Muchos días después, y mientras la pequeña no para de toser, acostada, tras contagiarnos a todos, los vecinos ven una película en la tele a más decibelios que el "Movie record" ese de los cines..., a pesar de haber fallecido todos los ancianos sordos que habitaban esa vivienda, y el señor de nuestra casa descansa una vez más en su lugar de trabajo, prosigo con mi relato.
Olvidé comentar un detalle importante en la anterior entrega, y es, que estuvimos a punto de perder el avión a la ida, porque las pantallas de información, poseídas por el engaño, nos indicaron una hora de embarque que distaba de ser la correcta, y cuando aparecimos en la puerta, una señora nos recomendó que corriéramos, que perderíamos el avión, que no era momento de quejarse: ¡corran,corran!... decía sin parar.
Yo, corrí escaleras abajo, y conseguí parar el autobús que se dirigía al avión, volviendo a acordarme en ese momento de la hipotética"multiaventura" contratada. Lo difícil fué intentar convencer a los encargados, de que mi marido necesitaba un poco más de tiempo para llegar, hasta que lo vieron aparecer, momento en el cual, ya no tuvieron duda de los motivos de su pequeña tardanza...
Los días transcurrieron con la serenidad de la que prescindimos habitualmente, paseando por las callejuelas llenas de cosas a la venta, comiendo y cenando comida árabe que nos encanta. Montando en dromedario...
Las noticias de casa, turbulentas, como siempre: la pequeña había cogido piojos.
En mi vida había visto ese modelo de insecto, y justo salimos de viaje y ocurre el evento. Tuvieron que lavar camas, toallas...
A la niña le impregnaron el pelo con una loción caducada para los efectos , y, encima, un gorro de piscina (he tenido el privilegio de ver documentos gráficos de lo descrito). Por supuesto tó Cristo se lavó con Filvit, hasta mi padre, que pasaba por allí, como aquel que dice...
Conocimos en el viaje a un dentista y su pareja (no sabemos si declarada o no, porque andaban demasiado acaramelados para tratarse de una relación establecida...), y a un torero y su apoderado, que claramente habían ido a una sola cosa ( no es tema a tratar en un blog para todas las edades).
En un momento, estábamos montados en el avión de vuelta, que por cierto, nos hicieron abandonar en una primera instancia, porque el capitán había detectado unos problemas "eléctricos".
No quise pensar en qué tipo de problemas podrían acaecerle al avión, y menos cuando nos montaron en el mismo una hora después, teniendo claro que no podían estar resueltos con toda seguridad, y que sólo el destino haría que no le pasara nada al avión...
Al volver, la rutina se instauró al segundo, los abuelos huyeron cojeando, dejando incluso enseres por el camino, y en un momento, los niños habían conseguido exasperarnos, como de costumbre. Lo suficiente para poder proclamar el famoso "hogar, dulce hogar..."
martes, 11 de diciembre de 2012
miércoles, 7 de noviembre de 2012
Marraquech 1ª entrega.
Nada iba a salir mal esta vez. Nuestro último intento de escapada se truncó con la fractura de antebrazo del mayor, quedándome sin ir a la exposición de Antonio López en Madrid, maravilloso pintor donde los haya. Pero en esta ocasión, llegamos sin conflicto alguno, salvo los habituales, hasta el día de los hechos.
Nos íbamos a Marraquech, a celebrar mi cumpleaños (si acaso cumplir años sea algo que se deba celebrar...).
Los tres abuelos en plena forma (bueno, en plena...aunque sí con muchos años de experiencia a sus espaldas), la mujer que ayuda en casa, contratada para un día de fiesta incluso, y en el otro lado, tres niños de lo más... impetuoso (por si leen el blog de más mayorcicos, no es plan insultarlos de continuo).
Salimos de madrugada, sobre las seis, a pesar de que el avión salía a las doce y media de Madrid (todos sabemos que la hora prevista es orientativa y nos indica que, más o menos, el avión sale un día concreto...).
Pues bien, cuando íbamos por la preciosa y nunca suficientemente bien loada Tarancón, el Renault Megane, de diez años, decidió empezar a echar humo blanco, sin tratarse de la elección de ningún nuevo Papa, y a chamuscarse, por lo que tomamos la salida al lugar previamente citado y paramos el coche.
Rápidamente, y gracias a nuestro desconocimiento del mundo del motor, llamamos a la asistencia en carretera, que nos decidió mandar a la grúa y un taxi tras explicarles la situación.
