He descubierto una cuartilla donde el mayor había escrito lo siguiente:
"Nombre de un niño"(no menciono nombres, para mantener la identidad secreta de todos los integrantes de las historias, como en Los Increíbles):
Tu trabajo será: traer botones y decir: botones en caja, por dos con treinta euros. También traer cajas de zapatos y cajas de botones vacías.
Firma del empresario Firma del empleado
Firma aquí...
Ante tal hallazgo, lo he llamado a declarar, para que me explicara, de modo que yo comprendiera, qué significaba semejante contrato.
Mientras me quito la tirita del dedo menique, porque me he cortado esta tarde con unos cristales, hecho que será motivo de la próxima historia, os introduzco algo en el tema de los botones, para que la trama que nos acontece se comprenda en todo su esplendor.
El profesor, les hizo llevar botones a clase, exactamente veinte cada uno, para decorar una postal de Navidad que tras rellenarla con preciosos pensamientos, luego siempre incumplidos, entregarían a los padres, al finalizar las clases y comenzar las preciadas "Vacaciones de Navidad"( ya sabemos preciadas para quién...).
Pues bien, aquí el Amancio Ortega dos, vió enseguida una oportunidad de oro, y se hizo con una gran cantidad de botones, donadas por los demás niños, espero que de modo bastante voluntario...
Seguidamente, los contrató mediante el documento arriba transcrito, y hasta les hizo una tarjeta de empleado a cada uno, consiguiendo que vendieran sus propios botones y le dieran a él el dinero, exactamente dos con cinco euros que tiene , según argumenta, en su pupitre.
En resumen, logra atesorar un montón de botones gratis, los clasifica, porque además cada tamaño tenía un precio, y los más grandes y "alucinantes" (según sus propias palabras), valían a un euro; contrata a varios empleados, consigue que le vendan los botones, y el tío se saca dos euros y medio, y todos tan contentos...Además, recuerda a la perfección los nombres de los incautos compradores.
Realmente me queda la duda de si debo corregirlo, o esperar a que me retire, que nunca se sabe...
sábado, 29 de diciembre de 2012
La manicura
El asunto ya lo he contado de palabra a mucha gente, por lo que puede que carezca de interés para el que ya lo sepa, pero a mí me sirve personalmente de recordatorio cuando lea todo esto dentro de un tiempo...
Estaba yo sola con mi suegra y los nenes un Sábado cualquiera de cualquier mes, porque siempre acertaríais con la fecha (no recuerdo a mi señor esposo en casa ningún fin de semana... tendrá que hacérselo ver) , y tras un día infausto, de tortura mental y física a cargo del capitán desquicio y sus dos viboritas, empecé a gritarles en la cena: que si no me dejaban vivir, y un largo ecétera sobre el mismo tema, cuando, en medio de mi desalentador discurso, interviene la mediana y me dice: ¡pues haberle hecho a papá la manicura y no nos hubieras tenido...!.
La manicura, señoras y señores, ahí lo llevas. Mi suegra y yo, empezamos a reírnos, y ella también al ver que había dicho algo gracioso, y el mayor, quiso puntualizar : sí, se refiere a eso de cortar las pelotas...
Por descontado, consideré de imperiosa necesidad explicarle a la niña lo que era exactamente la manicura, y la pedicura también, ya que estábamos, no fuera a ser que saliera el tema en otro lugar y se desencadenara un equívoco de grandes dimensiones.
Lo días por lo demás, transcurren con normalidad, con llamadas del cole porque el niño se ha caído en un charco y hay que cambiarle hasta los calzoncillos..., con continuas notificaciones sobre el mal comportamiento en todas las clases y ámbitos, a las que se ha sumado la mediana, para no ser menos que el hermano, que este año está encabezando la clasificación de puntos negros de su clase, con todos los que se pueden poner y alguno más...y encima, al ir colocada la primera de la lista por el apellido, y tener todos y cada uno de los demás niños de clase, todo puntos verdes, parece que el listado se dividiera en dos: el ángel del infierno, y las haditas del bosque...
