preocuparía bastante de tener una hija tan maleducada.
Abro los ojos y veo a uno de los primeros visitantes de la noche (no indicaré ni siquiera el sexo, para proteger intimidades).
Consigo arrastrarme de la cama hacia una posición erecta , y cambio de atuendo al ser, que procedo a depositar en una cama colindante (vacía, porque la tercera persona se haya con los abuelos, pasando unos días de terror para ellos).
Me acuesto de nuevo. Alguien ronca. Consigo dormirme.
4.35-4.45: Mamá, me he meado. Antes de abrir los ojos de nuevo, aparecen en mi cabeza todos los símbolos y exabruptos empleados por Ibáñez en las tiras de Mortadelo y Filemón.
Me levanto y aprovecho para mear yo, no vaya a ser que acabe como ellos, y tras el cambio de pijama, acuesto en mi hueco de la cama al segundo individuo. Me queda, como siempre, el sofá, porque las restantes camas de la competición, están algo, diríamos húmedas.
Allí me voy y consigo, de nuevo, distanciar mi mente de la realidad.
7.00 AM. Oigo unos pasos bajando la escalera que me desvelan la clara intención de desayunar, no importando que el día anterior yo hubiera trabajado hasta las 22 horas, y hoy no haya casi dormido. Eso es, del todo secundario en mi existencia.
8.35 LLega la asistenta y, conforme entra por la puerta, le doy la bolsa con las toallitas, los dos botellines de agua recién cambiada , y le endoso a los niños vestidos, para que se vayan "un ratito al parque, ahora que todavía hace fresquito"...
Subo a la habitación para empezar a cambiar camas meadas y a poner lavadoras, y al encender la luz de la habitación, suena una explosión," se van los plomos", y veo cristales de la bombilla hecha añicos, de rosca ancha, tamaño pequeño y 40 Watios, por encima de las camas y la moqueta...
De nuevo, acuden a mi mente los bocadillos de los tebeos, pero esta vez con más figuras e insultos que herirían susceptibilidades en todas las civilizaciones conocidas y por conocer.
No pasa nada, recapacito, si tengo tiempo...
Sacudo las camas y la moqueta y lo voy poniendo todo a lavar, hasta las telas de la cuna del muñeco, por si acaso.
Ordeno la casa, guardo ropa planchada el día anterior y me ducho. Tengo que salir para comprar varias cosas.
Me pongo un pantalón corto (hasta medio muslo) de Desigual, y una camiseta de tirantes (40 grados a la sombra, por lo menos). Describo el vestuario, que no vendría a cuento de otro modo ( o sí), porque, al llegar a la tienda de la esquina, una señora de unos 80 años de media, le dice al tendero más o menos: anda que si vienen así muchas esta mañana te van a entretener. ¡Si mi madre levantara la cabeza!.
No contenta, insiste y amplifica su disertación, o no dándose cuenta de mi presencia, o , lo más seguro, no importándole lo más mínimo, mientras el tendero no sabe dónde mirar ni qué decirle ( al fin y al cabo, es una clienta y estamos en crisis...).
Yo, sin inmutarme, como me caracteriza en mi vida habitual (sólo mis hijos consiguen mis gritos y desesperación con soltura ), cojo lo que necesito, pago y me voy sin mediar palabra, pero pienso, que si su madre levantara la cabeza, la pobre, se preocuparía bastante de tener una hija tan maleducada.
martes, 7 de agosto de 2012
Ordenando
Ordenando la casa, tras nuestra vuelta (¿ he dicho ya que no hemos tenido vacaciones?...), he encontrado unas líneas escritas en una libreta que procedo a mostraros, por si os sirven de algo.
Se trata de una reflexión que le encargué hacer al mayor en un momento de desesperación por mi parte este Verano.