Mientras esperábamos, y menos mal, saqué los triángulos, uno de ellos roto, que no se tenía bien de pie, los coloqué en el asfalto, y mi esposo, se embutió en el chalequito reflectante molón, que le quedaba algo pequeño, pero que, por lo menos, no le cortó la respiración.
En ese preciso instante, y mientras yo me fumaba un puro en plan Sarita Montiel, apareció la Benemérita, deseosos de salvar del mal al ser humano. Muy amables, se bajaron del coche, y tras explicarles lo acaecido, decidieron irse sin llegar a mayores, portándose con nosotros de lo más correcto, sin requerirnos documentación alguna.
Me dí cuenta entonces, de que mi marido me había contratado una "multiaventura", y no un viaje convencional, por lo que le dí las gracias enseguida, y quedé expectante en espera de excitantes acontecimientos...
La grúa y el taxi , llegaron en menos de 40 minutos, y conseguimos aparecer en el aeropuerto a la hora adecuada, quedando el coche abandonado a su suerte a 85 km del destino final.
En hora y media estábamos en Marruecos, paseando por las calles como habitantes de la ciudad (bueno, no debíamos parecer tan de la ciudad cuando durante todo el viaje, centenares de bereberes se dedicaron a intentar vendernos collares y pulseras realizados con metales inciertos...).
Al principio, creí que nos atropellarían las bicis, coches y sobre todo cientos de motos que circulaban en todas las direcciones imaginables, sin luces ni por supuesto casco (en Marruecos, parece ser que la costumbre es un pañuelo), y con dos o tres personas por lo menos en cada vehículo.
Pero luego, con el paso de las horas, dejé de esquivarlos, incluso por las aceras, y ví que eran ellos los que sorteaban a las personas con una destreza del todo envidiable.
La plaza principal del pueblo, llena de gente día, tarde y noche, con puestos de comidas, especias, zumos de naranja al momento, encantadores de serpientes (que me vieron el trasero más que la cara, porque salí huyendo nada más percatarme de su mercancía...), titiriteros varios y amigos de lo ajeno, que conformaban un gigantesco y alegre grupo vital.
Continuará...
Nos íbamos a Marraquech, a celebrar mi cumpleaños (si acaso cumplir años sea algo que se deba celebrar...).
Los tres abuelos en plena forma (bueno, en plena...aunque sí con muchos años de experiencia a sus espaldas), la mujer que ayuda en casa, contratada para un día de fiesta incluso, y en el otro lado, tres niños de lo más... impetuoso (por si leen el blog de más mayorcicos, no es plan insultarlos de continuo).
Salimos de madrugada, sobre las seis, a pesar de que el avión salía a las doce y media de Madrid (todos sabemos que la hora prevista es orientativa y nos indica que, más o menos, el avión sale un día concreto...).
Pues bien, cuando íbamos por la preciosa y nunca suficientemente bien loada Tarancón, el Renault Megane, de diez años, decidió empezar a echar humo blanco, sin tratarse de la elección de ningún nuevo Papa, y a chamuscarse, por lo que tomamos la salida al lugar previamente citado y paramos el coche.
Rápidamente, y gracias a nuestro desconocimiento del mundo del motor, llamamos a la asistencia en carretera, que nos decidió mandar a la grúa y un taxi tras explicarles la situación.
Mientras esperábamos, y menos mal, saqué los triángulos, uno de ellos roto, que no se tenía bien de pie, los coloqué en el asfalto, y mi esposo, se embutió en el chalequito reflectante molón, que le quedaba algo pequeño, pero que, por lo menos, no le cortó la respiración.
En ese preciso instante, y mientras yo me fumaba un puro en plan Sarita Montiel, apareció la Benemérita, deseosos de salvar del mal al ser humano. Muy amables, se bajaron del coche, y tras explicarles lo acaecido, decidieron irse sin llegar a mayores, portándose con nosotros de lo más correcto, sin requerirnos documentación alguna.
Me dí cuenta entonces, de que mi marido me había contratado una "multiaventura", y no un viaje convencional, por lo que le dí las gracias enseguida, y quedé expectante en espera de excitantes acontecimientos...
La grúa y el taxi , llegaron en menos de 40 minutos, y conseguimos aparecer en el aeropuerto a la hora adecuada, quedando el coche abandonado a su suerte a 85 km del destino final.
En hora y media estábamos en Marruecos, paseando por las calles como habitantes de la ciudad (bueno, no debíamos parecer tan de la ciudad cuando durante todo el viaje, centenares de bereberes se dedicaron a intentar vendernos collares y pulseras realizados con metales inciertos...).