La pequeña, contesta a todo que "una eme", refiriéndose a mierda, claro, y además de imitar básicamente a su hermano, ha despegado unas pegatinas que yo le había puesto en su cama, para que luciera más bonita, con tan mala fortuna, que tras colocarlas por su cuenta, la ratita bailarina, yacía sin cabeza, la mariquita había perdido su color, las mariposas no revoloteaban por las flores "arrugadas", sino fuera de la madera, y al darse cuenta de que lo he descubierto, por primera vez en la historia, ha agachado la cabeza, y se ha metido sola en la cama, sin cuento, ni beso, ni nada de nada, durmiéndose tristemente con un libro abrazado...
Mañana, con toda seguridad, destrozará las que quedan sin estropear.
Estaba yo sola con mi suegra y los nenes un Sábado cualquiera de cualquier mes, porque siempre acertaríais con la fecha (no recuerdo a mi señor esposo en casa ningún fin de semana... tendrá que hacérselo ver) , y tras un día infausto, de tortura mental y física a cargo del capitán desquicio y sus dos viboritas, empecé a gritarles en la cena: que si no me dejaban vivir, y un largo ecétera sobre el mismo tema, cuando, en medio de mi desalentador discurso, interviene la mediana y me dice: ¡pues haberle hecho a papá la manicura y no nos hubieras tenido...!.
La manicura, señoras y señores, ahí lo llevas. Mi suegra y yo, empezamos a reírnos, y ella también al ver que había dicho algo gracioso, y el mayor, quiso puntualizar : sí, se refiere a eso de cortar las pelotas...
Por descontado, consideré de imperiosa necesidad explicarle a la niña lo que era exactamente la manicura, y la pedicura también, ya que estábamos, no fuera a ser que saliera el tema en otro lugar y se desencadenara un equívoco de grandes dimensiones.
Lo días por lo demás, transcurren con normalidad, con llamadas del cole porque el niño se ha caído en un charco y hay que cambiarle hasta los calzoncillos..., con continuas notificaciones sobre el mal comportamiento en todas las clases y ámbitos, a las que se ha sumado la mediana, para no ser menos que el hermano, que este año está encabezando la clasificación de puntos negros de su clase, con todos los que se pueden poner y alguno más...y encima, al ir colocada la primera de la lista por el apellido, y tener todos y cada uno de los demás niños de clase, todo puntos verdes, parece que el listado se dividiera en dos: el ángel del infierno, y las haditas del bosque...
La pequeña, contesta a todo que "una eme", refiriéndose a mierda, claro, y además de imitar básicamente a su hermano, ha despegado unas pegatinas que yo le había puesto en su cama, para que luciera más bonita, con tan mala fortuna, que tras colocarlas por su cuenta, la ratita bailarina, yacía sin cabeza, la mariquita había perdido su color, las mariposas no revoloteaban por las flores "arrugadas", sino fuera de la madera, y al darse cuenta de que lo he descubierto, por primera vez en la historia, ha agachado la cabeza, y se ha metido sola en la cama, sin cuento, ni beso, ni nada de nada, durmiéndose tristemente con un libro abrazado...
Mañana, con toda seguridad, destrozará las que quedan sin estropear.
martes, 11 de diciembre de 2012
Marraquech 2ª entrega y posteriores
Muchos días después, y mientras la pequeña no para de toser, acostada, tras contagiarnos a todos, los vecinos ven una película en la tele a más decibelios que el "Movie record" ese de los cines..., a pesar de haber fallecido todos los ancianos sordos que habitaban esa vivienda, y el señor de nuestra casa descansa una vez más en su lugar de trabajo, prosigo con mi relato.
Olvidé comentar un detalle importante en la anterior entrega, y es, que estuvimos a punto de perder el avión a la ida, porque las pantallas de información, poseídas por el engaño, nos indicaron una hora de embarque que distaba de ser la correcta, y cuando aparecimos en la puerta, una señora nos recomendó que corriéramos, que perderíamos el avión, que no era momento de quejarse: ¡corran,corran!... decía sin parar.
Yo, corrí escaleras abajo, y conseguí parar el autobús que se dirigía al avión, volviendo a acordarme en ese momento de la hipotética"multiaventura" contratada. Lo difícil fué intentar convencer a los encargados, de que mi marido necesitaba un poco más de tiempo para llegar, hasta que lo vieron aparecer, momento en el cual, ya no tuvieron duda de los motivos de su pequeña tardanza...