El asunto era contestar por escrito a : ¿ por qué no obedezco a mis padres?, y aquí van las respuestas: (transcripción literal)
1 porque me aburro
2 porque las hermanas no paran de molestarme
3 porque quiero jugar
4 y lo demás son accidentes.
Ahí lo llevas... de modo que el hecho de desobedecer a los padres, es realmente un accidente.
De haber sabido antes todos estos motivos, me hubiera ahorrado quebraderos de cabeza, y , asumiendo que es un objetivo inalcanzable, no me propondría diferentes métodos para obtener un resultado final.
Mucho peor es la canción que escribió en Junio, en clase, para acabar de rematar a su sufrido profesor, que ha aparecido perdida por la cocina, y que recomiendo no lean aquellos cuya susceptibilidad pueda ser herida no tan fácilmente.
Repito, que es de Junio, aunque parezca, en su principio, un villancico (sólo en su principio, porque el final, no soy capaz de describirlo...):
"Ande, ande, ande, el culo de la vieja, ande, ande, ande la marimorena. El culo de la vieja tiene 200 gérmenes, y el culo del viejo tiene 3000. Ande, ande, ande, el chuchi de la vieja, ande, ande, ande, la picha vieja. El chuchi de la vieja tiene el culo lleno y gordo del pipí, y el del viejo está completo de besos de su mujer. Ande, ande, ande, los viejos besos enamorados, ande, ande, ande, adiós gordos, meados y cagones amigos."
... Me queda la esperanza de que las hermanas, por el momento, tan sólo dibujan y colorean, y por lo menos, la mayor, dibuja cosas que parecen bonitas como: muñecas, flores, corazones... y pega pegatinas de perros a los que les pone nombres, lo cual parece bastante más razonable que las creaciones del hermano (lo que dibuja la pequeña, no lo sabe ni ella misma).
Puede quizás que estemos ante el premio Planeta del 2020, pero tendrá que cambiar bastante el estilo, y sobre todo el contenido, para poder lograrlo.
Se trata de una reflexión que le encargué hacer al mayor en un momento de desesperación por mi parte este Verano.
El asunto era contestar por escrito a : ¿ por qué no obedezco a mis padres?, y aquí van las respuestas: (transcripción literal)
1 porque me aburro
2 porque las hermanas no paran de molestarme
3 porque quiero jugar
4 y lo demás son accidentes.
Ahí lo llevas... de modo que el hecho de desobedecer a los padres, es realmente un accidente.
De haber sabido antes todos estos motivos, me hubiera ahorrado quebraderos de cabeza, y , asumiendo que es un objetivo inalcanzable, no me propondría diferentes métodos para obtener un resultado final.
Mucho peor es la canción que escribió en Junio, en clase, para acabar de rematar a su sufrido profesor, que ha aparecido perdida por la cocina, y que recomiendo no lean aquellos cuya susceptibilidad pueda ser herida no tan fácilmente.
Repito, que es de Junio, aunque parezca, en su principio, un villancico (sólo en su principio, porque el final, no soy capaz de describirlo...):
"Ande, ande, ande, el culo de la vieja, ande, ande, ande la marimorena. El culo de la vieja tiene 200 gérmenes, y el culo del viejo tiene 3000. Ande, ande, ande, el chuchi de la vieja, ande, ande, ande, la picha vieja. El chuchi de la vieja tiene el culo lleno y gordo del pipí, y el del viejo está completo de besos de su mujer. Ande, ande, ande, los viejos besos enamorados, ande, ande, ande, adiós gordos, meados y cagones amigos."
... Me queda la esperanza de que las hermanas, por el momento, tan sólo dibujan y colorean, y por lo menos, la mayor, dibuja cosas que parecen bonitas como: muñecas, flores, corazones... y pega pegatinas de perros a los que les pone nombres, lo cual parece bastante más razonable que las creaciones del hermano (lo que dibuja la pequeña, no lo sabe ni ella misma).