Al principio, creí que nos atropellarían las bicis, coches y sobre todo cientos de motos que circulaban en todas las direcciones imaginables, sin luces ni por supuesto casco (en Marruecos, parece ser que la costumbre es un pañuelo), y con dos o tres personas por lo menos en cada vehículo.
Pero luego, con el paso de las horas, dejé de esquivarlos, incluso por las aceras, y ví que eran ellos los que sorteaban a las personas con una destreza del todo envidiable.
La plaza principal del pueblo, llena de gente día, tarde y noche, con puestos de comidas, especias, zumos de naranja al momento, encantadores de serpientes (que me vieron el trasero más que la cara, porque salí huyendo nada más percatarme de su mercancía...), titiriteros varios y amigos de lo ajeno, que conformaban un gigantesco y alegre grupo vital.
Continuará...
viernes, 19 de octubre de 2012
Agotados
Aprovecho que están agotados, para sentarme un rato al frente de la máquina imperfecta, a las 21.30 horas del día de autos, porque desde las 7 de la mañana, sin siesta, con tres cuartos de hora de piscina y algo de paseo, no han rechistado al acostarlos, y con unos pocos besos han dejado de hablar al unísono.
Por supuesto, todo no podía salir bien, se trataría entonces de una vida llena de hastío y aburrimiento extremo.
La mediana, en tanto intentaba escribir estas líneas, ha decidido mearse encima, a pesar de haberlo hecho antes de acostarse, y de no hacerlo nunca desde los tres años.
Ha debido pensar : me voy a dormir profunda en un segundo, y me mearé, con el fin de que mañana, la madre del conjunto de protozoos infectos, pueda poner dos o tres lavadoras de 7 kilos, al tiempo que intenta darnos de desayunar y hacer la comida, así como vestirnos y sacarnos a la calle ( el papi, llegará sobre las once o más tarde, si se lo piensa un momento...)
Llueve. Repaso las mochilas: la meona perdió el tupper donde llevaba el desayuno en el patio, porque, según ella, se estaba divirtiendo mucho y lo olvidó. Creo que ha traído la segunda caja de colores que le he comprado, sin tener que hacerlo, para que no la tengan sin hacer los deberes por perder todos los objetos que la rodean. La voy a llevar a un circo, de maga. Si también consiguiera desaparecer personas, nos haríamos de oro.
La pequeña ha tenido su rabieta diaria pre-nocturna, pero, por lo demás, se ha portado. Si haces exactamente todo lo que ella quiere, no hay conflictos.
Y el mayor, ha venido por fin con un "bien" en su libreta, por lo que me he hecho la loca, y le he dado 6 paquetes de cromos de la liga de fútbol, a pesar de traer los zapatos literalmente hechos trizas, con las suelas despegadas del resto y la piel levantada, y la camiseta más sucia y llena de mierda que he visto nunca. Ni arrastrándose por debajo de varios coches y cayendo después a una ciénaga, se puede ensuciar tanto una prenda. Ha sido en vano intentar lavarla a mano y después en la lavadora, porque se ha quedado como estaba.
Tendré que emplear lejía o tal vez ácido sulfúrico si quiero que la pueda volver a usar.
Por otra parte, tampoco le puedo premiar con que juegue en el ordenador, porque como pille uno sin restricciones, de manera inesperada, le ha dado por buscar "tetas gordas", en lugar de juegos gratis de Spiderman.
Cuando tenga un rato de serenidad, le indicaré cortésmente que me explique su interés por el tema mamario.
Por supuesto, todo no podía salir bien, se trataría entonces de una vida llena de hastío y aburrimiento extremo.
La mediana, en tanto intentaba escribir estas líneas, ha decidido mearse encima, a pesar de haberlo hecho antes de acostarse, y de no hacerlo nunca desde los tres años.
Ha debido pensar : me voy a dormir profunda en un segundo, y me mearé, con el fin de que mañana, la madre del conjunto de protozoos infectos, pueda poner dos o tres lavadoras de 7 kilos, al tiempo que intenta darnos de desayunar y hacer la comida, así como vestirnos y sacarnos a la calle ( el papi, llegará sobre las once o más tarde, si se lo piensa un momento...)
Llueve. Repaso las mochilas: la meona perdió el tupper donde llevaba el desayuno en el patio, porque, según ella, se estaba divirtiendo mucho y lo olvidó. Creo que ha traído la segunda caja de colores que le he comprado, sin tener que hacerlo, para que no la tengan sin hacer los deberes por perder todos los objetos que la rodean. La voy a llevar a un circo, de maga. Si también consiguiera desaparecer personas, nos haríamos de oro.
La pequeña ha tenido su rabieta diaria pre-nocturna, pero, por lo demás, se ha portado. Si haces exactamente todo lo que ella quiere, no hay conflictos.