Los días transcurrieron con la serenidad de la que prescindimos habitualmente, paseando por las callejuelas llenas de cosas a la venta, comiendo y cenando comida árabe que nos encanta. Montando en dromedario...
Las noticias de casa, turbulentas, como siempre: la pequeña había cogido piojos.
En mi vida había visto ese modelo de insecto, y justo salimos de viaje y ocurre el evento. Tuvieron que lavar camas, toallas...
A la niña le impregnaron el pelo con una loción caducada para los efectos , y, encima, un gorro de piscina (he tenido el privilegio de ver documentos gráficos de lo descrito). Por supuesto tó Cristo se lavó con Filvit, hasta mi padre, que pasaba por allí, como aquel que dice...
Conocimos en el viaje a un dentista y su pareja (no sabemos si declarada o no, porque andaban demasiado acaramelados para tratarse de una relación establecida...), y a un torero y su apoderado, que claramente habían ido a una sola cosa ( no es tema a tratar en un blog para todas las edades).
En un momento, estábamos montados en el avión de vuelta, que por cierto, nos hicieron abandonar en una primera instancia, porque el capitán había detectado unos problemas "eléctricos".
No quise pensar en qué tipo de problemas podrían acaecerle al avión, y menos cuando nos montaron en el mismo una hora después, teniendo claro que no podían estar resueltos con toda seguridad, y que sólo el destino haría que no le pasara nada al avión...
Al volver, la rutina se instauró al segundo, los abuelos huyeron cojeando, dejando incluso enseres por el camino, y en un momento, los niños habían conseguido exasperarnos, como de costumbre. Lo suficiente para poder proclamar el famoso "hogar, dulce hogar..."
Olvidé comentar un detalle importante en la anterior entrega, y es, que estuvimos a punto de perder el avión a la ida, porque las pantallas de información, poseídas por el engaño, nos indicaron una hora de embarque que distaba de ser la correcta, y cuando aparecimos en la puerta, una señora nos recomendó que corriéramos, que perderíamos el avión, que no era momento de quejarse: ¡corran,corran!... decía sin parar.
Yo, corrí escaleras abajo, y conseguí parar el autobús que se dirigía al avión, volviendo a acordarme en ese momento de la hipotética"multiaventura" contratada. Lo difícil fué intentar convencer a los encargados, de que mi marido necesitaba un poco más de tiempo para llegar, hasta que lo vieron aparecer, momento en el cual, ya no tuvieron duda de los motivos de su pequeña tardanza...
Los días transcurrieron con la serenidad de la que prescindimos habitualmente, paseando por las callejuelas llenas de cosas a la venta, comiendo y cenando comida árabe que nos encanta. Montando en dromedario...
Las noticias de casa, turbulentas, como siempre: la pequeña había cogido piojos.
En mi vida había visto ese modelo de insecto, y justo salimos de viaje y ocurre el evento. Tuvieron que lavar camas, toallas...
A la niña le impregnaron el pelo con una loción caducada para los efectos , y, encima, un gorro de piscina (he tenido el privilegio de ver documentos gráficos de lo descrito). Por supuesto tó Cristo se lavó con Filvit, hasta mi padre, que pasaba por allí, como aquel que dice...
Conocimos en el viaje a un dentista y su pareja (no sabemos si declarada o no, porque andaban demasiado acaramelados para tratarse de una relación establecida...), y a un torero y su apoderado, que claramente habían ido a una sola cosa ( no es tema a tratar en un blog para todas las edades).
En un momento, estábamos montados en el avión de vuelta, que por cierto, nos hicieron abandonar en una primera instancia, porque el capitán había detectado unos problemas "eléctricos".
No quise pensar en qué tipo de problemas podrían acaecerle al avión, y menos cuando nos montaron en el mismo una hora después, teniendo claro que no podían estar resueltos con toda seguridad, y que sólo el destino haría que no le pasara nada al avión...
Al volver, la rutina se instauró al segundo, los abuelos huyeron cojeando, dejando incluso enseres por el camino, y en un momento, los niños habían conseguido exasperarnos, como de costumbre. Lo suficiente para poder proclamar el famoso "hogar, dulce hogar..."
miércoles, 7 de noviembre de 2012
Marraquech 1ª entrega.
