viernes, 18 de mayo de 2012

Los nenes

Las criaturas van evolucionando y creciendo, como los Tamagochis, aunque, por supuesto, dando muchos más problemas y quehaceres que la susodicha maquinita, que por cierto, no sé ya si existe siquiera.
Como anécdotas de la semana, la pequeña anda diciendo que nació en un restaurante, con lo que no me queda claro qué opina acerca del parto y sus consecuencias... y si sabe acaso lo que es un hospital (tengo en tareas pendientes explicárselo todo).
La mediana, sigue tan zalamera como siempre, y consigue allá dónde va todo lo que quiere. Ayer, se le cayó por el suelo un pulpo verde que se resbala por los cristales denominado  "Walkie  Wally" o algo así, y en un momento, paralizó todo el tráfico con sus gritos y ruegos, hasta bajando los conductores las ventanillas para ver qué pasaba, procediendo yo, con premura, a coger el muñeco y salir huyendo prontamente como madre atormentada y señalada que soy...
Hoy, para que le siguiera cantando para dormirse me ha dicho sin pensárselo: es que tienes una voz preciosa... Yo he meditado momentáneamente: ¿ cómo se puede ser tan mentirosa?, aunque le vendrá bien para la vida real...
El otro día, entre las dos hermanas, extorsionaron a un pobre niño y su abuelo, que habían traído un cachorro de gato al parque, para cogerlo ellas, y conseguir que el gato se escapara y se subiera a los entresijos de los bajos de un coche, sin volver a saberse de él, por lo menos mientras yo salía pitando con ellas de allí, agarrándolas de los pelos, para que el abuelo no nos diera a todas con el bastón, y acabara , por fin, con nuestro sufrimiento.
Espero que el buen hombre o ese niño aturdido por mis hijas, no se acuerden de nosotras...
Por su parte, el mayor, merece esta semana una mención especial, porque, y sin que sirva de precedente, por primera vez en todo el calendario de su historia laboral, el profesor le ha escrito: "genial", y "muy bien" tres días seguidos, refiriéndose a su comportamiento en clase.
El calor le debe haber derretido el cerebro, pero aprovecharemos la racha, a ver si dura, y mientras tanto, está teniendo todos los parabienes existentes.
Además, la criatura come estupendamente de todo, tanto es así, que ayer, su padre rechazó una tortilla francesa de espinacas y manzanas , ideada por su amada madre, y el chiquillo, ni corto ni perezoso dijo en la mesa: no te preocupes abuela, dámela a mí, yo sí tengo el valor de probarla...( todos nos reímos , porque "tuvo el valor", y se la comió sin rechistar, así como todo lo comestible del planeta, que un día saldrá la tenia que debe tener escondida de paseo, gorda como una pitón...)
Salir con ellos a la calle o a cualquier local público, sigue siendo igual de ruinoso mental.
Hoy hemos entrado por la tarde en una cafetería con el objeto de que se tomaran un granizado de limón.
Se han sentado, lo han pedido, y ha comenzado el turno de ruegos y preguntas parlamentario: por favor señora, ¿podría ponerlos en un vaso de plástico, que estos los rompemos?, por favor, ¿nos da pajas?. Tenemos sed, ¿nos podría dar un vaso de agua?. Señora, me podría dar una cucharita para comerme el hielito?. ¡Yo quiero esa paja rosa y no la que tengo! ( la hermana igual, claro...). La camarera me miraba ya con cara de : ¿con todas las cafeterías que hay en el mundo, habéis tenido que entrar en esta?, por lo que he pagado, y sin terminar la pequeña de sorber su merienda, nos hemos dirigido hacia el parque, donde la mediana, ha aprovechado un descuido, para arrancar una cantidad considerable de flores y de unos matojos que consideraba "trigo", y ha venido corriendo y proclamando que había cogido mucho trigo para hacer pan y tortas.
Tortas, hija mía, las que te voy a dar, he pensado, pero, por el bien del conjunto, he aguantado un rato para que jugaran y se cansaran para la noche, gracias a lo cual, os  puedo escribir ahora estas líneas.