Y el mayor, ha venido por fin con un "bien" en su libreta, por lo que me he hecho la loca, y le he dado 6 paquetes de cromos de la liga de fútbol, a pesar de traer los zapatos literalmente hechos trizas, con las suelas despegadas del resto y la piel levantada, y la camiseta más sucia y llena de mierda que he visto nunca. Ni arrastrándose por debajo de varios coches y cayendo después a una ciénaga, se puede ensuciar tanto una prenda. Ha sido en vano intentar lavarla a mano y después en la lavadora, porque se ha quedado como estaba.
Tendré que emplear lejía o tal vez ácido sulfúrico si quiero que la pueda volver a usar.
Por otra parte, tampoco le puedo premiar con que juegue en el ordenador, porque como pille uno sin restricciones, de manera inesperada, le ha dado por buscar "tetas gordas", en lugar de juegos gratis de Spiderman.
Cuando tenga un rato de serenidad, le indicaré cortésmente que me explique su interés por el tema mamario.
sábado, 13 de octubre de 2012
Sábado, sabadete...
Para no repetirme, aunque tengamos las mismas hoy Sábado que el Domingo pasado, contaré la semana escolar.
La ganadora de la semana, con puntos negros a mansalva y quejas múltiples, ha sido la mediana. Oé, oé oé oé...
El profesor, viendo que la bola se le hacía gorda, se acercó al progenitor y le dijo: ¡ tenemos que hablar !.
Yo pensé: ¡ lo tiene jodido si pretende sorprendernos, pero el buen hombre que lo intente!, mientras procuraba que ninguno de los tres se me perdiera en el patio del colegio, lleno hasta rebosar de niños, padres, abuelos, profesores, pelotas y extras varios.
La nenita pierde todos los colores, contesta a la profesora de gimnasia (que por cierto, nos había puesto un anexo donde nos indicaba que la niña llevaba un mes sin acudir a clase de gimnasia teórica, con el material escolar adecuado, a lo que yo le he respondido que dónde podía estar ese material, y que por qué oscura razón me lo hacía saber un mes después...), tira diariamente el babi al garaje, (instada por unas compañeritas bastante zafias, según creo), pide ir al cuarto de baño de manera continua, y lo mejor de todo : ¡ come del suelo!.
Pues claro que sí, esa es mi niña. No iba a dejar atrás a su hermano, cuando se bebía el agua de los charcos con la paja del zumo en el recreo, ¡ que ella también lleva el mismo apellido, hombre !.
Como compensación no verá la tele hasta que el Lunes, se porte bien en el colegio y enmiende sus faltas (jua, jua, jua...).
Por cierto, del babi ni se sabe. Algún coche lo debe llevar enrollado entre las ruedas, y lo descubrirán en la próxima ITV.
Todo esto, beneficia al mayor, que ha pasado, con tan sólo dos regulares, al top ten de la bondad semanal, jugando a la play, y obteniendo cromos para un álbum que conseguirá en breve, si su comportamiento no empeora más que de costumbre.
De la pequeña, mejor ni hablo, porque sólo cabe la posibilidad de hacer las cosas como a ella le interesa, o enfrentarse a la ira de los dioses llegado el caso.
Finalmente, a diferencia del otro día, hoy sí hemos salido por la tarde, a las 15 horas concretamente, deambulábamos por la calle, jugando por los parques, codeándonos con la gente que pasaba por allí, concretamente, nadie.
¡ Miento !, un coche de la policía y dos motos andaban buscando a un tipo de pantalones cortos a cuadros y otro de pantalón largo que algo malo debían haber hecho, y yo he pensado: a estas horas, los únicos que pasean por las calles son delincuentes...
La ganadora de la semana, con puntos negros a mansalva y quejas múltiples, ha sido la mediana. Oé, oé oé oé...
El profesor, viendo que la bola se le hacía gorda, se acercó al progenitor y le dijo: ¡ tenemos que hablar !.
Yo pensé: ¡ lo tiene jodido si pretende sorprendernos, pero el buen hombre que lo intente!, mientras procuraba que ninguno de los tres se me perdiera en el patio del colegio, lleno hasta rebosar de niños, padres, abuelos, profesores, pelotas y extras varios.
La nenita pierde todos los colores, contesta a la profesora de gimnasia (que por cierto, nos había puesto un anexo donde nos indicaba que la niña llevaba un mes sin acudir a clase de gimnasia teórica, con el material escolar adecuado, a lo que yo le he respondido que dónde podía estar ese material, y que por qué oscura razón me lo hacía saber un mes después...), tira diariamente el babi al garaje, (instada por unas compañeritas bastante zafias, según creo), pide ir al cuarto de baño de manera continua, y lo mejor de todo : ¡ come del suelo!.
