Creo que me había quedado por los deberes.
El asunto manda cojones, pero de los gordos, porque este tema no es: ¡qué bien, que hacen los deberes en un momentito y al parque!, no, nada de eso.
Para resumir, la mediana, a pesar de que se dedican a chincharse , quieren los mismos colores u otros que no existen, y a que comete algún pequeño fallo, termina de modo bastante hacendoso la primera.
Pero esto no ocurre ni de lejos con los otros dos perturbados mentales.
El mayor se empeña en que no sabe lo que le preguntan los enunciados, además de hacer la letra más cochina del mundo, enfadarse cuando le borro continuamente, y preguntarlo todo a la misma vez que las otras dos, por lo que el café que me tomo previo al evento, me altera de tal modo, que me tiraría por la ventana, de no ser porque se trata de un primer piso, y ver a una tía en bragas, despeinada, sucia de la playa, que no duerme nada bien, tirada en el suelo de la calle, doliéndose de alguna parte, es un espectáculo más que triste, esperpéntico, por lo que prefiero llamar al director general, para que se atrinchere con ellos y deponga su siesta para encabronarse conmigo y sus adorables nenes.
La peor con diferencia es la pequeña, que empieza a decir que se mea, a tirar el lápiz al suelo, alegando que se le cae (mentiraaaaaa), a decir que está cansada, a salirse de los trazos simples que debe hacer, a llorar y moquear y sudar cuando empezamos a borrarle y a hablarle en tonos discordantes, terminando finalmente dos hojas en más de una hora larga, y con un nivel de estrés paterno digamos, bastante importante.
Si le gustará poco el tema deberes, que, hoy Domingo me ha preguntado: ¿ y los deberes?, y tras contestarle que hoy descansábamos, le ha cambiado la cara y me ha abrazado con un ¡gracias mami!.
Después llega el baño (no tengo ganas de describir otra lucha, os la imagináis, con pelos enredados incluidos y dilemas por la ropa elegida por la madre)... Y al parque, donde juegan un rato previo a la cena.
Si cenamos en casa, están controlados, pero si cometemos el error de salir, os remito al episodio donde relaté una comida fuera de casa, que a mí me gusta especialmente, porque describe con realismo crudo y absoluto lo que es llevarlos a comer.
Encima, últimamente les ha dado por entrevistar a todos los camareros y gente de las mesas colindantes, hasta que se enteran de todo lo habido y por haber de sus vidas, incluyendo en el repertorio decir cómo nos llamamos todos y qué edades tenemos, cosa que a mí no termina de convencerme, no porque pretenda ocultarle a nadie mi edad, sino porque lo considero del todo improcedente.
La otra noche, además, la pequeña, decidió que ya era hora, y en un segundo de descuido, se empinó la botella de Heineken del padre, dándole un buen trago. Claro que de inmediato sintió en su preciosa boca un, diríamos bofetón, que le hizo echarlo todo de golpe sobre su vestido floral.
Así que sabemos, en resumen, los nombres y situación familiar de todos los camareros de la zona.
Además, también conocemos a gran parte de los gays, porque van todos a mi gimnasio, y en la playa, todos saben los nombres de mis hijos, porque no hacemos más que llamarlos continuamente al orden. Continuará o no...
Por cierto, lo del título, para quienes no la hayan visto, hace referencia a una película en la que todos los días son iguales, una y otra vez...
domingo, 15 de julio de 2012
domingo, 8 de julio de 2012
El día de la marmota 1 parte
Siete de la mañana de todo el mes: (y desgraciadamente, no creo que cambien las tornas) aparecen, principalmente la mediana, seguida en breve por el pelotón de ataque y se acaba el sueño, de todas formas perturbado por el apasionante mundo de las gaviotas.
Hablemos de las gaviotas en primer lugar, ese animal cuyas impresionantes cagadas pueblan la zona, y que, entre las cinco y media y las seis, me despiertan todos los días puntuales para charlar de sus cosas. Porque los sonidos que emiten, aparte de intensos, parecen conversaciones. Muchas usan determinados soniquetes muy parecidos entre sí, mientras otras comentan cosas distintas, a la vez que los últimos grupos chillan disconformes con las apreciaciones previas.
El caso es, digamos, fastidiarme, porque al jefe no le inmutan lo más mínimo, aunque lo niegue, alegando que los mosquitos no le dejan dormir, y por eso cuando coge el sueño, no lo suelta...
Como siempre, no consigo atender a la vez todos los requerimientos de tipos de tostada, temperatura de las leches, colores de las pajas, peleas por la ubicación correcta de cada uno en la mesa, y acabo con mis tostadas calcinadas ( con el INRI de la pequeña indicándome que debo comprar una tostadora nueva, que esta quema las tostadas) y el padre apareciendo por la puerta ante la alarma de mis chillidos. Se los lleva a los tres a la playa (por lo que sus amigos dicen que el plan es "cojonudo" para mi persona), pero yo no sería capaz de afirmar tanto, cuando lo que me quedo haciendo es limpiar, comprar, cambiar camas meadas (en la siesta también, porque entre la sopa y la sandía, ya se sabe...), lavar, tender, hacer la comida, fregar el suelo (¿no era esto del cuento de Cenicienta?), porque el hada no aparece, la hija puta. Debe andar por ahí, con algún Senegalés...