Nada iba a salir mal esta vez. Nuestro último intento de escapada se truncó con la fractura de antebrazo del mayor, quedándome sin ir a la exposición de Antonio López en Madrid, maravilloso pintor donde los haya. Pero en esta ocasión, llegamos sin conflicto alguno, salvo los habituales, hasta el día de los hechos.
Nos íbamos a Marraquech, a celebrar mi cumpleaños (si acaso cumplir años sea algo que se deba celebrar...).
Los tres abuelos en plena forma (bueno, en plena...aunque sí con muchos años de experiencia a sus espaldas), la mujer que ayuda en casa, contratada para un día de fiesta incluso, y en el otro lado, tres niños de lo más... impetuoso (por si leen el blog de más mayorcicos, no es plan insultarlos de continuo).
Salimos de madrugada, sobre las seis, a pesar de que el avión salía a las doce y media de Madrid (todos sabemos que la hora prevista es orientativa y nos indica que, más o menos, el avión sale un día concreto...).
Pues bien, cuando íbamos por la preciosa y nunca suficientemente bien loada Tarancón, el Renault Megane, de diez años, decidió empezar a echar humo blanco, sin tratarse de la elección de ningún nuevo Papa, y a chamuscarse, por lo que tomamos la salida al lugar previamente citado y paramos el coche.
Rápidamente, y gracias a nuestro desconocimiento del mundo del motor, llamamos a la asistencia en carretera, que nos decidió mandar a la grúa y un taxi tras explicarles la situación.
Mientras esperábamos, y menos mal, saqué los triángulos, uno de ellos roto, que no se tenía bien de pie, los coloqué en el asfalto, y mi esposo, se embutió en el chalequito reflectante molón, que le quedaba algo pequeño, pero que, por lo menos, no le cortó la respiración.
En ese preciso instante, y mientras yo me fumaba un puro en plan Sarita Montiel, apareció la Benemérita, deseosos de salvar del mal al ser humano. Muy amables, se bajaron del coche, y tras explicarles lo acaecido, decidieron irse sin llegar a mayores, portándose con nosotros de lo más correcto, sin requerirnos documentación alguna.
Me dí cuenta entonces, de que mi marido me había contratado una "multiaventura", y no un viaje convencional, por lo que le dí las gracias enseguida, y quedé expectante en espera de excitantes acontecimientos...
La grúa y el taxi , llegaron en menos de 40 minutos, y conseguimos aparecer en el aeropuerto a la hora adecuada, quedando el coche abandonado a su suerte a 85 km del destino final.
En hora y media estábamos en Marruecos, paseando por las calles como habitantes de la ciudad (bueno, no debíamos parecer tan de la ciudad cuando durante todo el viaje, centenares de bereberes se dedicaron a intentar vendernos collares y pulseras realizados con metales inciertos...).
Al principio, creí que nos atropellarían las bicis, coches y sobre todo cientos de motos que circulaban en todas las direcciones imaginables, sin luces ni por supuesto casco (en Marruecos, parece ser que la costumbre es un pañuelo), y con dos o tres personas por lo menos en cada vehículo.
Pero luego, con el paso de las horas, dejé de esquivarlos, incluso por las aceras, y ví que eran ellos los que sorteaban a las personas con una destreza del todo envidiable.
La plaza principal del pueblo, llena de gente día, tarde y noche, con puestos de comidas, especias, zumos de naranja al momento, encantadores de serpientes (que me vieron el trasero más que la cara, porque salí huyendo nada más percatarme de su mercancía...), titiriteros varios y amigos de lo ajeno, que conformaban un gigantesco y alegre grupo vital.
Continuará...
Nos íbamos a Marraquech, a celebrar mi cumpleaños (si acaso cumplir años sea algo que se deba celebrar...).
Los tres abuelos en plena forma (bueno, en plena...aunque sí con muchos años de experiencia a sus espaldas), la mujer que ayuda en casa, contratada para un día de fiesta incluso, y en el otro lado, tres niños de lo más... impetuoso (por si leen el blog de más mayorcicos, no es plan insultarlos de continuo).
Salimos de madrugada, sobre las seis, a pesar de que el avión salía a las doce y media de Madrid (todos sabemos que la hora prevista es orientativa y nos indica que, más o menos, el avión sale un día concreto...).