Puede quizás que estemos ante el premio Planeta del 2020, pero tendrá que cambiar bastante el estilo, y sobre todo el contenido, para poder lograrlo.
lunes, 16 de julio de 2012
La poción
Ingredientes secretos:
-Un cubo de playa.
- Piedras variadas, en forma, color y tamaño.
-Algas marinas.
-Agua del mar (da igual si es océano, también vale).
-Orina de tres hermanos.
-Heces de perro secas flotando.
-Arena.
Modo de preparación:
Orinen tres hermanos en un cubo de playa, para evitar hacerlo en cualquier otro sitio (el padre confiesa haberlos visto mear a los tres en el cubo, pero, parece ser que había entrado en fase Zen, y los ha dejado hacer...), busquen el resto de ingredientes guiados por un cabecilla exigente y dos esbirras encantadas de la mezcla, remuévanlo todo y ¡vualá!, la poción estará lista para aquel que la necesite.
Yo mientras, fregaba el suelo de la casa, pero, al llegar al lugar de los hechos, he decidido firmemente y sin duda alguna, tirar al contenedor de la basura el cubo de la Barbie y todo su contenido.
Espero que los buscadores profesionales de basuras no lo empleen para sus hijos o para uso personal...
Por lo demás, el día ha transcurrido según lo previsto, y hemos tomado tarta para merendar , en celebración de mi falso Santo (bueno, todos no, el mayor ha vuelto a merendar un vaso de leche con cereales, por haberle propinado a la pequeña un sonoro bofetón facial, del cual se ha arrepentido profundamente tras un rato de reflexión, quedando, de todos modos, el pastel reservado hasta mañana).
Después, al baño, y con el padre a la bolera, para que yo disfrute de un buen rato de paz espiritual, que estoy aprovechando para escribir un poco para mis lectores del mundo (los hay de todos los países, un saludo a todos).
P.D. Dado que el "Diletante apresurado" cena aburridísimos bocatas de mortadela de un euro, le propongo dejarle a mis hijos, para que le preparen un bocadillo en condiciones...
domingo, 15 de julio de 2012
El día de la marmota, partes 2, 3 y sucesivas
Creo que me había quedado por los deberes.
El asunto manda cojones, pero de los gordos, porque este tema no es: ¡qué bien, que hacen los deberes en un momentito y al parque!, no, nada de eso.
Para resumir, la mediana, a pesar de que se dedican a chincharse , quieren los mismos colores u otros que no existen, y a que comete algún pequeño fallo, termina de modo bastante hacendoso la primera. Pero esto no ocurre ni de lejos con los otros dos perturbados mentales.
El mayor se empeña en que no sabe lo que le preguntan los enunciados, además de hacer la letra más cochina del mundo, enfadarse cuando le borro continuamente, y preguntarlo todo a la misma vez que las otras dos, por lo que el café que me tomo previo al evento, me altera de tal modo, que me tiraría por la ventana, de no ser porque se trata de un primer piso, y ver a una tía en bragas, despeinada, sucia de la playa, que no duerme nada bien, tirada en el suelo de la calle, doliéndose de alguna parte, es un espectáculo más que triste, esperpéntico, por lo que prefiero llamar al director general, para que se atrinchere con ellos y deponga su siesta para encabronarse conmigo y sus adorables nenes.
La peor con diferencia es la pequeña, que empieza a decir que se mea, a tirar el lápiz al suelo, alegando que se le cae (mentiraaaaaa), a decir que está cansada, a salirse de los trazos simples que debe hacer, a llorar y moquear y sudar cuando empezamos a borrarle y a hablarle en tonos discordantes, terminando finalmente dos hojas en más de una hora larga, y con un nivel de estrés paterno digamos, bastante importante.
Si le gustará poco el tema deberes, que, hoy Domingo me ha preguntado: ¿ y los deberes?, y tras contestarle que hoy descansábamos, le ha cambiado la cara y me ha abrazado con un ¡gracias mami!.