martes, 8 de mayo de 2012

La cita

Hoy, tras pasar ayer un día de lo más, diríamos agotador, por cantidad de trabajo, añadido al fallo de los sistemas informáticos durante más de un par de horas, lo que incapacitó el correcto desarrollo de la labor asistencial...y por la asiduidad e ímpetu de las ambulancias que vinieron, algunas de ellas con diagnósticos inciertos (una señora Alzheimer, a la que no sabían si le pasaba algo o no, con un ECG "con el que no la podían dejar  así en la casa", que era el suyo habitual...), hemos dejado a los niños en el colegio (ya hablaré de ellos un rato largo, que están en el culmen de sus carreras, pero el otro día lo intenté y se desconectó el aparato  de internet, perdiéndose lo escrito...), y hemos acudido a nuestra cita.
Seis meses de impago absoluto, y de no arreglar absolutamente nada del chalet supuestamente alquilado, como se había pactado en un principio, terminaron con el abandono voluntario de las interfectas, (por llamarlas de algún modo sin llegar a aplicar el insulto), tras burofaxes y mensajes de correo electrónico precipitantes del hecho en sí.
La "señoras" dejaron la casa en tal estado que sólo documentos fotográficos podrían describir lo allí presenciado: muebles viejos, eternamente sucios y corrompidos, malolientes, llenos de ropas arrugadas, usadas, papeles dibujados y rotos, colillas, pendientes sin pareja, cagadas de gatos, moscas sobrevolando toda la casa, sin saber dónde posarse en busca del hedor manifiesto, vajilla enmohecida con restos que se remontan a los tiempos de la Sábana Santa, pañuelos de mocos dentro de radiocassetes, muñecas amputadas por todos los rincones, carros robados del Carrefour con flotadores, cables, sacos de cemento...
A la hora pactada, han aparecido, con un enorme camión, tres individuos aseados, cabezas rapadas, tatuajes al viento, raftas en la perilla, de diferentes nacionalidades  y habla cortés, que en pos de la ayuda al drogadicto, han tenido el valor de llevarse, no más de la tercera parte de lo requerido para que cualquier ser vivo del planeta, quiera ver la casa, que está desde ahora de nuevo a la venta.
Eso sí, al entrar, se han mirado, y se han colocado unos guantes gordos, de esos para evitar que te muerdan los perros rabiosos, y han comenzado a decir al poco que les picaba todo el cuerpo.
Nosotros mientras, aprovechando el carro, hemos ido cogiendo, con otros guantes, y ayudados por un amigo , (que en plan " Mujeres al borde de un ataque de nervios" ha venido en moto a todo pijo, para no perderse el espectáculo), cosas del suelo y llevándolas al contenedor más cercano.
Un coche de la guardia civil paseaba por la zona, pero, en esta ocasión, y sin que sirva de precedente, no hemos tenido que disfrutar de su estupenda compañía... a pesar de la cojera de mi señor esposo, bastante sospechosa, por parecer que va cavando zanjas en el suelo al andar, de un par de días de evolución , sin antecedente traumático, eso sí...
Inmersos en la mierda más absoluta, y mientras mi marido, en un intento purificador, echaba lejía a todos los agujeros que encontraba por su camino, he oído: ¡por eso estaba por aquí la gata!, y tras subir unas escaleras, me he encontrado, en un cajón de un armario, sobre un enorme sujetador lleno de restos de sangre, a tres gatitos minúsculos, con los ojos cerrados y los cordones umbilicales secos, pero todavía pendiendo de sus panzitas. He movido el cajón para ver cuántas bajas había, pero tres bocas abiertas han comenzado a maullar.
Por un momento he pensado, ¿y que hago yo ahora con tres gatos en mi casa?. Pero ha querido el destino que la gata, a la que no le hemos debido gustar lo suficiente, los fuera cogiendo del cuello , uno  a uno, sacándolos de la casa y llevándoselos a un lugar recóndito, para que nos pudieramos ir a comer tranquilos, tras la labor realizada en el domicilio, y no a una Farmacia, en busca de biberones, una vez más...
De camino al coche, una señora le contaba a otra: a mí me vas a decir de historia ginecológica... Se ve que la señora podía escribir un Quijote con sus quehaceres.
Con la comida en la boca, a recoger a los zagales, llevarlos a piscina, comprar, y súbitamente entrar en la peluquería para ver si les podían cortar el flequillo a las nenas, que ya no veían con los pelos dentro de los ojos...
Todo ha salido según lo planeado, y, por fin, después de un gran lapsus, escribo unas líneas sobre el día de hoy, que ya estaba bien de mantener a la audiencia en vilo. Un saludo.