Y en cuanto puedo, a la playa, que a veces llego en el momento de la recogida, y si llego antes, hay medusas coloraditas de lo más monas, para disuadirme de mi interés por el refresco corporal.
Por cierto, para tranquilidad de mis lectores, este año, están cagando y meando menos en la playa, y, de todos modos, no hay cartón de indigente. Ha debido desplazarse a otra ubicación más placentera. Todos los días, lucha para enjuagarles los pies, y por conseguir llegar a casa.
Tras la comida, la siesta. La siesta consiste en que el padre les grite una y otra vez que a dormir, y se acueste, durmiéndose él, pero que lo hagan sus lechones, eso es otro cantar. Si lo hacen algún día, por agotamiento inesperado, como dije antes, camas meadas. Aunque no es lo habitual. Tras un pequeño paréntesis en el que me hacen creer que voy a descansar, e incluso a veces, consigo medio dormirme, empiezan a trajinar. El mayor se dedica a escribir notas tamaño folio del tipo: ¡¡¡Estoy harto de tí!!! (a quién se referirá?), a arrancar hojas de papel de una libreta, y a hacer sobres,¿para mandarle cartas a alguien?, los cuales pega con papel celo, haciendo un ruido tremendo, y utilizando un cúter lleno de óxido que todavía no sé de dónde lo sacó; o bien se alía con las hermanas, para, hablando flojito, eso sí, encerrarse en una de las habitaciones, tirando cosas al suelo, corriendo muebles para atrincherarlos contra la puerta...por lo que finalizan esta franja horaria castigados, haciendo deberes, y yo cabreada de lo más...Continuará.
Hablemos de las gaviotas en primer lugar, ese animal cuyas impresionantes cagadas pueblan la zona, y que, entre las cinco y media y las seis, me despiertan todos los días puntuales para charlar de sus cosas. Porque los sonidos que emiten, aparte de intensos, parecen conversaciones. Muchas usan determinados soniquetes muy parecidos entre sí, mientras otras comentan cosas distintas, a la vez que los últimos grupos chillan disconformes con las apreciaciones previas.
El caso es, digamos, fastidiarme, porque al jefe no le inmutan lo más mínimo, aunque lo niegue, alegando que los mosquitos no le dejan dormir, y por eso cuando coge el sueño, no lo suelta...
Como siempre, no consigo atender a la vez todos los requerimientos de tipos de tostada, temperatura de las leches, colores de las pajas, peleas por la ubicación correcta de cada uno en la mesa, y acabo con mis tostadas calcinadas ( con el INRI de la pequeña indicándome que debo comprar una tostadora nueva, que esta quema las tostadas) y el padre apareciendo por la puerta ante la alarma de mis chillidos. Se los lleva a los tres a la playa (por lo que sus amigos dicen que el plan es "cojonudo" para mi persona), pero yo no sería capaz de afirmar tanto, cuando lo que me quedo haciendo es limpiar, comprar, cambiar camas meadas (en la siesta también, porque entre la sopa y la sandía, ya se sabe...), lavar, tender, hacer la comida, fregar el suelo (¿no era esto del cuento de Cenicienta?), porque el hada no aparece, la hija puta. Debe andar por ahí, con algún Senegalés...
Y en cuanto puedo, a la playa, que a veces llego en el momento de la recogida, y si llego antes, hay medusas coloraditas de lo más monas, para disuadirme de mi interés por el refresco corporal.
Por cierto, para tranquilidad de mis lectores, este año, están cagando y meando menos en la playa, y, de todos modos, no hay cartón de indigente. Ha debido desplazarse a otra ubicación más placentera. Todos los días, lucha para enjuagarles los pies, y por conseguir llegar a casa.
Tras la comida, la siesta. La siesta consiste en que el padre les grite una y otra vez que a dormir, y se acueste, durmiéndose él, pero que lo hagan sus lechones, eso es otro cantar. Si lo hacen algún día, por agotamiento inesperado, como dije antes, camas meadas. Aunque no es lo habitual. Tras un pequeño paréntesis en el que me hacen creer que voy a descansar, e incluso a veces, consigo medio dormirme, empiezan a trajinar. El mayor se dedica a escribir notas tamaño folio del tipo: ¡¡¡Estoy harto de tí!!! (a quién se referirá?), a arrancar hojas de papel de una libreta, y a hacer sobres,¿para mandarle cartas a alguien?, los cuales pega con papel celo, haciendo un ruido tremendo, y utilizando un cúter lleno de óxido que todavía no sé de dónde lo sacó; o bien se alía con las hermanas, para, hablando flojito, eso sí, encerrarse en una de las habitaciones, tirando cosas al suelo, corriendo muebles para atrincherarlos contra la puerta...por lo que finalizan esta franja horaria castigados, haciendo deberes, y yo cabreada de lo más...Continuará.
sábado, 7 de julio de 2012
Aerobic
Decidida a mejorar mi calidad de vida, y gracias a mi Christian Grey particular (pero avainillado, desde luego...)me he apuntado a aerobic.