Pues claro que sí, esa es mi niña. No iba a dejar atrás a su hermano, cuando se bebía el agua de los charcos con la paja del zumo en el recreo, ¡ que ella también lleva el mismo apellido, hombre !.
Como compensación no verá la tele hasta que el Lunes, se porte bien en el colegio y enmiende sus faltas (jua, jua, jua...).
Por cierto, del babi ni se sabe. Algún coche lo debe llevar enrollado entre las ruedas, y lo descubrirán en la próxima ITV.
Todo esto, beneficia al mayor, que ha pasado, con tan sólo dos regulares, al top ten de la bondad semanal, jugando a la play, y obteniendo cromos para un álbum que conseguirá en breve, si su comportamiento no empeora más que de costumbre.
De la pequeña, mejor ni hablo, porque sólo cabe la posibilidad de hacer las cosas como a ella le interesa, o enfrentarse a la ira de los dioses llegado el caso.
Finalmente, a diferencia del otro día, hoy sí hemos salido por la tarde, a las 15 horas concretamente, deambulábamos por la calle, jugando por los parques, codeándonos con la gente que pasaba por allí, concretamente, nadie.
¡ Miento !, un coche de la policía y dos motos andaban buscando a un tipo de pantalones cortos a cuadros y otro de pantalón largo que algo malo debían haber hecho, y yo he pensado: a estas horas, los únicos que pasean por las calles son delincuentes...
Otro Domingo más
Como el nombre indica, otro horrible , desesperante, machacante y destrozador Domingo sola.
Imposible no gritarles o no desear meterlos en un lugar insonorizado, donde durmieran varios días seguidos.
Puedo sobrellevar con gran tolerancia, que a la mediana le haya dado por venir con la ropa completamente agujereada gracias al sofisticado instrumento: lápiz ( existen pruebas gráficas, para los menos creyentes), o que todos los recreos tire el babi al garaje del colegio, y el bedel, que es un santo varón, me lo entregue habitualmente lleno de la suciedad de los coches, que a lo largo del día, le han pasado por encima...
Puedo comprender que a la pequeña la castiguen a la clase de los bebés por mal comportamiento, que continuamente diga: indiota a sus hermanos, y se dedique a molestarlos en busca de gresca...
Puedo aceptar, que el mayor salga afónico diariamente de clase, que su comportamiento siga siendo más que dudoso, y que también pierda en la jornada escolar el babi y otras piezas de ropa...
Pero que me jodan Domingo tras Domingo el padre y los tres niños, eso ya es harina de otro costal.
Al mayor, todo le parece mal, y continuamente descarga su ira en los objetos de alrededor, cosa que está aprendiendo la pequeña a las mil maravillas. Los tres se pelean continuamente, y continuamente quieren que se les compren cosas, o comer a todas horas, o hacer lo contrario de lo que se les indica, no acudiendo cuando se les llama por la calle, para poder pasear civilizadamente como si de una familia normal se tratase.
De manera que tras el enorme esfuerzo físico y psicológico de sacar a las bestias de paseo por la calle por la mañana, llega el encierro de la tarde, que con creces es muchísimo peor, deseando cada interminable segundo no estar allí.
Gritos, mordiscos, lamentos, cabezazos contra el sofá, numerosos insultos, desorden, portazos, baños, cena y a la cama sin cuento ni ostias.
Y mañana, por supuesto a trabajar hasta las diez de la noche, un Lunes, en una puerta de urgencias...
Claro que, por muy hijo putas que sean algunos pacientes, jamás consiguen desesperarme como mis hijos. Y por mucho trabajo que haya, no me supera tanto.
Imposible no gritarles o no desear meterlos en un lugar insonorizado, donde durmieran varios días seguidos.
Puedo sobrellevar con gran tolerancia, que a la mediana le haya dado por venir con la ropa completamente agujereada gracias al sofisticado instrumento: lápiz ( existen pruebas gráficas, para los menos creyentes), o que todos los recreos tire el babi al garaje del colegio, y el bedel, que es un santo varón, me lo entregue habitualmente lleno de la suciedad de los coches, que a lo largo del día, le han pasado por encima...
Puedo comprender que a la pequeña la castiguen a la clase de los bebés por mal comportamiento, que continuamente diga: indiota a sus hermanos, y se dedique a molestarlos en busca de gresca...