viernes, 6 de abril de 2012

Semana Santa

Comiendo torrijas de vino tinto Casa de la Ermita y miel del campo de Cartagena, aptas para legionarios, por la contundencia del sabor, y la adicción que producen (por supuesto obra de la inestimable suegra), decido describir, con los dedos pegajosos, y sin parar de ir a la cocina (luego me preguntaré de dónde esos  tres Kilos adquiridos...), algunos de los hechos últimamente acaecidos...
Para empezar, la pequeña está cada vez más rebelde, y frases como: ¡no me da la gana!, ¡tú no mandas!, ¡me voy a casa del vecino!, son emitidas por su laringe diariamente. Claro que cuando le dices que muy bien, que se vaya a casa del vecino, contesta de inmediato: hoy no, el Lunes...
El mayor, descansa de nosotros... unos días en casa de los abuelos maternos, donde se porta "divinamente", haciendo todo lo que le interesa sin que nadie le tosa. El problema lo tendremos, como siempre, al volver, porque habrá que bajarlo del eslabón Zeus, al de culebra callejera...
Por su parte, la mediana, que es la que menos gritos diarios recibe, está en la temporada: me voy cayendo y raspando el cuerpo continuamente, hasta no dejar pedazos libres de piel sana. Hace tres días, sin ir más lejos, optó por resbalarse encima de la meada de la hermana, que por temas físicos y químicos, había formado barro con la tierra allí existente, levantándose del suelo chorreando  (por cierto, el leotardo con un agujero en la rodilla y sangre de por medio), por lo que optamos retirarnos de escenario y volver a casa a bañarla. A todo esto, hasta que alguien , un rato después (osea yo), le dijo que llevaba sangre en la "tronera", no había decidido llorar, por lo que me pregunto: ¿lloran realmente cuando se hacen daño, o es todo puro teatro?...
Hoy hemos ido a la procesión de Viernes Santo, las dos nenas y yo (por cierto, siento que estés de guardia, pero le tendrás que decir a tu madre que te haga otro día más torrijas...).
De camino, la pequeña ha decidido, una vez más , ser algo imprudente, y, a unas monjas que paseaban tranquilas, les ha dicho: hola, ¿váis a Belén?. Se ve que los hábitos le han sugerido esa estimación tan oportuna...( mucho peor fue el otro día, cuando, al pasar por en medio de un grupo de deficientes a cargo de unos monitores, viendo a uno con los ojos cerrados, gritó señalando: ¡mira mamá, ese está muerto!...). Un día de estos, mi integridad física correrá peligro, de la psicológica, no me molesto en hablar.
Al llegar al lugar dedidido, se han establecido, sentándose incluso la pequeña, encima de una señora que había pagado religiosamente su asiento, procediendo, al poco, entre las dos, con esas caras de ángeles y esa labia, a desvalijar a los capirotes. Eso sí, rechazando las habas únicamente, por lo que, en menos de media hora, habiendo comido monas, caramelos, chicles, piruletas...he decidido irme de allí (llevo hasta un huevo duro en el bolso).
Después estábamos invitadas a un cumpleaños al aire libre, al que han llegado hambrientas, y , lejos de irse como los demás niños a saltar en un castillo inflable, habilitado para diversión de los corrientes, se han dedicado a comerse los pedazos de pulpo más gordos, y los mejillones, que se suponían para los padres, que miraban perplejos a las dos perlas. Eso sí, no han tomado cerveza, sólo un litro de zumo tropical entres las dos.
Creeréis entonces, que al llegar a casa no han comido...já,já, espirales de espinacas con tomate y cebolla caseras, queso rallado y hamburguesas de ternera picadas por encima, y yogourth ( 13.30 del mediodía). A las 14.30, mis oídos han escuchado: ¿mami, cuándo merendamos?.
¿Tendré dinero para poder alimentarlos en cuanto crezcan un poco más?...
Claro que yo hoy mejor me callo, no sé si será el vino, la miel, o el pan duro...¡vaya infleta!.