Cualquier excusa es buena para desprenderme de mi "gran carga triple", siendo lo de menos hacer ningún tipo de deporte, para el que, desde luego, no estoy preparada, ni creo que lo esté nunca.
El caso es que me voy de casa, durante una hora, en número de tres veces por semana, y hoy he ido a mi primera clase.
La dueña, una profesora de baile de mediana edad, con la academia llena de fotos de sus actuaciones y sus dos hijos pequeños, mareando por allí (lo mío no debe ser librarme de los infantes en ningún lugar). Aunque no ha sido ella la que ha dado la clase, sino un sucedáneo de Rambo, pantalones cortos, gafas, calentadores (hacía años que no los veía de moda... y menos en verano, con el calor que hace), y pañuelo atado a la frente, cuya apariencia ha resultado engañosa, pues se movía con tal gracia y soltura, que no he sido capaz de seguirle, por torpe, por descoordinada, por asfixiada...
La coleta se me ha medio deshecho, mientras sudaba sin saber muy bien por qué, puesto que mi cerebelo no me ha dado tregua, no pudiendo mover a la vez las piernas al son de los brazos, eligiendo en cada ocasión qué movía, aparte de ir parando continuamente para no tener que ser asistida.
Para arreglarlo, ha llegado a media clase otro caballero, con un atuendo, para mi modesto gusto algo extraño: camiseta de tirantes blanca con agujeritos de las llamadas"elásticas", sin las que nuestros padres y abuelos no podían vivir, estupendas para cualquier momento del año, y como parte de abajo un calzoncillo tipo bóxer, de los ajustados, blanco, medio transparente, que dejaba ver por el culo un hilo que debía ser de un tanga también blanco, supongo que para sujetar con màs firmeza determinadas partes.
En mi apuro deportivo no he podido dejar de pensar en pagarle un personal shopper, porque lo necesitaba más que otros muchos sin duda alguna, mientras me planteaba cual de los dos era más Friki, si él, que seguía bien la clase o yo...
En casa, todos me esperaban con anhelo, para que les explicara qué había hecho mami, y las chicas me han hecho prometerles, que cuando fueran mayores, podrían ir a clase conmigo (como si fuera a ir yo más veces en mi vida)...
En casa, todos me esperaban con anhelo, para que les explicara qué había hecho mami, y las chicas me han hecho prometerles, que cuando fueran mayores, podrían ir a clase conmigo (como si fuera a ir yo más veces en mi vida)...
viernes, 29 de junio de 2012
Ya estoy de vacaciones
Sí, hasta Agosto, estamos de vacaciones.
Vacaciones, cuyo significado podréis buscar en la Wikipedia encontrando lo siguiente: período de tiempo variable, en el que no hay colegio, aunque se sigan levantando a las siete de la mañana los acuestes a la hora que los acuestes, encerrados en casa todo el día, gritando, peleando, chinchando, volviendo a gritar, sin parar de hablar un momento, revolcándose por los sofás, saltando por las camas, pegándose, arañándose, cagando cuando la mamá intenta desayunar las tostadas ya frías, pidiendo agua todos si me intento sentar a comer, desobedeciendo cada segundo de sus existencias, no escuchando nada de lo que se les dice, o bien, como segunda opción, saliendo gratis a la sauna Finlandesa de los spas más prestigiosos, notando un bajón de tensión al intentar andar a 45 grados a la sombra mientras continúas gritando a niños que no miran al cruzar por la calle, o que lloran todo el día sin parar, en espera de una buena tunda.
¿Será mejor la semana que viene, cuando nos vayamos a la playa, y desplacemos el procedimiento unos kilómetros al sur?. ¡Que se preparen los indigentes! (léanse capítulos previos de mi vida...).
Para terminar de arreglarlo, hemos montado una ONG pajaril, y todo aquel pájaro, estuviera desvalido o no, que estando en la calle, es susceptible de ser atrapado por humanos no demasiado ágiles en sus movimientos, acaba en una jaula-orfanato, alimentado cada dos horas a jeringuillazos con los más avanzados productos según raza y características del bicho.
De este modo, aquí la capulla integral, ha preparado, entre medias de lo descrito en el término vacaciones, varias papillas, para que estuvieran recientes, para dos gorriones, uno medio moribundo, y para un híbrido entre gorrión y hormiga, pequeño de tamaño, pero piador nato, superando a mis hijos en continuidad y en intensidad del piar...
Por supuesto, mi muy cercano a exmarido segundo, de guardia una vez más.
Desde luego, esto no es todo. Correspondería a un día de lo más normal...