Puedo aceptar, que el mayor salga afónico diariamente de clase, que su comportamiento siga siendo más que dudoso, y que también pierda en la jornada escolar el babi y otras piezas de ropa...
Pero que me jodan Domingo tras Domingo el padre y los tres niños, eso ya es harina de otro costal.
Al mayor, todo le parece mal, y continuamente descarga su ira en los objetos de alrededor, cosa que está aprendiendo la pequeña a las mil maravillas. Los tres se pelean continuamente, y continuamente quieren que se les compren cosas, o comer a todas horas, o hacer lo contrario de lo que se les indica, no acudiendo cuando se les llama por la calle, para poder pasear civilizadamente como si de una familia normal se tratase.
De manera que tras el enorme esfuerzo físico y psicológico de sacar a las bestias de paseo por la calle por la mañana, llega el encierro de la tarde, que con creces es muchísimo peor, deseando cada interminable segundo no estar allí.
Gritos, mordiscos, lamentos, cabezazos contra el sofá, numerosos insultos, desorden, portazos, baños, cena y a la cama sin cuento ni ostias.
Y mañana, por supuesto a trabajar hasta las diez de la noche, un Lunes, en una puerta de urgencias...
Claro que, por muy hijo putas que sean algunos pacientes, jamás consiguen desesperarme como mis hijos. Y por mucho trabajo que haya, no me supera tanto.
viernes, 21 de septiembre de 2012
Las fieras de mis niños
¡Todos a dormir la siesta!.
Si se tratara de niños dóciles y bien humorados, no pretenderíamos que durmieran la siesta, que, lógicamente no quieren, pero, en nuestro caso, se trata de un intento imprescindible, aunque la mayor parte de las veces infructuoso.
Sube el patriarca escaleras arriba con la tríada, y comienzan los gritos de orden y silencio. Se acuesta él para dar ejemplo (jua,jua,jua...), y en breve, múltiples pasos recorren las habitaciones, las camas y los cuartos de baño.
Nueva tanda de aseveraciones de tono malhumorado, que se disipan en los pequeños pero malvados cerebros, iniciando de nuevo carreras de habitación en habitación, risas, llantos, peleas, sábanas y almohadas en las camas contrarias, y, finalmente, se oyen ronquidos.
El padre ha caído, ya pueden hacer de las suyas. Alguien decide cagar y gastar todo el rollo de papel, pero eso sí, sin tirar de la cadena, para no despertarlo (¡qué considerados son en el fondo...!).
En pocos minutos, dado el déficit de silencio reinante y los problemas colindantes, se despierta el derrotado, y decide volver a poner orden, encontrándose a la pequeña, pintándose las uñas en mi cuarto de baño...
Les amenaza muy seriamente , para que no se muevan de las camas, bajo pena de muerte, y es entonces cuando la mediana, llena de amor y compasión, decide mearse en su cama y ropa, en un alarde de maldad inmejorable, por lo que los otros dos irrumpen de nuevo en el cuarto del progenitor para advertirle de aquel fatal hecho. Por una vez, la zafia criatura ha obedecido a su padre, y para no levantarse, se ha meado encima.
Bajan todos en manada, con quejas, gruñidos, alaridos, llantos y maldiciones. ¡Qué bien me estáis dejando descansar!( pienso para mis adentros).
Es entonces cuando me planteo, por quinta o sexta vez en el día, si merezco derrochar así lo poco que me queda de juventud, o si por el contrario debería huir con el primero que me llevase.
Meriendan y los saco a la calle.
Empieza la retahíla: queremos un chicle... y, mal hecho por mi parte, por no oirlos, porque me derrotan cada minuto del día con cada una de las cosas que hacemos, decido entrar a comprarles un chicle al estanco. Pero les advierto que un chicle sólo cada uno o nos vamos.
Entran corriendo al local como una manada de Ñús, y comienzan a coger chicles. Les recuerdo que uno y me mantengo, porque deben aprender a obedecer de una vez por todas.
No hay manera, les vuelvo a decir que uno , mientras el tendero ya me mira con cara de : ¡vete de aquí, zorra!, y entonces, el nene de los huevos, se queda con la cajonera entera de chicles en la mano, tirándolos todos al suelo....
Tras recogerlos, La mediana sigue con dos chicles en la mano, le pago al hombre los chicles, salgo por la puerta con los niños de los pelos, y tiro los chicles en la basura más cercana.
De nuevo llantos, aclamaciones de injusticia, la mediana se tira al suelo, los otros echan a correr, y una vez más pienso: ¡es buen momento para huir!, nadie se daría cuenta...