Pues bien, cuando íbamos por la preciosa y nunca suficientemente bien loada Tarancón, el Renault Megane, de diez años, decidió empezar a echar humo blanco, sin tratarse de la elección de ningún nuevo Papa, y a chamuscarse, por lo que tomamos la salida al lugar previamente citado y paramos el coche.
Rápidamente, y gracias a nuestro desconocimiento del mundo del motor, llamamos a la asistencia en carretera, que nos decidió mandar a la grúa y un taxi tras explicarles la situación.
Mientras esperábamos, y menos mal, saqué los triángulos, uno de ellos roto, que no se tenía bien de pie, los coloqué en el asfalto, y mi esposo, se embutió en el chalequito reflectante molón, que le quedaba algo pequeño, pero que, por lo menos, no le cortó la respiración.
En ese preciso instante, y mientras yo me fumaba un puro en plan Sarita Montiel, apareció la Benemérita, deseosos de salvar del mal al ser humano. Muy amables, se bajaron del coche, y tras explicarles lo acaecido, decidieron irse sin llegar a mayores, portándose con nosotros de lo más correcto, sin requerirnos documentación alguna.
Me dí cuenta entonces, de que mi marido me había contratado una "multiaventura", y no un viaje convencional, por lo que le dí las gracias enseguida, y quedé expectante en espera de excitantes acontecimientos...
La grúa y el taxi , llegaron en menos de 40 minutos, y conseguimos aparecer en el aeropuerto a la hora adecuada, quedando el coche abandonado a su suerte a 85 km del destino final.
En hora y media estábamos en Marruecos, paseando por las calles como habitantes de la ciudad (bueno, no debíamos parecer tan de la ciudad cuando durante todo el viaje, centenares de bereberes se dedicaron a intentar vendernos collares y pulseras realizados con metales inciertos...).
Al principio, creí que nos atropellarían las bicis, coches y sobre todo cientos de motos que circulaban en todas las direcciones imaginables, sin luces ni por supuesto casco (en Marruecos, parece ser que la costumbre es un pañuelo), y con dos o tres personas por lo menos en cada vehículo.
Pero luego, con el paso de las horas, dejé de esquivarlos, incluso por las aceras, y ví que eran ellos los que sorteaban a las personas con una destreza del todo envidiable.
La plaza principal del pueblo, llena de gente día, tarde y noche, con puestos de comidas, especias, zumos de naranja al momento, encantadores de serpientes (que me vieron el trasero más que la cara, porque salí huyendo nada más percatarme de su mercancía...), titiriteros varios y amigos de lo ajeno, que conformaban un gigantesco y alegre grupo vital.
Continuará...
viernes, 19 de octubre de 2012
Agotados
Aprovecho que están agotados, para sentarme un rato al frente de la máquina imperfecta, a las 21.30 horas del día de autos, porque desde las 7 de la mañana, sin siesta, con tres cuartos de hora de piscina y algo de paseo, no han rechistado al acostarlos, y con unos pocos besos han dejado de hablar al unísono.
Por supuesto, todo no podía salir bien, se trataría entonces de una vida llena de hastío y aburrimiento extremo.
La mediana, en tanto intentaba escribir estas líneas, ha decidido mearse encima, a pesar de haberlo hecho antes de acostarse, y de no hacerlo nunca desde los tres años.
Ha debido pensar : me voy a dormir profunda en un segundo, y me mearé, con el fin de que mañana, la madre del conjunto de protozoos infectos, pueda poner dos o tres lavadoras de 7 kilos, al tiempo que intenta darnos de desayunar y hacer la comida, así como vestirnos y sacarnos a la calle ( el papi, llegará sobre las once o más tarde, si se lo piensa un momento...)
Llueve. Repaso las mochilas: la meona perdió el tupper donde llevaba el desayuno en el patio, porque, según ella, se estaba divirtiendo mucho y lo olvidó. Creo que ha traído la segunda caja de colores que le he comprado, sin tener que hacerlo, para que no la tengan sin hacer los deberes por perder todos los objetos que la rodean. La voy a llevar a un circo, de maga. Si también consiguiera desaparecer personas, nos haríamos de oro.
La pequeña ha tenido su rabieta diaria pre-nocturna, pero, por lo demás, se ha portado. Si haces exactamente todo lo que ella quiere, no hay conflictos.