Para apretarme más las tuercas, y por si tenía poco con la, menos mal que pequeña quemadura de 2º grado en pecho de la menor el día de San juan, al desoir cualquier consejo acerca de la correcta utilización de las bengalas ( más de 9567 explicaciones previas); hoy, el mayor, mientras lloraba, ¡cómo no!, intentando explicarnos a mi suegra y a mí, por qué las hermanas no le dejaban jugar a un juego que era suyo, ha decidido, ni corto ni perezoso, y de nuevo, sin motivo aparente, depositar su huella dactilar en la plancha, por supuesto recién apagada y calentita, para que de mayor, no consigan cazarlo las brigadas policiales cuando delinca...
Tal es mi desesperación con ellos, que, mientras mi suegra le sumergía el dedo en vinagre, yo, he pensado que no me iba a quedar también sin tomarme mi café con leche, y he seguido mojando galletas compulsivamente en la taza, en un intento de evasión de mi devenir, sin querer plantearme qué ha pensado esa malvada criatura en el momento de los hechos, porque ni siquiera creo que le sirva de escarmiento, ya que pertenecen a un nivel mucho más sofisticado y perverso...
Vacaciones, cuyo significado podréis buscar en la Wikipedia encontrando lo siguiente: período de tiempo variable, en el que no hay colegio, aunque se sigan levantando a las siete de la mañana los acuestes a la hora que los acuestes, encerrados en casa todo el día, gritando, peleando, chinchando, volviendo a gritar, sin parar de hablar un momento, revolcándose por los sofás, saltando por las camas, pegándose, arañándose, cagando cuando la mamá intenta desayunar las tostadas ya frías, pidiendo agua todos si me intento sentar a comer, desobedeciendo cada segundo de sus existencias, no escuchando nada de lo que se les dice, o bien, como segunda opción, saliendo gratis a la sauna Finlandesa de los spas más prestigiosos, notando un bajón de tensión al intentar andar a 45 grados a la sombra mientras continúas gritando a niños que no miran al cruzar por la calle, o que lloran todo el día sin parar, en espera de una buena tunda.
¿Será mejor la semana que viene, cuando nos vayamos a la playa, y desplacemos el procedimiento unos kilómetros al sur?. ¡Que se preparen los indigentes! (léanse capítulos previos de mi vida...).
Para terminar de arreglarlo, hemos montado una ONG pajaril, y todo aquel pájaro, estuviera desvalido o no, que estando en la calle, es susceptible de ser atrapado por humanos no demasiado ágiles en sus movimientos, acaba en una jaula-orfanato, alimentado cada dos horas a jeringuillazos con los más avanzados productos según raza y características del bicho.
De este modo, aquí la capulla integral, ha preparado, entre medias de lo descrito en el término vacaciones, varias papillas, para que estuvieran recientes, para dos gorriones, uno medio moribundo, y para un híbrido entre gorrión y hormiga, pequeño de tamaño, pero piador nato, superando a mis hijos en continuidad y en intensidad del piar...
Por supuesto, mi muy cercano a exmarido segundo, de guardia una vez más.
Desde luego, esto no es todo. Correspondería a un día de lo más normal...
Para apretarme más las tuercas, y por si tenía poco con la, menos mal que pequeña quemadura de 2º grado en pecho de la menor el día de San juan, al desoir cualquier consejo acerca de la correcta utilización de las bengalas ( más de 9567 explicaciones previas); hoy, el mayor, mientras lloraba, ¡cómo no!, intentando explicarnos a mi suegra y a mí, por qué las hermanas no le dejaban jugar a un juego que era suyo, ha decidido, ni corto ni perezoso, y de nuevo, sin motivo aparente, depositar su huella dactilar en la plancha, por supuesto recién apagada y calentita, para que de mayor, no consigan cazarlo las brigadas policiales cuando delinca...
Tal es mi desesperación con ellos, que, mientras mi suegra le sumergía el dedo en vinagre, yo, he pensado que no me iba a quedar también sin tomarme mi café con leche, y he seguido mojando galletas compulsivamente en la taza, en un intento de evasión de mi devenir, sin querer plantearme qué ha pensado esa malvada criatura en el momento de los hechos, porque ni siquiera creo que le sirva de escarmiento, ya que pertenecen a un nivel mucho más sofisticado y perverso...
domingo, 17 de junio de 2012
Sin motivo aparente
Mientras me bebo un zumo de arándanos del Ikea, fresco, manchándome el camisón al intentar repelar el final, empujando, el cubito de hielo los restos de fruta hacia mi persona y vestimenta; releo la agenda del colegio del primogénito : " ha traído hoy a clase una cebolla, sin motivo aparente. Además, se ha echado , en clase, agua de su botella por la cabeza".
Analicemos el hecho en sí. Porque cualquier explicación dada por el infante para aclarar el tema a debate, sería por mí despreciada como falsa y perturbada.
¿Qué motivo puede ser el aparente, como indica el profesor, para que un individuo se lleve, a escondidas de sus abuelas ( que eran las responsables, porque yo volvía ese citado día de mi guardia), una cebolla a clase?. A mí no se me ocurre ninguno razonable, y no razonable, tampoco.
El pobre hombre sospechó que algo ocurría, cuando la clase entera comenzó a oler a cebolla. No le costó detectar al culpable, que escondía la cebolla, despedazada, en su babi.