Después llega el baño (no tengo ganas de describir otra lucha, os la imagináis, con pelos enredados incluidos y dilemas por la ropa elegida por la madre)... Y al parque, donde juegan un rato previo a la cena.
Si cenamos en casa, están controlados, pero si cometemos el error de salir, os remito al episodio donde relaté una comida fuera de casa, que a mí me gusta especialmente, porque describe con realismo crudo y absoluto lo que es llevarlos a comer.
Encima, últimamente les ha dado por entrevistar a todos los camareros y gente de las mesas colindantes, hasta que se enteran de todo lo habido y por haber de sus vidas, incluyendo en el repertorio decir cómo nos llamamos todos y qué edades tenemos, cosa que a mí no termina de convencerme, no porque pretenda ocultarle a nadie mi edad, sino porque lo considero del todo improcedente.
La otra noche, además, la pequeña, decidió que ya era hora, y en un segundo de descuido, se empinó la botella de Heineken del padre, dándole un buen trago. Claro que de inmediato sintió en su preciosa boca un, diríamos bofetón, que le hizo echarlo todo de golpe sobre su vestido floral.
Así que sabemos, en resumen, los nombres y situación familiar de todos los camareros de la zona. Además, también conocemos a gran parte de los gays, porque van todos a mi gimnasio, y en la playa, todos saben los nombres de mis hijos, porque no hacemos más que llamarlos continuamente al orden. Continuará o no...
Por cierto, lo del título, para quienes no la hayan visto, hace referencia a una película en la que todos los días son iguales, una y otra vez...
El asunto manda cojones, pero de los gordos, porque este tema no es: ¡qué bien, que hacen los deberes en un momentito y al parque!, no, nada de eso.
Para resumir, la mediana, a pesar de que se dedican a chincharse , quieren los mismos colores u otros que no existen, y a que comete algún pequeño fallo, termina de modo bastante hacendoso la primera. Pero esto no ocurre ni de lejos con los otros dos perturbados mentales.
El mayor se empeña en que no sabe lo que le preguntan los enunciados, además de hacer la letra más cochina del mundo, enfadarse cuando le borro continuamente, y preguntarlo todo a la misma vez que las otras dos, por lo que el café que me tomo previo al evento, me altera de tal modo, que me tiraría por la ventana, de no ser porque se trata de un primer piso, y ver a una tía en bragas, despeinada, sucia de la playa, que no duerme nada bien, tirada en el suelo de la calle, doliéndose de alguna parte, es un espectáculo más que triste, esperpéntico, por lo que prefiero llamar al director general, para que se atrinchere con ellos y deponga su siesta para encabronarse conmigo y sus adorables nenes.
La peor con diferencia es la pequeña, que empieza a decir que se mea, a tirar el lápiz al suelo, alegando que se le cae (mentiraaaaaa), a decir que está cansada, a salirse de los trazos simples que debe hacer, a llorar y moquear y sudar cuando empezamos a borrarle y a hablarle en tonos discordantes, terminando finalmente dos hojas en más de una hora larga, y con un nivel de estrés paterno digamos, bastante importante.
Si le gustará poco el tema deberes, que, hoy Domingo me ha preguntado: ¿ y los deberes?, y tras contestarle que hoy descansábamos, le ha cambiado la cara y me ha abrazado con un ¡gracias mami!.
Después llega el baño (no tengo ganas de describir otra lucha, os la imagináis, con pelos enredados incluidos y dilemas por la ropa elegida por la madre)... Y al parque, donde juegan un rato previo a la cena.
Si cenamos en casa, están controlados, pero si cometemos el error de salir, os remito al episodio donde relaté una comida fuera de casa, que a mí me gusta especialmente, porque describe con realismo crudo y absoluto lo que es llevarlos a comer.