domingo, 25 de marzo de 2012

Multa

La historia de ayer, no quedaría bien concluida, si no os contara qué pasó cuando la policía vió parar en una gasolinera, de madrugada, a dos extranjeros (Cuba y Palestina juntas forever), de dudosa apariencia, uno de ellos sin zapatos, que afirmaban volver de Vitoria (jua, jua).
Creo que aparte de preguntarles más cosas que Isabel Pantoja a su futura nuera, les rebuscaron drogas hasta entre los vellos del sobaco... eso sí, multaza de 200 euros por haberse pasado 5 días la ITV. Un saludo, desde aquí, a tan amables y eficaces fuerzas del estado.
Tras esa buena noticia, encima sin llegar a casa todavía, y los paseos nocturnos de la mediana, me he levantado por la mañana de lo más despejada, para emprender con sosiego y gran alegría el nuevo y prometedor día.
Una vez más, no me han defraudado. No son capaces de mantenerse ordenados, callados, tranquilos, sin conflictos... ni un décima de segundo, ofreciéndome tal jornada que creo que mañana, a las 22 horas, tras salir del trabajo, voy a irme a un hotel a dormir.
Además, también está la opción de un convento, que en cualquier momento puede llegarle a una la vocación...
La pequeña ha seguido con su técnica, en más de tres ocasiones, de llorar sin parar,( una de las veces porque quería "goler" la colonia, cogiendo ella el frasco para romperlo), con el fin de que alguien decida colocarle  Kilómetros de cinta de carrocero alrededor de la boca, en el mejor de los casos.
La mediana no quería hacer sus deberes, no quería volver a casa, no quería el zumo que se había pedido para almorzar, diciéndole al camarero que le diera otra oportunidad, y que el zumo erróneo me lo bebiera yo, o su padre, allí en su tranquila guardia (sí, aprovecha para descansar que verás lo que te espera...) .
El mayor no ha desayunado con nosotras, porque estaba en casa copiando cincuenta veces: no comeré galletas del tarro por mi cuenta, y otras cincuenta: no imprimiré en color fotos que me hago sin permiso en el ordenador de mis padres, porque gasto el toner y me van a matar... Además ha aprovechado para sustraerle a su hermana, a escondidas, parte de su "pedorreta"(para nosotros era blandi blub) naranja, y encerrarse en el cuarto de baño para incrustar el material en mi toalla de manos, momento en el cual, lo he subido a su habitación entre gritos ya afónicos, (porque no atienden a tonos de cantante, y precisan los de una soprano), indicándole claramente lo que pensaba de él (espero que de mayor se le olvide).
Los he llevado a un parque de bolas cercano, para poder cambiar las camas meadas, guardar ropa y poner la tercera colada del día, así como para sacar dinero y poder pagar a su vez lo de las bolas... Aunque no estaría mal que se los quedaran por no pagar.
Bañados, cenados y dormidos, voy a colocar mi organismo sobre un colchón un indeterminado e ineficaz período de tiempo, hasta que, unas hormigas rojas, decidan comerse al hámster, o unos zombies malvados nos ataquen el día de nuestra boda...