A cada uno que le preguntaba, le contaba una historia diferente. En mi caso la respuesta fue: "es que quería enseñarles a cocinar..."
En ese caso, tendré que contactar con Carlos Arguiñano, que se está perdiendo a uno de sus mejores pinches. Eso, e impedirle a mi suegra que lo coloque a su lado mientras cocina, que según parece, no le sienta demasiado bien.
Pensamos que la mediana, sabía algo del tema, por lo que espero el momento para citarlos a los tres y que me oferten una aclaración conjunta, que creo , si la grabara, sería lider de audiencia en youtube.
Por otra parte , el problema del agua sobre la cabeza es mucho más razonable. Hace mucho calor en la ciudad en la que nos encontramos, y, en un momento determinado, tal acto no sería considerado vil ni deplorable, sino, por el contrario, imprescindible llegado el caso.
Pero abramos la agenda de nuevo y veamos lo que pone al azar varios días:
Martes: "A la hora del comedor, se le ha dicho que no juegue al sol, por el calor que hacía, y no ha hecho caso, a pesar de las numerosas advertencias". Qué raro, que mi hijo desobedezca...
Miércoles: "Se ha portado mal. Además, marranea un libro corrigiéndoselo él mismo sin permiso. Un saludo".
Viernes: "Se ha portado fatal en la clase de Inglés con la lectura. No hace caso a nada".
Miércoles de varias semanas antes: "Últimamente se está portando fatal". ¿Cómo que últimamente, pero es que se ha portado bien en algún momento del año?.Supongo que el pobre profesor ya no sabe ni qué manisfestarme en sus desesperadas notas.
Espero que el mes de vacaciones, consiga recuperarse y no decida abandonar la enseñanza...
Analicemos el hecho en sí. Porque cualquier explicación dada por el infante para aclarar el tema a debate, sería por mí despreciada como falsa y perturbada.
¿Qué motivo puede ser el aparente, como indica el profesor, para que un individuo se lleve, a escondidas de sus abuelas ( que eran las responsables, porque yo volvía ese citado día de mi guardia), una cebolla a clase?. A mí no se me ocurre ninguno razonable, y no razonable, tampoco.
El pobre hombre sospechó que algo ocurría, cuando la clase entera comenzó a oler a cebolla. No le costó detectar al culpable, que escondía la cebolla, despedazada, en su babi.
A cada uno que le preguntaba, le contaba una historia diferente. En mi caso la respuesta fue: "es que quería enseñarles a cocinar..."
En ese caso, tendré que contactar con Carlos Arguiñano, que se está perdiendo a uno de sus mejores pinches. Eso, e impedirle a mi suegra que lo coloque a su lado mientras cocina, que según parece, no le sienta demasiado bien.
Pensamos que la mediana, sabía algo del tema, por lo que espero el momento para citarlos a los tres y que me oferten una aclaración conjunta, que creo , si la grabara, sería lider de audiencia en youtube.
Por otra parte , el problema del agua sobre la cabeza es mucho más razonable. Hace mucho calor en la ciudad en la que nos encontramos, y, en un momento determinado, tal acto no sería considerado vil ni deplorable, sino, por el contrario, imprescindible llegado el caso.
Pero abramos la agenda de nuevo y veamos lo que pone al azar varios días:
Martes: "A la hora del comedor, se le ha dicho que no juegue al sol, por el calor que hacía, y no ha hecho caso, a pesar de las numerosas advertencias". Qué raro, que mi hijo desobedezca...
Miércoles: "Se ha portado mal. Además, marranea un libro corrigiéndoselo él mismo sin permiso. Un saludo".
Viernes: "Se ha portado fatal en la clase de Inglés con la lectura. No hace caso a nada".
Miércoles de varias semanas antes: "Últimamente se está portando fatal". ¿Cómo que últimamente, pero es que se ha portado bien en algún momento del año?.Supongo que el pobre profesor ya no sabe ni qué manisfestarme en sus desesperadas notas.
Espero que el mes de vacaciones, consiga recuperarse y no decida abandonar la enseñanza...
viernes, 18 de mayo de 2012
Los nenes
Las criaturas van evolucionando y creciendo, como los Tamagochis, aunque, por supuesto, dando muchos más problemas y quehaceres que la susodicha maquinita, que por cierto, no sé ya si existe siquiera.
Como anécdotas de la semana, la pequeña anda diciendo que nació en un restaurante, con lo que no me queda claro qué opina acerca del parto y sus consecuencias... y si sabe acaso lo que es un hospital (tengo en tareas pendientes explicárselo todo).
La mediana, sigue tan zalamera como siempre, y consigue allá dónde va todo lo que quiere. Ayer, se le cayó por el suelo un pulpo verde que se resbala por los cristales denominado "Walkie Wally" o algo así, y en un momento, paralizó todo el tráfico con sus gritos y ruegos, hasta bajando los conductores las ventanillas para ver qué pasaba, procediendo yo, con premura, a coger el muñeco y salir huyendo prontamente como madre atormentada y señalada que soy...