Si se tratara de niños dóciles y bien humorados, no pretenderíamos que durmieran la siesta, que, lógicamente no quieren, pero, en nuestro caso, se trata de un intento imprescindible, aunque la mayor parte de las veces infructuoso.
Sube el patriarca escaleras arriba con la tríada, y comienzan los gritos de orden y silencio. Se acuesta él para dar ejemplo (jua,jua,jua...), y en breve, múltiples pasos recorren las habitaciones, las camas y los cuartos de baño.
Nueva tanda de aseveraciones de tono malhumorado, que se disipan en los pequeños pero malvados cerebros, iniciando de nuevo carreras de habitación en habitación, risas, llantos, peleas, sábanas y almohadas en las camas contrarias, y, finalmente, se oyen ronquidos.
El padre ha caído, ya pueden hacer de las suyas. Alguien decide cagar y gastar todo el rollo de papel, pero eso sí, sin tirar de la cadena, para no despertarlo (¡qué considerados son en el fondo...!).
En pocos minutos, dado el déficit de silencio reinante y los problemas colindantes, se despierta el derrotado, y decide volver a poner orden, encontrándose a la pequeña, pintándose las uñas en mi cuarto de baño...
Les amenaza muy seriamente , para que no se muevan de las camas, bajo pena de muerte, y es entonces cuando la mediana, llena de amor y compasión, decide mearse en su cama y ropa, en un alarde de maldad inmejorable, por lo que los otros dos irrumpen de nuevo en el cuarto del progenitor para advertirle de aquel fatal hecho. Por una vez, la zafia criatura ha obedecido a su padre, y para no levantarse, se ha meado encima.
Bajan todos en manada, con quejas, gruñidos, alaridos, llantos y maldiciones. ¡Qué bien me estáis dejando descansar!( pienso para mis adentros).
Es entonces cuando me planteo, por quinta o sexta vez en el día, si merezco derrochar así lo poco que me queda de juventud, o si por el contrario debería huir con el primero que me llevase.
Meriendan y los saco a la calle.
Empieza la retahíla: queremos un chicle... y, mal hecho por mi parte, por no oirlos, porque me derrotan cada minuto del día con cada una de las cosas que hacemos, decido entrar a comprarles un chicle al estanco. Pero les advierto que un chicle sólo cada uno o nos vamos.
Entran corriendo al local como una manada de Ñús, y comienzan a coger chicles. Les recuerdo que uno y me mantengo, porque deben aprender a obedecer de una vez por todas.
No hay manera, les vuelvo a decir que uno , mientras el tendero ya me mira con cara de : ¡vete de aquí, zorra!, y entonces, el nene de los huevos, se queda con la cajonera entera de chicles en la mano, tirándolos todos al suelo....
Tras recogerlos, La mediana sigue con dos chicles en la mano, le pago al hombre los chicles, salgo por la puerta con los niños de los pelos, y tiro los chicles en la basura más cercana.
De nuevo llantos, aclamaciones de injusticia, la mediana se tira al suelo, los otros echan a correr, y una vez más pienso: ¡es buen momento para huir!, nadie se daría cuenta...
domingo, 2 de septiembre de 2012
Reincidente
De nuevo, cuando hoy creía que podría ver la tele tranquila, baja el nene, que no se puede dormir : "porque está pensando que los abuelos muertos van a bajar, y cuando esté toda la familia, un señor va a entrar a robarnos, y a mí me va a robar hasta las gafas ( bonito detalle por su parte, he pensado), y todos, borrachos, nos quedaremos sin nada".
Esta vez, encima, no ha bajado solo, sino con su fiel seguidora, la pequeña, que cuando le he preguntado: ¿y tu padre?, me ha contestado sin pensárselo : roncando. Digo yo entonces, ¿para qué se supone que se ha subido a dormirlos?.
Cuando les he dicho que se fueran a dormir, y que no pensara en nada, el niño ha comenzado con una retahíla de excusas, entre ellas: mamá, no puedo dejar de pensar, porque en mi cerebro caben muchas cosas.
He subido con ellos, he acostado a la pequeña, le he dado un beso, y tras parecer convencida de su destino, me he ido a la habitación del otro, para intentar tramitar su introducción en la cama definitivamente. Acariciándome el pelo, me ha dicho: ¡mami, tu pelo tiene aroma a chocolate!.
Menos mal que sé con toda seguridad, que el chaval no toma drogas, que si no...
La única que se ha dormido como una campeona, ha sido la mediana, que no siendo dócil, es una perla al lado de sus vecinos.
Ayer se le cayó su primer diente (bueno, eso no es del todo exacto, porque se lo arrancó mi madre), y esta mañana andaba tan contenta, porque el Ratoncito Pérez le había traído 5 euros, y podía empezar a ahorrar para irse a "París"(creo que esto también habrá que estudiarlo detenidamente).