sábado, 24 de marzo de 2012

Soltera

Duermen, por fin.
La pequeña sigue sollozando en sueños, tras tirarse más de una hora de reloj llorando (no, no es una forma de hablar, se trata de una hora real, con sus sesenta minutos y correspondientes segundos). El motivo, da igual, porque se trata de llorar por gusto, pero en este caso la excusa era que quería la caja donde va la vacuna del hermano, a la que preferiría que no accediera, para no desperdiciar 100 euros, si cayera al suelo y se rompiera.
El día empezó tiznado, como siempre, con la mediana en mi cama, queriendo desayunar a la hora en que otros muchos se recogen a dormir.
Intenté que se divirtieran disfrazándose, para lo cual , subí la pesada caja con disfraces al piso de arriba. Error de nuevo, porque nada les contenta, sacando todo de la caja, sin aclararse ni con el disfraz que querían ponerse, pisándolo todo, y en medio del desconcierto, entrando y saliendo del cuarto de baño, para realizar actos tan viles como el del mayor, que creyendo que se iba a poner colonia en el pelo por su cuenta, ha estado a menos de medio segundo de echarse el quitaesmaltes de la abuela.
Desesperada, los he vestido (acto tedioso y descortés que no voy a describir), y hemos salido a la calle, en busca , realmente, de encontrar a alguien por el camino que quisiera hacerse cargo de ellos, llevándome mis pasos hasta la Biblioteca Regional.
No vayáis a creer que han sido capaces de leer nada. Han desbaratado de su sitio un sinfín de libros, han meado, se han lavado las manos , pese a decirles que no lo hicieran, y cuando decidía volverme, ha aparecido mi salvación: alguien vestido de triángulo verde, denominado "Mec, Mec", ha cogido a todos los niños, cual flautista de Hamelin, y los ha metido en una habitación cerrada a cal y canto, con cristaleras tapadas por cortinas, para contarles un cuento y que dibujaran una hora.
Mis plegarias habían sido escuchadas...qué paz y sosiego interior he disfrutado.
Entonces, he pensado en lo bien que estaría soltera (de ahí el título de este relato), con todo el fin de semana que tenía yo libre, y para lo que me he quedado...
Al acabar, de nuevo los problemas: han salido de rotulador hasta las pestañas. Bueno, no todos han salido. La mediana, yacía en el suelo llorando por no haber terminado de pintar el monstruo verde moteado, y me ha costado sacarlos del lugar un buen rato.
Por el camino, he sido obligada a comprarles un chupchups, y no contento con ello , el mayor, se ha dedicado todo el camino de vuelta (y también el de ida) a pedir cosas para que se las comprara, a la vez que a la pequeña se le caía el caramelo al suelo y rompía a llorar y moquear. Lo de tirarlo a la basura no valía, porque se encabrona más y me toca llevarla en brazos hasta casa (cosa que al final ha ocurrido, de todos modos, para conseguir llegar y obligarlos a dormir la siesta bajo gritos y amenazas...), por lo que me he metido con ellos en una panadería, para que se lo lavaran bajo el grifo, aprovechando mientras, todos, para pedir de nuevo que les comprara aquello que veían, subiéndose al mostrador, solicitando agua, consiguiendo, al final, que yo le dijera al muchacho que no tuviera hijos nunca, saliendo de allí cada vez más exasperada.
Hemos llegado, y tras comer y acostarlos, he decidido echarme a la calle, (siempre gracias a mi suegra), para quedar con la segunda principal comentarista de mi blog, y tomarnos un café y comprarnos ropa de lo menos glamourosa o cara, porque total, a donde salimos, con ir limpias es más que suficiente...
Por cierto, mi marido ha pasado todo el día fuera, con uno de los cubanos que duermen en mis camas cuando "les sienta mal la bebida" ( un saludo a ambos), con una excusa de lo más peregrina. Mañana, por supuesto, tiene guardia, lo que dará seguro para otra historia de madre desquiciada.

viernes, 23 de marzo de 2012

¡ A la playa!

Saliente de guardia, como no podía ser de otra manera, cogemos a lo loco cosas en bolsas, porque hemos decidido pasar el puente fuera de casa, en un pueblo playero, donde disfrutamos de una casa prestada (por la principal comentarista del blog), siendo mejor opción que gastarse en un hotel 200 euros por noche en el mejor de los casos (recordad que tenemos que alquilar dos habitaciones comunicadas, porque en una no nos permiten meternos, y más si nos conocieran, momento en el cual, ni siquiera nos dejarían entrar en el recinto...).
Sí, por primera vez en todo el año, los padres coincidimos tres días de fin de semana juntos en casa.
La cosa prometía, de modo que nos dirigimos todos, jovialmente ( absoluta mentira, pero debo intentar que el inicio de la historia sea agradable...), hacia la ubicación elegida.
Baja del coche, tras llegar, a los zagales, las bolsas, las maletas, y consigue subir, y abrir la puerta,( no tan fácil con ellos metiendo cuerpos y cabezas por en medio, aprovechando para  canearse, empujarse o tirarse de los pelos).
Abro por fin, y se dispersan, por toda la casa, como las raíces de una planta, con fines poco constructivos.
En un momento, mientras intento guardar en su sitio ropa y comida, las camas están deshechas, los juguetes en el suelo, quejas de si el DVD funciona o no, papeles tirados por el balcón, la pequeña ya se ha mojado las manos con el agua del bidet...
Creo que no es momento de dormir por la mañana (aunque quisiera), por lo que nos vamos a la playa, porque hace sol, aunque algo de viento y de fresco.
Compramos unos cubos con rastrillo y pala en una tienda de productos asiáticos, denominada vulgarmente "chino", y aparecemos en la playa, a pasar un rato de, según pretendíamos, paz espiritual.
Comienzan a jugar en la arena-piedras, mientras me siento en una toalla, con gafas de sol, arrepintiéndome de haber dejado en casa el abrigo.
Tengo frío, pero esa temperatura no es detectada por esos tres pequeños acúmulos de piel y vísceras, porque en la siguiente imagen, se han quitado toda la ropa, sin preguntar, y juegan en bragas y calzoncillos ante el estupor de los  clientes de los bares del paseo de la playa, comenzando enseguida a tantear el agua, para ver si se meten. El niño, a todo esto, con estornudos, tos y pitos.
La mediana aprovecha para echarle piedras a su hermana dentro de los ojos, que son lavados por el motor de nuestras vidas con agua de mar, estupenda para calmar los gritos y llantos de la vilipendiada.
Empieza la retahíla entonces: me quiero bañar, porqué no me puedo bañar, si yo no tengo frío, me quiero bañar... hasta conseguir la claudicación de una madre agotada física y psicológicamente y un padre de dudosas convicciones, acerca de si esto era su paraíso soñado.
La siguiente escena me recuerda a la película de Quentin Tarantino, Reservoir Dogs, porque todo el mundo en el paseo, se queda mirando a un grupo, que avanza sin titubear,  consistente en una señora despeinada, que, helada de frío lleva una camiseta de su marido encima de su ropa, de la talla 5XL( que se dice pronto), acompañada por tres niños desnudos, con los pelos chorreando, de la mano, con una toalla encima, y un , digamos enorme señor, con un pantalón negro de chándal remangado hasta la rodilla, como único atuendo, cargados además con zapatos, cubos de playa, bolso, ropas mojadas en las manos...
Hubiera merecido la pena grabar los rostros de los allí presentes. Puntualizo que nadie se estaba bañando el día de los hechos. Doy por tanto inaugurada la temporada playera del 2012.