Hoy, para que le siguiera cantando para dormirse me ha dicho sin pensárselo: es que tienes una voz preciosa... Yo he meditado momentáneamente: ¿ cómo se puede ser tan mentirosa?, aunque le vendrá bien para la vida real...
El otro día, entre las dos hermanas, extorsionaron a un pobre niño y su abuelo, que habían traído un cachorro de gato al parque, para cogerlo ellas, y conseguir que el gato se escapara y se subiera a los entresijos de los bajos de un coche, sin volver a saberse de él, por lo menos mientras yo salía pitando con ellas de allí, agarrándolas de los pelos, para que el abuelo no nos diera a todas con el bastón, y acabara , por fin, con nuestro sufrimiento.
Espero que el buen hombre o ese niño aturdido por mis hijas, no se acuerden de nosotras...
Por su parte, el mayor, merece esta semana una mención especial, porque, y sin que sirva de precedente, por primera vez en todo el calendario de su historia laboral, el profesor le ha escrito: "genial", y "muy bien" tres días seguidos, refiriéndose a su comportamiento en clase.
El calor le debe haber derretido el cerebro, pero aprovecharemos la racha, a ver si dura, y mientras tanto, está teniendo todos los parabienes existentes.
Además, la criatura come estupendamente de todo, tanto es así, que ayer, su padre rechazó una tortilla francesa de espinacas y manzanas , ideada por su amada madre, y el chiquillo, ni corto ni perezoso dijo en la mesa: no te preocupes abuela, dámela a mí, yo sí tengo el valor de probarla...( todos nos reímos , porque "tuvo el valor", y se la comió sin rechistar, así como todo lo comestible del planeta, que un día saldrá la tenia que debe tener escondida de paseo, gorda como una pitón...)
Salir con ellos a la calle o a cualquier local público, sigue siendo igual de ruinoso mental.
Hoy hemos entrado por la tarde en una cafetería con el objeto de que se tomaran un granizado de limón.
Se han sentado, lo han pedido, y ha comenzado el turno de ruegos y preguntas parlamentario: por favor señora, ¿podría ponerlos en un vaso de plástico, que estos los rompemos?, por favor, ¿nos da pajas?. Tenemos sed, ¿nos podría dar un vaso de agua?. Señora, me podría dar una cucharita para comerme el hielito?. ¡Yo quiero esa paja rosa y no la que tengo! ( la hermana igual, claro...). La camarera me miraba ya con cara de : ¿con todas las cafeterías que hay en el mundo, habéis tenido que entrar en esta?, por lo que he pagado, y sin terminar la pequeña de sorber su merienda, nos hemos dirigido hacia el parque, donde la mediana, ha aprovechado un descuido, para arrancar una cantidad considerable de flores y de unos matojos que consideraba "trigo", y ha venido corriendo y proclamando que había cogido mucho trigo para hacer pan y tortas.
Tortas, hija mía, las que te voy a dar, he pensado, pero, por el bien del conjunto, he aguantado un rato para que jugaran y se cansaran para la noche, gracias a lo cual, os puedo escribir ahora estas líneas.
Como anécdotas de la semana, la pequeña anda diciendo que nació en un restaurante, con lo que no me queda claro qué opina acerca del parto y sus consecuencias... y si sabe acaso lo que es un hospital (tengo en tareas pendientes explicárselo todo).
La mediana, sigue tan zalamera como siempre, y consigue allá dónde va todo lo que quiere. Ayer, se le cayó por el suelo un pulpo verde que se resbala por los cristales denominado "Walkie Wally" o algo así, y en un momento, paralizó todo el tráfico con sus gritos y ruegos, hasta bajando los conductores las ventanillas para ver qué pasaba, procediendo yo, con premura, a coger el muñeco y salir huyendo prontamente como madre atormentada y señalada que soy...
Hoy, para que le siguiera cantando para dormirse me ha dicho sin pensárselo: es que tienes una voz preciosa... Yo he meditado momentáneamente: ¿ cómo se puede ser tan mentirosa?, aunque le vendrá bien para la vida real...
El otro día, entre las dos hermanas, extorsionaron a un pobre niño y su abuelo, que habían traído un cachorro de gato al parque, para cogerlo ellas, y conseguir que el gato se escapara y se subiera a los entresijos de los bajos de un coche, sin volver a saberse de él, por lo menos mientras yo salía pitando con ellas de allí, agarrándolas de los pelos, para que el abuelo no nos diera a todas con el bastón, y acabara , por fin, con nuestro sufrimiento.
Espero que el buen hombre o ese niño aturdido por mis hijas, no se acuerden de nosotras...
Por su parte, el mayor, merece esta semana una mención especial, porque, y sin que sirva de precedente, por primera vez en todo el calendario de su historia laboral, el profesor le ha escrito: "genial", y "muy bien" tres días seguidos, refiriéndose a su comportamiento en clase.
El calor le debe haber derretido el cerebro, pero aprovecharemos la racha, a ver si dura, y mientras tanto, está teniendo todos los parabienes existentes.