Y el mayor, ha venido por fin con un "bien" en su libreta, por lo que me he hecho la loca, y le he dado 6 paquetes de cromos de la liga de fútbol, a pesar de traer los zapatos literalmente hechos trizas, con las suelas despegadas del resto y la piel levantada, y la camiseta más sucia y llena de mierda que he visto nunca. Ni arrastrándose por debajo de varios coches y cayendo después a una ciénaga, se puede ensuciar tanto una prenda. Ha sido en vano intentar lavarla a mano y después en la lavadora, porque se ha quedado como estaba.
Tendré que emplear lejía o tal vez ácido sulfúrico si quiero que la pueda volver a usar.
Por otra parte, tampoco le puedo premiar con que juegue en el ordenador, porque como pille uno sin restricciones, de manera inesperada, le ha dado por buscar "tetas gordas", en lugar de juegos gratis de Spiderman.
Cuando tenga un rato de serenidad, le indicaré cortésmente que me explique su interés por el tema mamario.
Por supuesto, todo no podía salir bien, se trataría entonces de una vida llena de hastío y aburrimiento extremo.
La mediana, en tanto intentaba escribir estas líneas, ha decidido mearse encima, a pesar de haberlo hecho antes de acostarse, y de no hacerlo nunca desde los tres años.
Ha debido pensar : me voy a dormir profunda en un segundo, y me mearé, con el fin de que mañana, la madre del conjunto de protozoos infectos, pueda poner dos o tres lavadoras de 7 kilos, al tiempo que intenta darnos de desayunar y hacer la comida, así como vestirnos y sacarnos a la calle ( el papi, llegará sobre las once o más tarde, si se lo piensa un momento...)
Llueve. Repaso las mochilas: la meona perdió el tupper donde llevaba el desayuno en el patio, porque, según ella, se estaba divirtiendo mucho y lo olvidó. Creo que ha traído la segunda caja de colores que le he comprado, sin tener que hacerlo, para que no la tengan sin hacer los deberes por perder todos los objetos que la rodean. La voy a llevar a un circo, de maga. Si también consiguiera desaparecer personas, nos haríamos de oro.
La pequeña ha tenido su rabieta diaria pre-nocturna, pero, por lo demás, se ha portado. Si haces exactamente todo lo que ella quiere, no hay conflictos.
Y el mayor, ha venido por fin con un "bien" en su libreta, por lo que me he hecho la loca, y le he dado 6 paquetes de cromos de la liga de fútbol, a pesar de traer los zapatos literalmente hechos trizas, con las suelas despegadas del resto y la piel levantada, y la camiseta más sucia y llena de mierda que he visto nunca. Ni arrastrándose por debajo de varios coches y cayendo después a una ciénaga, se puede ensuciar tanto una prenda. Ha sido en vano intentar lavarla a mano y después en la lavadora, porque se ha quedado como estaba.
Tendré que emplear lejía o tal vez ácido sulfúrico si quiero que la pueda volver a usar.
Por otra parte, tampoco le puedo premiar con que juegue en el ordenador, porque como pille uno sin restricciones, de manera inesperada, le ha dado por buscar "tetas gordas", en lugar de juegos gratis de Spiderman.
Cuando tenga un rato de serenidad, le indicaré cortésmente que me explique su interés por el tema mamario.
sábado, 13 de octubre de 2012
Sábado, sabadete...
Para no repetirme, aunque tengamos las mismas hoy Sábado que el Domingo pasado, contaré la semana escolar.
La ganadora de la semana, con puntos negros a mansalva y quejas múltiples, ha sido la mediana. Oé, oé oé oé...
El profesor, viendo que la bola se le hacía gorda, se acercó al progenitor y le dijo: ¡ tenemos que hablar !.
Yo pensé: ¡ lo tiene jodido si pretende sorprendernos, pero el buen hombre que lo intente!, mientras procuraba que ninguno de los tres se me perdiera en el patio del colegio, lleno hasta rebosar de niños, padres, abuelos, profesores, pelotas y extras varios.