Encima, últimamente les ha dado por entrevistar a todos los camareros y gente de las mesas colindantes, hasta que se enteran de todo lo habido y por haber de sus vidas, incluyendo en el repertorio decir cómo nos llamamos todos y qué edades tenemos, cosa que a mí no termina de convencerme, no porque pretenda ocultarle a nadie mi edad, sino porque lo considero del todo improcedente.
La otra noche, además, la pequeña, decidió que ya era hora, y en un segundo de descuido, se empinó la botella de Heineken del padre, dándole un buen trago. Claro que de inmediato sintió en su preciosa boca un, diríamos bofetón, que le hizo echarlo todo de golpe sobre su vestido floral.
Así que sabemos, en resumen, los nombres y situación familiar de todos los camareros de la zona. Además, también conocemos a gran parte de los gays, porque van todos a mi gimnasio, y en la playa, todos saben los nombres de mis hijos, porque no hacemos más que llamarlos continuamente al orden. Continuará o no...
Por cierto, lo del título, para quienes no la hayan visto, hace referencia a una película en la que todos los días son iguales, una y otra vez...
domingo, 8 de julio de 2012
El día de la marmota 1 parte
Siete de la mañana de todo el mes: (y desgraciadamente, no creo que cambien las tornas) aparecen, principalmente la mediana, seguida en breve por el pelotón de ataque y se acaba el sueño, de todas formas perturbado por el apasionante mundo de las gaviotas.
Hablemos de las gaviotas en primer lugar, ese animal cuyas impresionantes cagadas pueblan la zona, y que, entre las cinco y media y las seis, me despiertan todos los días puntuales para charlar de sus cosas. Porque los sonidos que emiten, aparte de intensos, parecen conversaciones. Muchas usan determinados soniquetes muy parecidos entre sí, mientras otras comentan cosas distintas, a la vez que los últimos grupos chillan disconformes con las apreciaciones previas.
El caso es, digamos, fastidiarme, porque al jefe no le inmutan lo más mínimo, aunque lo niegue, alegando que los mosquitos no le dejan dormir, y por eso cuando coge el sueño, no lo suelta...
Como siempre, no consigo atender a la vez todos los requerimientos de tipos de tostada, temperatura de las leches, colores de las pajas, peleas por la ubicación correcta de cada uno en la mesa, y acabo con mis tostadas calcinadas ( con el INRI de la pequeña indicándome que debo comprar una tostadora nueva, que esta quema las tostadas) y el padre apareciendo por la puerta ante la alarma de mis chillidos. Se los lleva a los tres a la playa (por lo que sus amigos dicen que el plan es "cojonudo" para mi persona), pero yo no sería capaz de afirmar tanto, cuando lo que me quedo haciendo es limpiar, comprar, cambiar camas meadas (en la siesta también, porque entre la sopa y la sandía, ya se sabe...), lavar, tender, hacer la comida, fregar el suelo (¿no era esto del cuento de Cenicienta?), porque el hada no aparece, la hija puta. Debe andar por ahí, con algún Senegalés...
Y en cuanto puedo, a la playa, que a veces llego en el momento de la recogida, y si llego antes, hay medusas coloraditas de lo más monas, para disuadirme de mi interés por el refresco corporal.
Por cierto, para tranquilidad de mis lectores, este año, están cagando y meando menos en la playa, y, de todos modos, no hay cartón de indigente. Ha debido desplazarse a otra ubicación más placentera. Todos los días, lucha para enjuagarles los pies, y por conseguir llegar a casa.