Además, la criatura come estupendamente de todo, tanto es así, que ayer, su padre rechazó una tortilla francesa de espinacas y manzanas , ideada por su amada madre, y el chiquillo, ni corto ni perezoso dijo en la mesa: no te preocupes abuela, dámela a mí, yo sí tengo el valor de probarla...( todos nos reímos , porque "tuvo el valor", y se la comió sin rechistar, así como todo lo comestible del planeta, que un día saldrá la tenia que debe tener escondida de paseo, gorda como una pitón...)
Salir con ellos a la calle o a cualquier local público, sigue siendo igual de ruinoso mental.
Hoy hemos entrado por la tarde en una cafetería con el objeto de que se tomaran un granizado de limón.
Se han sentado, lo han pedido, y ha comenzado el turno de ruegos y preguntas parlamentario: por favor señora, ¿podría ponerlos en un vaso de plástico, que estos los rompemos?, por favor, ¿nos da pajas?. Tenemos sed, ¿nos podría dar un vaso de agua?. Señora, me podría dar una cucharita para comerme el hielito?. ¡Yo quiero esa paja rosa y no la que tengo! ( la hermana igual, claro...). La camarera me miraba ya con cara de : ¿con todas las cafeterías que hay en el mundo, habéis tenido que entrar en esta?, por lo que he pagado, y sin terminar la pequeña de sorber su merienda, nos hemos dirigido hacia el parque, donde la mediana, ha aprovechado un descuido, para arrancar una cantidad considerable de flores y de unos matojos que consideraba "trigo", y ha venido corriendo y proclamando que había cogido mucho trigo para hacer pan y tortas.
Tortas, hija mía, las que te voy a dar, he pensado, pero, por el bien del conjunto, he aguantado un rato para que jugaran y se cansaran para la noche, gracias a lo cual, os puedo escribir ahora estas líneas.
martes, 8 de mayo de 2012
La cita
Hoy, tras pasar ayer un día de lo más, diríamos agotador, por cantidad de trabajo, añadido al fallo de los sistemas informáticos durante más de un par de horas, lo que incapacitó el correcto desarrollo de la labor asistencial...y por la asiduidad e ímpetu de las ambulancias que vinieron, algunas de ellas con diagnósticos inciertos (una señora Alzheimer, a la que no sabían si le pasaba algo o no, con un ECG "con el que no la podían dejar así en la casa", que era el suyo habitual...), hemos dejado a los niños en el colegio (ya hablaré de ellos un rato largo, que están en el culmen de sus carreras, pero el otro día lo intenté y se desconectó el aparato de internet, perdiéndose lo escrito...), y hemos acudido a nuestra cita.
Seis meses de impago absoluto, y de no arreglar absolutamente nada del chalet supuestamente alquilado, como se había pactado en un principio, terminaron con el abandono voluntario de las interfectas, (por llamarlas de algún modo sin llegar a aplicar el insulto), tras burofaxes y mensajes de correo electrónico precipitantes del hecho en sí.
La "señoras" dejaron la casa en tal estado que sólo documentos fotográficos podrían describir lo allí presenciado: muebles viejos, eternamente sucios y corrompidos, malolientes, llenos de ropas arrugadas, usadas, papeles dibujados y rotos, colillas, pendientes sin pareja, cagadas de gatos, moscas sobrevolando toda la casa, sin saber dónde posarse en busca del hedor manifiesto, vajilla enmohecida con restos que se remontan a los tiempos de la Sábana Santa, pañuelos de mocos dentro de radiocassetes, muñecas amputadas por todos los rincones, carros robados del Carrefour con flotadores, cables, sacos de cemento...
A la hora pactada, han aparecido, con un enorme camión, tres individuos aseados, cabezas rapadas, tatuajes al viento, raftas en la perilla, de diferentes nacionalidades y habla cortés, que en pos de la ayuda al drogadicto, han tenido el valor de llevarse, no más de la tercera parte de lo requerido para que cualquier ser vivo del planeta, quiera ver la casa, que está desde ahora de nuevo a la venta.
Eso sí, al entrar, se han mirado, y se han colocado unos guantes gordos, de esos para evitar que te muerdan los perros rabiosos, y han comenzado a decir al poco que les picaba todo el cuerpo.
Nosotros mientras, aprovechando el carro, hemos ido cogiendo, con otros guantes, y ayudados por un amigo , (que en plan " Mujeres al borde de un ataque de nervios" ha venido en moto a todo pijo, para no perderse el espectáculo), cosas del suelo y llevándolas al contenedor más cercano.
Un coche de la guardia civil paseaba por la zona, pero, en esta ocasión, y sin que sirva de precedente, no hemos tenido que disfrutar de su estupenda compañía... a pesar de la cojera de mi señor esposo, bastante sospechosa, por parecer que va cavando zanjas en el suelo al andar, de un par de días de evolución , sin antecedente traumático, eso sí...
Inmersos en la mierda más absoluta, y mientras mi marido, en un intento purificador, echaba lejía a todos los agujeros que encontraba por su camino, he oído: ¡por eso estaba por aquí la gata!, y tras subir unas escaleras, me he encontrado, en un cajón de un armario, sobre un enorme sujetador lleno de restos de sangre, a tres gatitos minúsculos, con los ojos cerrados y los cordones umbilicales secos, pero todavía pendiendo de sus panzitas. He movido el cajón para ver cuántas bajas había, pero tres bocas abiertas han comenzado a maullar.