La nenita pierde todos los colores, contesta a la profesora de gimnasia (que por cierto, nos había puesto un anexo donde nos indicaba que la niña llevaba un mes sin acudir a clase de gimnasia teórica, con el material escolar adecuado, a lo que yo le he respondido que dónde podía estar ese material, y que por qué oscura razón me lo hacía saber un mes después...), tira diariamente el babi al garaje, (instada por unas compañeritas bastante zafias, según creo), pide ir al cuarto de baño de manera continua, y lo mejor de todo : ¡ come del suelo!.
Pues claro que sí, esa es mi niña. No iba a dejar atrás a su hermano, cuando se bebía el agua de los charcos con la paja del zumo en el recreo, ¡ que ella también lleva el mismo apellido, hombre !.
Como compensación no verá la tele hasta que el Lunes, se porte bien en el colegio y enmiende sus faltas (jua, jua, jua...).
Por cierto, del babi ni se sabe. Algún coche lo debe llevar enrollado entre las ruedas, y lo descubrirán en la próxima ITV.
Todo esto, beneficia al mayor, que ha pasado, con tan sólo dos regulares, al top ten de la bondad semanal, jugando a la play, y obteniendo cromos para un álbum que conseguirá en breve, si su comportamiento no empeora más que de costumbre.
De la pequeña, mejor ni hablo, porque sólo cabe la posibilidad de hacer las cosas como a ella le interesa, o enfrentarse a la ira de los dioses llegado el caso.
Finalmente, a diferencia del otro día, hoy sí hemos salido por la tarde, a las 15 horas concretamente, deambulábamos por la calle, jugando por los parques, codeándonos con la gente que pasaba por allí, concretamente, nadie.
¡ Miento !, un coche de la policía y dos motos andaban buscando a un tipo de pantalones cortos a cuadros y otro de pantalón largo que algo malo debían haber hecho, y yo he pensado: a estas horas, los únicos que pasean por las calles son delincuentes...
La ganadora de la semana, con puntos negros a mansalva y quejas múltiples, ha sido la mediana. Oé, oé oé oé...
El profesor, viendo que la bola se le hacía gorda, se acercó al progenitor y le dijo: ¡ tenemos que hablar !.
Yo pensé: ¡ lo tiene jodido si pretende sorprendernos, pero el buen hombre que lo intente!, mientras procuraba que ninguno de los tres se me perdiera en el patio del colegio, lleno hasta rebosar de niños, padres, abuelos, profesores, pelotas y extras varios.
La nenita pierde todos los colores, contesta a la profesora de gimnasia (que por cierto, nos había puesto un anexo donde nos indicaba que la niña llevaba un mes sin acudir a clase de gimnasia teórica, con el material escolar adecuado, a lo que yo le he respondido que dónde podía estar ese material, y que por qué oscura razón me lo hacía saber un mes después...), tira diariamente el babi al garaje, (instada por unas compañeritas bastante zafias, según creo), pide ir al cuarto de baño de manera continua, y lo mejor de todo : ¡ come del suelo!.
Pues claro que sí, esa es mi niña. No iba a dejar atrás a su hermano, cuando se bebía el agua de los charcos con la paja del zumo en el recreo, ¡ que ella también lleva el mismo apellido, hombre !.
Como compensación no verá la tele hasta que el Lunes, se porte bien en el colegio y enmiende sus faltas (jua, jua, jua...).
Por cierto, del babi ni se sabe. Algún coche lo debe llevar enrollado entre las ruedas, y lo descubrirán en la próxima ITV.
Todo esto, beneficia al mayor, que ha pasado, con tan sólo dos regulares, al top ten de la bondad semanal, jugando a la play, y obteniendo cromos para un álbum que conseguirá en breve, si su comportamiento no empeora más que de costumbre.
De la pequeña, mejor ni hablo, porque sólo cabe la posibilidad de hacer las cosas como a ella le interesa, o enfrentarse a la ira de los dioses llegado el caso.
Finalmente, a diferencia del otro día, hoy sí hemos salido por la tarde, a las 15 horas concretamente, deambulábamos por la calle, jugando por los parques, codeándonos con la gente que pasaba por allí, concretamente, nadie.
¡ Miento !, un coche de la policía y dos motos andaban buscando a un tipo de pantalones cortos a cuadros y otro de pantalón largo que algo malo debían haber hecho, y yo he pensado: a estas horas, los únicos que pasean por las calles son delincuentes...