viernes, 9 de marzo de 2012

Un día cualquiera

6.50, suena el despertador. En mi cama hay un ser femenino, que parecía profundamente dormido, pero que no ha parado, durante toda la noche, de realizar todos aquellos movimientos que, por desgracia, no realiza en clase de piscina (siempre me pilla en la peor parte del sueño, no encontrándome capacitada, cuando me pregunta: mami, ¿puedo dormir contigo?, para llevarla a su cama, y que allí disfrute ella solita de tan insistentes y torturadores movimientos).
Con el mayor sigilo, me dirijo hacia la cocina para intentar desayunar antes de que aparezcan las bestias, cosa que casi nunca ocurre...
 Después de unos puntos suspensivos, salgo de casa hacia mi apasionante y agradecido trabajo. De camino, una de las máquinas del Ayuntamiento, de esas que atacan a la gente por la calle, arrojándoles agua, polvo y objetos, irrumpe en mi recorrido, teniendo que desviarme. En breve, noto cómo mis zapatos se hunden en el barro (creo que el día no está empezando lo bien que debiera, aunque a lo mejor, esto es sólo una apreciación personal), volviendo al camino inicial, antes de que la gigantesca aspiradora me ataque por la espalda.
A la altura del parque, el barrendero "amigo", se interesa, como siempre, por mis turnos de trabajo, intentando decirme algo que me haga sonreir ( ¿sabrá su jefe que habla más que barre?).
Al llegar a mi destino, comienza una jornada con algunas urgencias hospitalarias que ni el mismísimo House sería capaz de resolver: "mi amiga me ha dado una pastilla para abortar, de las que ella usa habitualmente, y, cuatro meses después, viendo que no me viene la regla, acudo a un hospital, señoras y señores, para solicitar la explicación científica de lo que me puede estar ocurriendo..."o del tipo: "tengo granos en la cara más de un año" o " firmeme un justificante con la enfermedad que usted quiera, que no tengo, desde luego, porque no he ido a hacer el exámen de conducir y me penalizan...". A veces pienso que estoy trabajando en un supermercado.
Sin comer, corriendo de nuevo a casa, para echarme al esófago unas cuantas viandas, guardar ropa planchada, preparar las meriendas e ir al cole a recibir a mis maravillosos hijos y sus habituales notificaciones de las agendas: el mayor ha vuelto a enseñar el culo en la clase de gimnasia, la mediana ha recibido un punto rojo por escupir a una compañera en clase, y , la pequeña, que no por ello menos perversa, sale con un enorme cuento en la mano que no es suyo , tras haber convencido a la profesora de que sí lo era...