Por un momento he pensado, ¿y que hago yo ahora con tres gatos en mi casa?. Pero ha querido el destino que la gata, a la que no le hemos debido gustar lo suficiente, los fuera cogiendo del cuello , uno a uno, sacándolos de la casa y llevándoselos a un lugar recóndito, para que nos pudieramos ir a comer tranquilos, tras la labor realizada en el domicilio, y no a una Farmacia, en busca de biberones, una vez más...
De camino al coche, una señora le contaba a otra: a mí me vas a decir de historia ginecológica... Se ve que la señora podía escribir un Quijote con sus quehaceres.
Con la comida en la boca, a recoger a los zagales, llevarlos a piscina, comprar, y súbitamente entrar en la peluquería para ver si les podían cortar el flequillo a las nenas, que ya no veían con los pelos dentro de los ojos...
Todo ha salido según lo planeado, y, por fin, después de un gran lapsus, escribo unas líneas sobre el día de hoy, que ya estaba bien de mantener a la audiencia en vilo. Un saludo.
Seis meses de impago absoluto, y de no arreglar absolutamente nada del chalet supuestamente alquilado, como se había pactado en un principio, terminaron con el abandono voluntario de las interfectas, (por llamarlas de algún modo sin llegar a aplicar el insulto), tras burofaxes y mensajes de correo electrónico precipitantes del hecho en sí.
La "señoras" dejaron la casa en tal estado que sólo documentos fotográficos podrían describir lo allí presenciado: muebles viejos, eternamente sucios y corrompidos, malolientes, llenos de ropas arrugadas, usadas, papeles dibujados y rotos, colillas, pendientes sin pareja, cagadas de gatos, moscas sobrevolando toda la casa, sin saber dónde posarse en busca del hedor manifiesto, vajilla enmohecida con restos que se remontan a los tiempos de la Sábana Santa, pañuelos de mocos dentro de radiocassetes, muñecas amputadas por todos los rincones, carros robados del Carrefour con flotadores, cables, sacos de cemento...
A la hora pactada, han aparecido, con un enorme camión, tres individuos aseados, cabezas rapadas, tatuajes al viento, raftas en la perilla, de diferentes nacionalidades y habla cortés, que en pos de la ayuda al drogadicto, han tenido el valor de llevarse, no más de la tercera parte de lo requerido para que cualquier ser vivo del planeta, quiera ver la casa, que está desde ahora de nuevo a la venta.
Eso sí, al entrar, se han mirado, y se han colocado unos guantes gordos, de esos para evitar que te muerdan los perros rabiosos, y han comenzado a decir al poco que les picaba todo el cuerpo.
Nosotros mientras, aprovechando el carro, hemos ido cogiendo, con otros guantes, y ayudados por un amigo , (que en plan " Mujeres al borde de un ataque de nervios" ha venido en moto a todo pijo, para no perderse el espectáculo), cosas del suelo y llevándolas al contenedor más cercano.
Un coche de la guardia civil paseaba por la zona, pero, en esta ocasión, y sin que sirva de precedente, no hemos tenido que disfrutar de su estupenda compañía... a pesar de la cojera de mi señor esposo, bastante sospechosa, por parecer que va cavando zanjas en el suelo al andar, de un par de días de evolución , sin antecedente traumático, eso sí...
Inmersos en la mierda más absoluta, y mientras mi marido, en un intento purificador, echaba lejía a todos los agujeros que encontraba por su camino, he oído: ¡por eso estaba por aquí la gata!, y tras subir unas escaleras, me he encontrado, en un cajón de un armario, sobre un enorme sujetador lleno de restos de sangre, a tres gatitos minúsculos, con los ojos cerrados y los cordones umbilicales secos, pero todavía pendiendo de sus panzitas. He movido el cajón para ver cuántas bajas había, pero tres bocas abiertas han comenzado a maullar.
Por un momento he pensado, ¿y que hago yo ahora con tres gatos en mi casa?. Pero ha querido el destino que la gata, a la que no le hemos debido gustar lo suficiente, los fuera cogiendo del cuello , uno a uno, sacándolos de la casa y llevándoselos a un lugar recóndito, para que nos pudieramos ir a comer tranquilos, tras la labor realizada en el domicilio, y no a una Farmacia, en busca de biberones, una vez más...
De camino al coche, una señora le contaba a otra: a mí me vas a decir de historia ginecológica... Se ve que la señora podía escribir un Quijote con sus quehaceres.
Con la comida en la boca, a recoger a los zagales, llevarlos a piscina, comprar, y súbitamente entrar en la peluquería para ver si les podían cortar el flequillo a las nenas, que ya no veían con los pelos dentro de los ojos...
Todo ha salido según lo planeado, y, por fin, después de un gran lapsus, escribo unas líneas sobre el día de hoy, que ya estaba bien de mantener a la audiencia en vilo. Un saludo.
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