Dos horas después, y tras ver conmigo a "La Supernanny" en la tele, lo he vuelto a acostar ( porque volvió a bajar, como podréis imaginar) , y tras cerrar la puerta, he visto que alguien la abría, y era él , por lo que mi paciencia se ha saturado y le he dicho que se acostara de una vez, apareciendo el padre con acidez, recibiendo mi acumulación de mala ostia, lo que no le ha mejorado del todo su malestar estomacal.
He pensado entonces, que ayer a estas horas, estaba cenando tan divinamente con unos amigos, después de una sesión de spa y masaje con aromaterapia, y que nadie nos dió el follón, salvo una Tuna compuesta por cuatro personas bastante añosas ( con enano y todo), que amenizó la cena ( hay que joderse), y una camarera de un bar, que a las 5 de la mañana se acercó a nuestra mesa, solicitando alguien que supiera hablar bien inglés, porque no sabía (no cuela ni de coña, aunque parecía bastante tonta), si unos señores de la barra querían una "dama de compañía" o preguntaban por alguien. Al mirar a la barra ví a tres señores viejos, gordos, feos y calvos que lo que querían con toda seguridad no era una señorita, sino una grandísima puta.
De todas formas, el compañero cubano (al que le sentó mal el último Matusalen y durmió en mi casa aquel día, para no ir vomitando todo el camino hacia la suya), tuvo la amabilidad de traducirle las intenciones de aquellos maravillosos caballeros: buscaban a Amanda, pero ella les servía igual. Le dejamos propina para que se comprara un sujetador, y nos fuimos.
Esta vez, encima, no ha bajado solo, sino con su fiel seguidora, la pequeña, que cuando le he preguntado: ¿y tu padre?, me ha contestado sin pensárselo : roncando. Digo yo entonces, ¿para qué se supone que se ha subido a dormirlos?.
Cuando les he dicho que se fueran a dormir, y que no pensara en nada, el niño ha comenzado con una retahíla de excusas, entre ellas: mamá, no puedo dejar de pensar, porque en mi cerebro caben muchas cosas.
He subido con ellos, he acostado a la pequeña, le he dado un beso, y tras parecer convencida de su destino, me he ido a la habitación del otro, para intentar tramitar su introducción en la cama definitivamente. Acariciándome el pelo, me ha dicho: ¡mami, tu pelo tiene aroma a chocolate!.
Menos mal que sé con toda seguridad, que el chaval no toma drogas, que si no...
La única que se ha dormido como una campeona, ha sido la mediana, que no siendo dócil, es una perla al lado de sus vecinos.
Ayer se le cayó su primer diente (bueno, eso no es del todo exacto, porque se lo arrancó mi madre), y esta mañana andaba tan contenta, porque el Ratoncito Pérez le había traído 5 euros, y podía empezar a ahorrar para irse a "París"(creo que esto también habrá que estudiarlo detenidamente).
Dos horas después, y tras ver conmigo a "La Supernanny" en la tele, lo he vuelto a acostar ( porque volvió a bajar, como podréis imaginar) , y tras cerrar la puerta, he visto que alguien la abría, y era él , por lo que mi paciencia se ha saturado y le he dicho que se acostara de una vez, apareciendo el padre con acidez, recibiendo mi acumulación de mala ostia, lo que no le ha mejorado del todo su malestar estomacal.
He pensado entonces, que ayer a estas horas, estaba cenando tan divinamente con unos amigos, después de una sesión de spa y masaje con aromaterapia, y que nadie nos dió el follón, salvo una Tuna compuesta por cuatro personas bastante añosas ( con enano y todo), que amenizó la cena ( hay que joderse), y una camarera de un bar, que a las 5 de la mañana se acercó a nuestra mesa, solicitando alguien que supiera hablar bien inglés, porque no sabía (no cuela ni de coña, aunque parecía bastante tonta), si unos señores de la barra querían una "dama de compañía" o preguntaban por alguien. Al mirar a la barra ví a tres señores viejos, gordos, feos y calvos que lo que querían con toda seguridad no era una señorita, sino una grandísima puta.
De todas formas, el compañero cubano (al que le sentó mal el último Matusalen y durmió en mi casa aquel día, para no ir vomitando todo el camino hacia la suya), tuvo la amabilidad de traducirle las intenciones de aquellos maravillosos caballeros: buscaban a Amanda, pero ella les servía igual. Le dejamos propina para que se comprara un sujetador, y nos fuimos.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)