Otro Domingo más
Como el nombre indica, otro horrible , desesperante, machacante y destrozador Domingo sola.
Imposible no gritarles o no desear meterlos en un lugar insonorizado, donde durmieran varios días seguidos.
Puedo sobrellevar con gran tolerancia, que a la mediana le haya dado por venir con la ropa completamente agujereada gracias al sofisticado instrumento: lápiz ( existen pruebas gráficas, para los menos creyentes), o que todos los recreos tire el babi al garaje del colegio, y el bedel, que es un santo varón, me lo entregue habitualmente lleno de la suciedad de los coches, que a lo largo del día, le han pasado por encima...
Puedo comprender que a la pequeña la castiguen a la clase de los bebés por mal comportamiento, que continuamente diga: indiota a sus hermanos, y se dedique a molestarlos en busca de gresca...
Puedo aceptar, que el mayor salga afónico diariamente de clase, que su comportamiento siga siendo más que dudoso, y que también pierda en la jornada escolar el babi y otras piezas de ropa...
Pero que me jodan Domingo tras Domingo el padre y los tres niños, eso ya es harina de otro costal.
Al mayor, todo le parece mal, y continuamente descarga su ira en los objetos de alrededor, cosa que está aprendiendo la pequeña a las mil maravillas. Los tres se pelean continuamente, y continuamente quieren que se les compren cosas, o comer a todas horas, o hacer lo contrario de lo que se les indica, no acudiendo cuando se les llama por la calle, para poder pasear civilizadamente como si de una familia normal se tratase.
De manera que tras el enorme esfuerzo físico y psicológico de sacar a las bestias de paseo por la calle por la mañana, llega el encierro de la tarde, que con creces es muchísimo peor, deseando cada interminable segundo no estar allí.
Gritos, mordiscos, lamentos, cabezazos contra el sofá, numerosos insultos, desorden, portazos, baños, cena y a la cama sin cuento ni ostias.
Y mañana, por supuesto a trabajar hasta las diez de la noche, un Lunes, en una puerta de urgencias...
Claro que, por muy hijo putas que sean algunos pacientes, jamás consiguen desesperarme como mis hijos. Y por mucho trabajo que haya, no me supera tanto.
Imposible no gritarles o no desear meterlos en un lugar insonorizado, donde durmieran varios días seguidos.
Puedo sobrellevar con gran tolerancia, que a la mediana le haya dado por venir con la ropa completamente agujereada gracias al sofisticado instrumento: lápiz ( existen pruebas gráficas, para los menos creyentes), o que todos los recreos tire el babi al garaje del colegio, y el bedel, que es un santo varón, me lo entregue habitualmente lleno de la suciedad de los coches, que a lo largo del día, le han pasado por encima...
Puedo comprender que a la pequeña la castiguen a la clase de los bebés por mal comportamiento, que continuamente diga: indiota a sus hermanos, y se dedique a molestarlos en busca de gresca...
Puedo aceptar, que el mayor salga afónico diariamente de clase, que su comportamiento siga siendo más que dudoso, y que también pierda en la jornada escolar el babi y otras piezas de ropa...
Pero que me jodan Domingo tras Domingo el padre y los tres niños, eso ya es harina de otro costal.
Al mayor, todo le parece mal, y continuamente descarga su ira en los objetos de alrededor, cosa que está aprendiendo la pequeña a las mil maravillas. Los tres se pelean continuamente, y continuamente quieren que se les compren cosas, o comer a todas horas, o hacer lo contrario de lo que se les indica, no acudiendo cuando se les llama por la calle, para poder pasear civilizadamente como si de una familia normal se tratase.
De manera que tras el enorme esfuerzo físico y psicológico de sacar a las bestias de paseo por la calle por la mañana, llega el encierro de la tarde, que con creces es muchísimo peor, deseando cada interminable segundo no estar allí.
Gritos, mordiscos, lamentos, cabezazos contra el sofá, numerosos insultos, desorden, portazos, baños, cena y a la cama sin cuento ni ostias.
Y mañana, por supuesto a trabajar hasta las diez de la noche, un Lunes, en una puerta de urgencias...
Claro que, por muy hijo putas que sean algunos pacientes, jamás consiguen desesperarme como mis hijos. Y por mucho trabajo que haya, no me supera tanto.
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