Tras la comida, la siesta. La siesta consiste en que el padre les grite una y otra vez que a dormir, y se acueste, durmiéndose él, pero que lo hagan sus lechones, eso es otro cantar. Si lo hacen algún día, por agotamiento inesperado, como dije antes, camas meadas. Aunque no es lo habitual. Tras un pequeño paréntesis en el que me hacen creer que voy a descansar, e incluso a veces, consigo medio dormirme, empiezan a trajinar. El mayor se dedica a escribir notas tamaño folio del tipo: ¡¡¡Estoy harto de tí!!! (a quién se referirá?), a arrancar hojas de papel de una libreta, y a hacer sobres,¿para mandarle cartas a alguien?, los cuales pega con papel celo, haciendo un ruido tremendo, y utilizando un cúter lleno de óxido que todavía no sé de dónde lo sacó; o bien se alía con las hermanas, para, hablando flojito, eso sí, encerrarse en una de las habitaciones, tirando cosas al suelo, corriendo muebles para atrincherarlos contra la puerta...por lo que finalizan esta franja horaria castigados, haciendo deberes, y yo cabreada de lo más...Continuará.
Hablemos de las gaviotas en primer lugar, ese animal cuyas impresionantes cagadas pueblan la zona, y que, entre las cinco y media y las seis, me despiertan todos los días puntuales para charlar de sus cosas. Porque los sonidos que emiten, aparte de intensos, parecen conversaciones. Muchas usan determinados soniquetes muy parecidos entre sí, mientras otras comentan cosas distintas, a la vez que los últimos grupos chillan disconformes con las apreciaciones previas.
El caso es, digamos, fastidiarme, porque al jefe no le inmutan lo más mínimo, aunque lo niegue, alegando que los mosquitos no le dejan dormir, y por eso cuando coge el sueño, no lo suelta...
Como siempre, no consigo atender a la vez todos los requerimientos de tipos de tostada, temperatura de las leches, colores de las pajas, peleas por la ubicación correcta de cada uno en la mesa, y acabo con mis tostadas calcinadas ( con el INRI de la pequeña indicándome que debo comprar una tostadora nueva, que esta quema las tostadas) y el padre apareciendo por la puerta ante la alarma de mis chillidos. Se los lleva a los tres a la playa (por lo que sus amigos dicen que el plan es "cojonudo" para mi persona), pero yo no sería capaz de afirmar tanto, cuando lo que me quedo haciendo es limpiar, comprar, cambiar camas meadas (en la siesta también, porque entre la sopa y la sandía, ya se sabe...), lavar, tender, hacer la comida, fregar el suelo (¿no era esto del cuento de Cenicienta?), porque el hada no aparece, la hija puta. Debe andar por ahí, con algún Senegalés...
Y en cuanto puedo, a la playa, que a veces llego en el momento de la recogida, y si llego antes, hay medusas coloraditas de lo más monas, para disuadirme de mi interés por el refresco corporal.
Por cierto, para tranquilidad de mis lectores, este año, están cagando y meando menos en la playa, y, de todos modos, no hay cartón de indigente. Ha debido desplazarse a otra ubicación más placentera. Todos los días, lucha para enjuagarles los pies, y por conseguir llegar a casa.
Tras la comida, la siesta. La siesta consiste en que el padre les grite una y otra vez que a dormir, y se acueste, durmiéndose él, pero que lo hagan sus lechones, eso es otro cantar. Si lo hacen algún día, por agotamiento inesperado, como dije antes, camas meadas. Aunque no es lo habitual. Tras un pequeño paréntesis en el que me hacen creer que voy a descansar, e incluso a veces, consigo medio dormirme, empiezan a trajinar. El mayor se dedica a escribir notas tamaño folio del tipo: ¡¡¡Estoy harto de tí!!! (a quién se referirá?), a arrancar hojas de papel de una libreta, y a hacer sobres,¿para mandarle cartas a alguien?, los cuales pega con papel celo, haciendo un ruido tremendo, y utilizando un cúter lleno de óxido que todavía no sé de dónde lo sacó; o bien se alía con las hermanas, para, hablando flojito, eso sí, encerrarse en una de las habitaciones, tirando cosas al suelo, corriendo muebles para atrincherarlos contra la puerta...por lo que finalizan esta franja horaria castigados, haciendo deberes, y yo cabreada de lo más...Continuará.
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